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| 6/12/2015 4:00:00 PM

“Tenemos plena confianza en que la Comisión de la Verdad sea de alta calidad”

Semana.com habló con Kathryn Sikkink, experta en Justicia Transicional de la Universidad de Harvard, encargada de realizar un informe sobre los cuatro años de implementación de la Ley de Víctimas en Colombia.

La Ley de Víctimas cumplió cuatro años esta semana, y varios académicos de la universidad de Harvard presentaron en la Casa de Nariño los resultados de un estudio realizado sobre la Unidad para las Víctimas.

En el documento afirmaron que el modelo colombiano es actualmente el proyecto de reparación más ambicioso y esperanzador del mundo. Aunque su implementación parece ir viento en popa, el reto es enorme y sus implicaciones para la reconciliación son cruciales. Por eso es tiempo de apropiarnos de este proceso y de entender en qué estamos.

SEMANA habló en exclusiva con Kathryn Sikkink, la experta en justicia transicional encargada de realizar el informe.
 
SEMANA: ¿En qué ha consistido su trabajo con la Unidad para las Víctimas?

Kathryn Sikkink: Hemos estado elaborando un informe basado en una encuesta de 3.000 personas divididas en tres grupos: población general, personas inscritas en los registros de víctimas que han recibido por lo menos una forma de reparación y personas inscritas que aún no han recibido reparaciones. Es un informe de más de cien páginas que ya fue presentado a la Unidad para las Víctimas. Luego habrá que traducirlo y revisarlo, pasarán unos dos o tres meses antes de poder hacer pública la información.
 
SEMANA: ¿Puede darnos un abrebocas del informe, algunos datos?

K. S.: En la encuesta se ve que, en general, la población colombiana piensa que las distintas formas de la justicia transicional se deben usar juntas. Hay un gran apoyo a la figura de la comisión de la verdad y al programa de reparaciones, y no sólo por parte de las víctimas sino también del resto de la población. 

SEMANA: Estos distintos mecanismos de justicia transicional, como los procesos de reparación y las comisiones de la verdad, ¿son complementarios o funcionan de manera independiente?

K. S.:
Es útil e importante usarlos juntos. La reparación tiene un gran valor para las víctimas en cuanto a reconocimiento, en cuanto a recursos también, pero el proceso de reparación no está destinado a descubrir y a decir la verdad. Por eso hay que tener también comisiones de la verdad. Y los juicios también tienen otro propósito: existen para eliminar la impunidad y pueden hasta prevenir los abusos futuros para tener alguna garantía de no repetición. Son procesos complementarios.
 
SEMANA: ¿Existen ciertos criterios internacionales para determinar quién va a poder registrarse como ‘víctima’, o cada país debe determinarlo en función de su situación particular?

K. S.: Hay criterios generales en cuanto al derecho a reparación, pero en cuanto a los detalles de cómo se debe armar un registro hay mucha innovación aquí en Colombia. Se comparó el caso de la reparación en Colombia con otros 45 casos en el mundo y vimos que los demás países no han llegado tan lejos. Se está avanzando de manera realmente vanguardista. Algunos países tienen listas de víctimas pero no tienen registros, y de los países que observamos sólo Perú tiene uno parecido al de Colombia. Acá tienen el registro más grande del mundo y en ese sentido es un logro en sí. 
 
SEMANA: ¿Tiene usted algún tipo de recomendaciones en cuanto a la Comisión de la Verdad? ¿Cuál debe ser el papel de las víctimas dentro de esta comisión?

K. S.: La calidad de las comisiones varía mucho y tenemos plena confianza en que la colombiana será de alta calidad. Hay indicadores de cómo debe ser una Comisión de la Verdad y uno de ellos es la participación y la consulta con las víctimas. En una comisión de alta calidad se toma el testimonio de las víctimas, se escribe un informe público, se guardan los archivos abiertos. La memoria no es solamente lo que se dice durante una comisión de la verdad, sino también lo que queda en los archivos públicos para que las víctimas puedan usarlos ulteriormente. Hay países en donde no se han hecho informes públicos. Hay casos también donde hay un informe, pero luego en la web el sitio con la información se cierra y todo desaparece. Es importante que se tome también testimonio a los posibles acusados, a los posibles victimarios.
 
SEMANA: ¿Entonces no es una evidencia que en una Comisión de la Verdad haya testimonios de los victimarios?

K. S.: Así debería ser, pero no es siempre el caso. Es recomendable que se tome testimonio de todos los actores del conflicto, especialmente para facilitar la reconciliación. Sin embargo, comisiones importantes como la argentina y la chilena fueron de alta calidad, pero por cuestiones políticas no fue posible tomarles testimonio a los victimarios. Hoy en día los informes de la comisión de la verdad en Argentina están entre los libros más vendidos del país y están siendo incluidos en los textos de colegio; los informes no se quedaron ahí sino que tienen una utilidad prolongada en el tiempo. En el caso de Sudáfrica se llegó a un acuerdo interesante: los victimarios podían presentarse frente a la Comisión de la Verdad y obtener amnistías, no era una obligación, pero sí un incentivo importante. Este modelo fue muy difundido pero también muy criticado, muchos victimarios no se presentaron y algunos no contaron la verdad y no fueron procesados.
 
SEMANA: ¿Cómo medir la satisfacción de las víctimas?

K. S.: El diseño de las encuestas es muy importante. No se puede preguntar solamente: “¿Está usted satisfecho?”, porque las víctimas son personas que han perdido a sus seres queridos y aunque la Unidad para las Víctimas esté haciendo mucho por reparar no se puede satisfacer del todo, no se puede hacer reaparecer a sus muertos. Hay que preguntar, por ejemplo: ‘¿Hay utilidad en los procesos de reparación?’. Es posible que la respuesta sea ‘no estoy satisfecho’, pero que se reconozca la utilidad de los procesos, y esta utilidad es fundamental tanto para las víctimas como para la sociedad en cuanto a la reconciliación, en cuanto a la paz. Se puede interrogar también sobre las emociones frente al proceso de reparación: las víctimas sienten tristeza, pero también alegría, bienestar, desesperación… Todo esto es importante.
 
SEMANA: ¿Cuál es el papel de la sociedad civil dentro de los procesos de reparación y de reconciliación? ¿Qué tan indiferente es nuestra sociedad?

K. S.: ¿Comparándola con qué? Comparándola con un ideal tal vez, pero en comparación con otros países yo diría que aquí la sociedad civil es bastante activa y está realmente muy motivada por temas de derechos humanos y de construcción de paz. Y no solamente la sociedad civil organizada en grupos, sino también el público: en las encuestas se ve un gran apoyo al proceso de paz, cosa que se vio también en las elecciones recientes. Yo no veo que los colombianos estén callados, indiferentes.
 
SEMANA: En este país, donde hay unas desigualdades sociales tan fuertes, en donde no hay una sola Colombia sino varias y las realidades pueden ser diametralmente opuestas, hay un cierto recelo frente al momento del retorno de poblaciones desplazadas y a la idea de la reinserción. ¿Qué opina usted desde su experiencia internacional?

K. S.: Yo diría solamente que comparado con otros casos como los de Uruguay, Argentina, tal vez algo de Chile, Guatemala, veo aquí un gran nivel de conciencia y de compromiso y no sólo entre la sociedad civil sino también entre los funcionarios públicos, lo que es fundamental.
 
SEMANA: ¿Cómo se puede evitar que aparezcan procesos de revictimización, evitar que sea un círculo vicioso?

K. S.: Primero con la firma de un acuerdo porque es necesario parar la violencia. Segundo, con la implementación de servicios psicosociales para las víctimas, pues son personas que han sido traumatizadas y necesitan no sólo indemnizaciones, sino servicios de salud. Estos servicios pueden ser individuales o grupales, en otros países donde no hay recursos se han hecho cosas importantes trabajando de manera colectiva con grupos de víctimas.
 
SEMANA: ¿Qué se está haciendo en Colombia en cuanto a las reparaciones colectivas?

K. S.: Se está avanzando en cuanto a la formulación de planes de reparación. La Unidad para las Víctimas va a las comunidades y primero hay que establecer confianza en el Gobierno, en el Estado, para luego trabajar en la formulación de planes concretos de reparaciones colectivas. Un ejemplo sería una medida que se llama “entrelazando”, donde se trabaja sobre la reconstrucción del tejido social.

SEMANA: ¿Cuáles serían sus recomendaciones para la creación de un tribunal de justicia transicional?

K. S.: Cada país debe encontrar su propio modelo teniendo en cuenta las particularidades locales y teniendo siempre presentes a las víctimas. Pero puedo afirmar que Colombia va por buen camino, pues tiene muchos elementos positivos. Tiene el programa de reparaciones más grande del mundo, se va a implementar una nueva comisión de la verdad y confiamos en que será de alta calidad, ya ha habido juicios importantes contra paramilitares y hay esfuerzos reales en trabajos de memoria, lo que es fundamental.
 
SEMANA: ¿Cómo ve el proceso de paz?

K. S.: Yo tengo las mismas esperanzas que tiene el pueblo en Colombia, pero también el pueblo en todas partes del mundo. Todos estamos mirando el proceso de paz en Colombia con muchas esperanzas. Para los que estudiamos a América Latina es importantísimo: es la última guerra interna en el continente y es uno de los conflictos más viejos del mundo. No pretendo ser experta pero si hay un acuerdo de paz, va a ser una celebración no sólo en Colombia sino en todas partes del mundo.
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