Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/10/24 00:00

Justicia divina

Además de la consternación que causó la captura del concejal cristiano de Bogotá por participar supuestamente en la muerte de su esposa, lo más posible es que el juicio revele otras sorpresas conocidas por SEMANA.

Justicia divina

Laminada dentro de su billetera el concejal de Bogotá Vladimir Melo guarda una hermosa 'cartica' que su esposa, Alexandra Díaz Lezama, le escribió en un momento difícil. Acababan de dar los resultados de las elecciones de 1997 y su joven esposo no había sido elegido edil de Puente Aranda. En medio de la derrota, 'Aleja' tomó una hoja, y por lado y lado, le ratificó su amor y su confianza de que iba a ser un gran político.

Ella, que desde ese momento siempre lo acompañó en su ascendente carrera, no pudo ver a su esposo posesionarse el pasado 6 de agosto como uno de los 42 concejales de Bogotá por el Partido Cristiano de Transformación y Orden (Pacto). Ella fue asesinada de forma misteriosa en su casa, de un disparo en la cabeza, el viernes 17 de julio, y todos los indicios, según la Fiscalía y las autoridades que siguen el caso, apuntan a que su esposo sería el autor intelectual del crimen.

La noticia tiene sorprendidos a los bogotanos, pues los escándalos de sus concejales generalmente son por corrupción y no por un asesinato. Pero las autoridades indagan otros misterios que rodean a este hombre de 34 años, quien estudió ciencia política en la Universidad Nacional.

Al ser interrogado hace 15 días por SEMANA sobre el crimen de su esposa, Melo no pudo contener el llanto en varias oportunidades y confesó que a pesar de ser cristiano, se había declarado en "huelga con Dios. La fe se me fue al piso, porque no entiendo cómo permite que pasen esas cosas".

Pero mientras Dios se pronuncia, las autoridades están tratando de desentrañar todo lo ocurrido el viernes 17 de julio, un día antes de que Alejandra cumpliera 30 años. Su esposo la invitó a comer para celebrar. "Habíamos estado todo el día juntos y antes de anochecer, ella se adelantó a la casa para alistar las piyamas y todo lo necesario para dejar a sus hijos de 8 y 10 años en casa de la abuela". Al rato, Melo y sus hijos llegaron al apartamento, sacado de una división de una de las casas amplias de Ciudad Montes, al sur de la ciudad, para recoger a su mamá. "Nosotros teníamos un juego. Cuando alguno llegaba con los niños y el otro estaba en la casa, tocábamos el timbre. Los niños se escondían y al abrir la puerta, salíamos a buscarlos o ellos nos asustaban".

Tras timbrar insistentemente, Alejandra, quien trabajaba en la secretaría de Ambiente en el Centro de Flora y Fauna de Engativá, seguía sin abrir la puerta. "Al ver que no salía, abrí la puerta con mis llaves, entramos y los niños salieron al primer piso. La llamé y no me contestó, y yo, molesto, subí al segundo piso a buscarla. La encontré en el clóset, muerta, con un disparo en la cabeza", dijo Melo.

De inmediato, bajó las escaleras para evitar que los niños la vieran y los llevó donde el vecino. Le pidió el favor de cuidarlos, porque algo grave había pasado. El futuro concejal regresó, llamó a la Policía y en medio del dolor empezó a gritar: "Me la mataron, me la mataron...". Así se enteraron los dos niños de lo que había ocurrido a su mamá.

Según Melo, el asesino entró por una ventana para robar la casa. Alejandra se escondió en el clóset y al tratar de llamarlos o enviar un mensaje desde su celular, fue sorprendida y le dispararon. Otra versión es que Alejandra se encontró con el ladrón, quien al descubrirla, comenzó un forcejeo y le disparó. Los ladrones se habrían llevado 12 millones de pesos y otras cosas de valor.

Pero desde un principio las autoridades comenzaron a desconfiar de lo ocurrido. Primero, porque según fuentes policiales, Melo empezó a contradecirse en su versión. Lo otro, porque el asesinato con arma de fuego y con un solo disparo demuestra más el trabajo de un profesional que iba con la tarea de matarla que a robarla. Y tercero, por una versión que llegó a la Fiscalía pocos días después del sepelio, en el que Melo pronunció unas sentidas palabras sobre la vida, el amor, la familia y su esposa asesinada.

Según esa versión, los sicarios trataron de hacerle la 'doble vuelta' al concejal, pues trataron de extorsionarlo. Finalmente uno de los implicados le contó a la Fiscalía que el concejal Vladimir Melo los había contratado para asesinar a su mujer y atentar contra un compañero del cabildo municipal, al parecer su mentor político. Y para demostrar lo ocurrido, el sicario días después entregó la llave de la casa con la que habían entrado y esperado a la víctima para asesinarla. La misma versión fue contada a SEMANA por uno de los abogados de los sicarios.

Según el expediente, ese viernes 17 de julio Melo y sus hijos llegaron recién ocurrido el crimen y los asesinos tuvieron que buscar otra salida. Eso explicaría la demora del concejal en entrar a la casa y que uno de los hijos le haya dicho a la Policía que cuando estaba escondido vio que las cortinas de la casa se movieron y pensó que era su mamá. Y lo otro es que una vez Melo dejó a los hijos con el vecino, tras encontrar el cuerpo de su esposa, procedió a desordenar su residencia para fingir el robo, ya que los sicarios no tuvieron tiempo de hacerlo.

Pero la versión que narró Melo a SEMANA se contradice con las de otros testigos consultados. Ese día, Melo llamó a un asesor del pastor Guillermo Páez, quien estaba en Neiva en correría política. "Vladimir empezó a decirle que acababa de entrar a su casa y que al parecer los habían robado. Empezó a narrar lo que veía, el desorden, los 12 millones de pesos que tenía en el armario... al abrirlo le dijo: 'Aleja, Aleja, me la mataron, me la mataron hermano'", narró a esta revista un testigo presencial. Al enterarse de lo ocurrido, el concejal Páez llamó al oficial de Policía encargado de la seguridad del Concejo para que ayudaran a su pupilo político.

El viernes, el concejal se declaró inocente del asesinato de su esposa y advirtió que todo era un montaje de enemigos que quieren acabar con el Partido Cristiano de Transformación y Orden (Pacto), creado por el apóstol Gustavo Páez Merchán a través de firmas. El segundo renglón de la lista era Melo, quien llegó como miembro de la Iglesia Cruzada Cristiana Vida en Acción y líder juvenil. Aunque no salió electo, siguió haciendo política hasta cuando llegó en agosto al Concejo, cuando el apóstol Páez renunció para aspirar al Senado.

Lo extraño es que a pesar de ser su mentor y su imagen a seguir, las autoridades tienen testimonios de los sicarios en los que dicen que además de mandar a asesinar a su esposa, les encargó hacerle lo mismo al apóstol Páez, al parecer para encubrir el crimen. De hecho, todo el esquema de seguridad del apóstol y ex concejal fue modificado hace un mes por la Policía porque tenían información de que iban a atentar contra él.

Lo cierto es que Melo, quien fue contratista por cuatro años en TransMilenio, trabajó por la comunidad de Puente Aranda y tiene un pequeño ejército de jóvenes que lo apoyan, deberá aclarar muchas de las dudas que hay en su contra y si es cierto que lo hizo porque su esposa se dio cuenta de que le era infiel.

Según el expediente de la Fiscalía, Alejandra encontró en el celular de su esposo un video en el que estaba teniendo relaciones con otra mujer, al parecer cercana a la dirigencia de Pacto. Desde ese momento empezaron los problemas entre la pareja. Ella le pidió el divorcio y lo amenazó con contarle todo al pastor de la iglesia y al apóstol Páez. Melo se opuso, diciéndole que eso podía acabar su carrera política y su reputación dentro de las comunidad cristiana. Habría contactado entonces a alias el 'Guamo', quien tiene un taller de mecánica en San Andresito de San José, y éste habría contratado a sicarios a sueldo para asesinar a Alejandra. Uno de estos es Jonathan Fabián Melo Martínez, quien recibió cinco millones de pesos.

Aunque las audiencias de imputación de cargos seguían el viernes y el caso continuará asombrando a los bogotanos, lo más seguro es que solo Dios conozca las razones del corazón para cometer un crimen tan atroz.

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