Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2012/12/21 00:00

¡Justicia, al fin!

En las últimas semanas varios fallos les han devuelto a los colombianos una fe perdida en la justicia. Curiosamente cuatro de los más escabrosos y sonados homicidios de los últimos años se resolvieron casi de manera simultánea con penas que no bajan de 40 años de cárcel.

Javier Ceballos fue condenado a 45 años de prisión. En un centro comercial asesinó de 21 puñaladas a su esposa Vivian Paola Urrego.

El pasado 18 de diciembre juez de Bogotá condenó a 45 años y ocho meses de prisión a Javier Ceballos por el salvaje asesinato de su esposa Vivian Paola Urrego. El caso es recordado gracias a las imágenes de las cámaras de seguridad de un centro comercial que captaron el atroz hecho y que fueron difundidas en los noticieros en su momento. El asesinato ocurrió el 31 de marzo en la plazoleta de comidas del centro comercial Gran Estación, uno de los más grandes de la capital. Ese día Ceballos citó a su esposa quien semanas antes lo había abandonado junto a su pequeña hija de ocho meses debido a las repetidas golpizas que él le propinaba. La mujer llegó acompañada de su padre a esa cita y cuando este se alejó un momento de la mesa en donde estaban conversando, Ceballos le dio 28 puñaladas a la indefensa mujer ante la mirada de decenas de personas. Con el cuchillo en la mano y la camisa ensangrentada el hombre fue arrestado.

El mismo día que se anunció la pena contra Ceballos, una juez de la capital citó a una audiencia para dar a conocer la condena que le impuso a Javier Velasco, el asesino de Rosa Elvira Cely, un crimen que conmovió a todo el país. En la madrugada del 30 de mayo, un grupo de policías encontró moribunda a Rosa Elvira en un paraje del Parque Nacional. La mujer alcanzó a contarles a las autoridades que Velasco la había llevado a ese lugar en donde la golpeó salvajemente y abusó de ella. Aunque fue trasladada a una clínica murió dos días después a causa de las graves lesiones. El informe de medicina legal demostró posteriormente que la mujer había sido víctima de una sevicia sin precedentes, como lo afirmaron en su momento los médicos legistas. El 2 de junio Velasco fue capturado por la Policía y se conoció que había violado a por lo menos 20 mujeres más, entre ellas sus dos hijas menores de edad. El próximo 27 de diciembre la juez emitirá la condena contra él y será mínimo de 48 años de prisión.

El 12 de diciembre pasado un juez de Montería condenó a 38 años de prisión a Cristian Bravo, uno de los tres responsables por el asesinato de Mateo Matamala y Margarita Gómez, dos estudiantes de la Universidad de Los Andes, ocurrido cerca de San Bernardo del Viento el 10 de enero de 2011. Unos días antes Víctor Hinestroza, alias Blanquito, e Ingelberto Bolaños, alias Monito, dos cómplices de disparar a sangre fría a los jóvenes, habían sido condenados a esa misma pena por el doble homicidio.

Y a estos se suma la pena más alta impuesta hasta ahora, que se conoció el pasado 25 de septiembre, y recayó sobre el responsable de otro de los asesinatos más horripilantes en la historia reciente. Ese día un juez condenó a 60 años de cárcel al exteniente del Ejército Raúl Muñoz. El 14 de octubre de 2010 el militar secuestró cerca de Tame, Arauca, a una niña de 14 años a quien violó, torturó y asesinó. Muñoz también asesinó a los hermanos de la menor, de 9 y 6 años de edad, porque estos habían presenciado el crimen. El militar enterró los tres cuerpos en la manigua. Durante meses el Ejército respaldó al oficial y se intentó desviar la investigación. Sin embargo, las pruebas de la Fiscalía fueron irrefutables y no dejaron duda de su responsabilidad. En la historia penal del país solo otro asesino ha sido condenado a 60 años, Orlando Pelayo, quien en octubre de 2010 recibió esa pena por haber asesinado a su propio bebé de pocos meses de vida.

En un país tristemente acostumbrado a tener una justicia débil con condenas irrisorias, las penas impuestas a los asesinos de esos cuatro sonados casos son una muestra de que sí es posible que haya Justicia, rápida y eficaz, y un castigo ejemplar a los criminales.

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