Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/08/14 00:00

Justicia ‘made in USA’

Mientras James Hiett fue condenado a cinco meses,su conductor,de ser extraditado, recibiría cadena perpetua.

Justicia ‘made in USA’

La condena más baja por tráfico de drogas que se haya conocido en los últimos años la dictó la semana pasada un juez de un tribunal federal del estado de Nueva York. Sólo cinco meses de prisión fue el castigo para el coronel James Hiett, agregado militar de Estados Unidos en Colombia entre 1998 y 1999, precisamente el hombre clave para la lucha antinarcóticos. Confesó que su esposa, Laurie, había enviado drogas a su país y que él la había encubierto y ayudado a lavar los dólares producto del negocio. Mandaban las drogas por el sistema de correo privado al servicio de los funcionarios de la embajada.

Pero el coronel no fue el único que recibió una condena leve. Su esposa, Laurie Hiett, quien se entregó a las autoridades estadounidenses en agosto de 1999 y confesó haber traficado con drogas ilícitas por un valor superior a los 700.000 dólares, recibió tan sólo cinco años de cárcel. “Nunca imaginé el daño que les iba a hacer a mi familia y a mi esposo”, le dijo Laurie al juez que la condenó.

El coronel, después de conocer la sentencia contra su esposa, reconoció que él mismo se encargó de distribuir en varias cuentas bancarias cerca de 25.000 dólares.

El juez del caso también condenó a Hernán Arcila, residente en Nueva York, a cuya casa llegaron los paquetes remitidos por la señora Hiett. Pero Arcila, que no era funcionario de la embajada estadounidense y sí era colombiano, recibió cinco años de cárcel, una sanción 12 veces más drástica que la de Hiett.

El otro que está en la mira del juez norteamericano es el conductor colombiano de los Hiett, Jorge Alfonso Ayala. Según él, el conductor es la pieza clave en todo este asunto. La acusación señala que Ayala indujo al negocio a Laurie Hiett: le suministró la droga para que la enviara a su país. El conductor sostiene que trabajó cerca de 15 años en la embajada y fue siempre reconocido por su buen desempeño. Hoy está detenido en el pabellón de máxima seguridad de la cárcel La Picota en Bogotá a la espera de que la Corte Suprema de Justicia decida si le da el visto bueno a la solicitud de extradición del juez de Brooklyn. En la acusación se sostiene que su pena podría oscilar entre 10 años y cadena perpetua.

Ayala rechazó esta acusación y dijo haber sido engañado por los Hiett. Así lo ha declarado ante la Fiscalía colombiana y ante tres investigadores del Departamento de Defensa de Estados Unidos, quienes adelantan una investigación disciplinaria contra el ex agregado militar.

Durante el interrogatorio el conductor dijo a los investigadores que el coronel Hiett le pidió que colaborara con él para que su esposa no fuera a quedar enredada en ese asunto. También que la señora Hiett le había pedido el favor de negar que conocía a Arcila y que dijera “que le había ayudado a conseguir dos paquetes, uno en la zona rosa y otro detrás de la embajada”. Ayala admitió haber hecho lo que le pidieron por lealtad y reconoció que sí conocía de vieja data a Hernán Arcila. Fue él quien se lo presentó a la señora Hiett pero recalcó que desconoce si llegaron a tener algún negocio. “Para mí fue una sorpresa cuando llegué a la embajada y encontré a la señora Hiett y a Arcila desayunando en la cafetería”.

El ex conductor de los Hiett negó haber recogido paquetes o haberlos enviado por correo, servicio al cual no tenían acceso los funcionarios colombianos. Además explicó que “ningún carro puede entrar sin ser requisado y a los empleados colombianos no se nos permite entrar a las oficinas de los funcionarios norteamericanos” y que su jefe inmediato era el coronel James Hiett, el responsable de la oficina a través de la cual se enviaron los paquetes cargados de cocaína y heroína a Estados Unidos.

Los funcionarios del Departamento de Defensa esperan reforzar la investigación disciplinaria contra el coronel Hiett con el testimonio de Ayala. Este, como último recurso en defensa propia, decidió someter su testimonio en el caso Hiett a una verificación con detector de mentiras. Los resultados aún no se conocen. De ellos depende también el destino de Ayala. La justicia, ojalá menos influenciada por el color del pasaporte de los acusados, tiene la última palabra.

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