Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/12/11 00:00

Killing Pablo

Por primera vez se revela la participación secreta de los gringos en la muerte de Escobar. Documento exclusivo de SEMANA.

Killing Pablo

Despues de dos años de investigación, que lo llevaron a visitar varias veces a Colombia, el periodista estrella de investigación Mark Bowden, del diario The Philadelphia Inquirer, escribió Killing Pablo, un libro en el que revela cómo el gobierno de Estados Unidos lanzó una gran ofensiva para lograr la muerte de Pablo Escobar. En una acción sin precedentes intervinieron en la campaña unidades del Ejército y la Marina, la CIA, la DEA, el FBI y la Agencia de Seguridad Nacional. El trabajo revela que muchos de esos agentes secretos sabían del apoyo del grupo de Los Pepes a las autoridades colombianas en la búsqueda de Escobar. SEMANA obtuvo en exclusiva para Colombia la primera entrega de este documento, que será publicado simultáneamente por el Philadelphia Inquirer y por una versión televisiva en la cadena CNN.

Hace ocho años, por solicitud del gobierno colombiano, unidades militares y de espionaje de los Estados Unidos ayudaron a financiar y a guiar una gigantesca cacería humana que concluyó con la muerte de Pablo Escobar, el traficante de cocaína más acaudalado del mundo.

En tanto que describían la campaña contra Escobar como una operación esencialmente colombiana los Estados Unidos gastaron en ella millones de dólares y asignaron a la operación soldados de élite, agentes de la ley y la unidad militar de escucha e intercepción de comunicaciones más moderna y desarrollada del ejército norteamericano.

Las dimensiones completas del papel jugado por los Estados Unidos no habían sido publicadas antes. Detalles de la operación, que duró 15 meses, que se inició durante el gobierno de George Bush y se prolongó hasta el mandato del presidente Clinton, son revelados en una serie de reportajes investigados y escritos por Mark Bowder, los cuales aparecerán en The Philadelphia Inquirer a partir del 12 de noviembre.

Una investigación de dos años llevada a cabo por The Inquirer ha encontrado lo siguiente:

• La unidad antiterrorista ultrasecreta Delta Force, del Ejército de los Estados Unidos, en conjunto con el grupo Navy Seal de la Marina y un escuadrón clandestino de vigilancia electrónica del ejército norteamericano detectaron los movimientos de Escobar y de sus socios y ayudaron a planear redadas que realizó una unidad especial de la Policía colombiana denominada Bloque de Búsqueda. El ex embajador norteamericano en Colombia dirigió las acciones de su país con el apoyo de agentes de la CIA, el FBI, la DEA y la Agencia Nacional de Seguridad.

• En el transcurso de la operación el Bloque de Búsqueda comenzó a colaborar con civiles armados, quienes asesinaron socios y parientes de Escobar. Soldados y agentes de los Estados Unidos dijeron que habían sido testigos de dicha cooperación. Los Estados Unidos siguieron suministrándole al Bloque de Búsqueda inteligencia, entrenamiento y planeación, inclusive a pesar de que los asesinatos continuaron.

• En noviembre de 1993 funcionarios del Pentágono trataron de ponerle fin a la participación de su país en la cacería humana. Se encontraban preocupados porque las fuerzas norteamericanas en Colombia estuvieran actuando más allá de sus instrucciones y posiblemente violando una directiva presidencial que prohíbe la participación estadounidense en asesinatos de ciudadanos extranjeros. La campaña para retirar al personal norteamericano fue detenida por un esfuerzo liderado por el embajador de ese país en Bogotá. Cinco semanas más tarde Escobar cayó abatido por la Policía colombiana.

• Los informes oficiales de la época decían que Escobar había sido dado de baja durante un tiroteo sobre un tejado en la ciudad de Medellín. Los informes de la autopsia y las fotos revelan que fue muerto de un balazo disparado directamente en el oído. Un oficial de alto rango de la Policía Nacional de Colombia dijo que Escobar fue ejecutado por un miembro del Bloque de Búsqueda luego de haber sido herido. El gobierno colombiano había dicho anteriormente que su objetivo era el de arrestar a Escobar, un criminal cuya culpabilidad había sido dictaminada por la justicia. La misión de localizar a Escobar deshizo a Colombia de una violenta amenaza que hacía peligrar la estabilidad del Estado. Escobar había aterrorizado dicho país desde 1984, asesinando jueces, agentes de la Policía, periodistas y políticos. Buena parte de esa violencia tenía por objetivo presionar al gobierno colombiano para que prohibiera la extradición de narcotraficantes a los Estados Unidos. Se consideraba que Escobar había ordenado los asesinatos de tres de los cinco candidatos a la Presidencia de Colombia en 1989.

Sin embargo la eliminación de Escobar no afectó en nada los despachos de cocaína a los Estados Unidos; de hecho, involuntariamente contribuyó a la formación de supercarteles surgidos de las alianzas entre grupos guerrilleros, cultivadores, paramilitares y traficantes que actualmente amenazan al gobierno de Colombia. Dichas alianzas constituyen uno de los blancos de la ayuda antinarcóticos por valor de 1.300 millones de dólares que los Estados Unidos le aprobaron a Colombia este año. La ayuda incluye el envío de 300 soldados norteamericanos para el entrenamiento de fuerzas de seguridad colombianas.

La participación norteamericana en la cacería contra Escobar comenzó en 1989 cuando el presidente Bush autorizó un esfuerzo militar secreto para ayudarle a Colombia a localizar a los jefes del cartel de la cocaína de Medellín. El nombre en clave de la operación era Heavy Shadow (Sombra Pesada).

Centra Spike, una unidad ultrasecreta especializada en la detección de personas mediante el rastreo de las comunicaciones telefónicas y radiales, fue enviada secretamente a Colombia en agosto de ese año.

El refinado sistema de vigilancia ayudó a perseguir a Escobar, obligándolo a ocultarse y a llevar una vida de prófugo. El capo se rindió a las autoridades colombianas en 1991 luego de negociar un trato que le permitió vivir con sus colaboradores más cercanos en una cómoda prisión construida para él en su localidad de residencia usual de Envigado, cerca de Medellín.

Escobar huyó de la prisión en julio de 1992 cuando las autoridades colombianas trataron de trasladarlo a una verdadera cárcel. Luego de su fuga, el presidente colombiano César Gaviria le solicitó a los Estados Unidos la ampliación de la ayuda. El presidente Bush autorizó el despliegue clandestino de Delta Force y de personal norteamericano adicional, así como el multimillonario esfuerzo que continuó durante la administración Clinton hasta la muerte de Escobar.

Las declaraciones públicas realizadas por funcionarios norteamericanos durante la cacería humana reconocían que había fuerzas norteamericanas participando en el entrenamiento de los integrantes del Bloque de Búsqueda colombiano. Sin embargo la participación norteamericana en el esfuerzo emprendido tuvo un alcance mucho mayor.

Participantes en el proceso dijeron que las contribuciones secretas de los Estados Unidos totalizaron cientos de millones de dólares en equipos, personal y efectivo. En ese momento, con todas estas entidades reunidas bajo el mando del embajador Morris D. Busby y el jefe de estación Bill Wagner, Bogotá se convirtió en la estación de la CIA más grande del mundo.

La cacería de Escobar sufrió un giro muy negativo en febrero de 1993 cuando un grupo de civiles armados que se autodenominaban Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) se embarcó en una campaña de asesinatos y atentados con bombas.

Los Pepes quemaron las mansiones de Escobar y sus carros de lujo y comenzaron a asesinar metódicamente a abogados, banqueros, lavadores de dinero, sicarios y parientes que le ayudaban al capo a mantener su imperio de la cocaína. Con sus acciones Los Pepes realizaron una contribución clave al desmantelar la infraestructura de la organización de Escobar, dejándolo aislado y temeroso por la suerte de su familia.

En sus comunicados Los Pepes dijeron que eran parientes de personas asesinadas o aterrorizadas por Escobar. Estos civiles armados le colgaron al cuello a una de sus víctimas un letrero que decía: “Por trabajar con el narcoterrorista y asesino de niños Pablo Escobar. Por Colombia. Los Pepes”.

Los métodos del Bloque de Búsqueda no fueron menos brutales. Tantas de las personas que debía arrestar resultaron muertas que funcionarios norteamericanos acabaron por interpretar la frase “muerto en un tiroteo” como un eufemismo de ejecución sumaria.

Busby, quien entonces era el embajador norteamericano, y el general colombiano Hugo Martínez, comandante del Bloque de Búsqueda, niegan ambos que la cacería de Escobar estuviera manchada por la cooperación con Los Pepes, quienes en su época de mayor actividad estaban asesinando hasta cinco personas al día. Se estima que dicho grupo asesinó a cerca de 300 personas. No se ha abierto nunca ninguna acusación formal por esas muertes. Martínez dijo en entrevistas que él y sus hombres no tenían ningún vínculo con Los Pepes, a quienes calificó de “estorbo”.

“Para nosotros representaban más bien un problema que una ayuda”, dijo Martínez, quien ha sobrevivido a numerosos atentados contra su vida y contra su familia. Dijo que rechazó un soborno de seis millones de dólares que le ofreció Escobar por suspender la cacería.

Busby dijo que le habían hablado de evidencia de que el Bloque de Búsqueda y Los Pepes estaban trabajando juntos pero que nunca encontró convincentes esas afirmaciones. Dijo también que si en algún momento hubiera creído que ambos grupos tenían nexos entre ellos hubiera detenido de inmediato las operaciones. “Hubiéramos retirado todo el personal del país. Yo le comuniqué eso directamente al Presidente de Colombia”. La evidencia que Busby había visto se encontraba detallada en un telegrama que él escribió el primero de agosto de 1993. En él, el embajador decía que el Fiscal General de Colombia le había dicho que tenía pruebas muy sólidas acerca de una relación entre ambos grupos. Busby también decía que los informes de los norteamericanos sugerían la existencia de un vínculo. Diferentes telegramas procedentes de la embajada observaban la relación entre el Bloque de Búsqueda y un jefe de Los Pepes.

En una entrevista Busby dijo que no había visto los telegramas de la DEA y que ni los agentes de la DEA ni los operarios de Delta Force le habían informado nunca acerca de las interacciones que ellos habían presenciado entre miembros del Bloque de Búsqueda y Los Pepes.

Dijo que aún no cree que el Bloque de Búsqueda y Los Pepes estuvieran vinculados.

En una serie de entrevistas el ex presidente Gaviria, quien actualmente se desempeña como Secretario General de la Organización de Estados Americanos, dijo que él sospechaba de nexos entre los generales de la Policía de su gobierno y Los Pepes.

“Yo estaba muy preocupado de que hubiera una relación”, dijo Gaviria. “Yo me pronuncié en contra de Los Pepes desde un comienzo pero temía que existiese una relación con la Policía. Pienso que la Policía sintió que estaba muy cerca de atrapar a Escobar y tal vez pudieron haber procedido en función de ello”.

El fiscal general de Colombia, Gustavo de Greiff, tenía más que sospechas. Durante el verano de 1993 les dijo a funcionarios de los Estados Unidos en Bogotá que disponía de evidencia sólida de que Martínez y varios otros oficiales de alto rango del Bloque de Búsqueda estaban trabajando con Los Pepes. Dijo que las pruebas eran suficientes para acusarlos de soborno, narcotráfico, tortura, secuestro y, posiblemente, asesinato.

Busby transmitió dicha información a Washington en su telegrama secreto del primero de agosto de 1993. El embajador expresó dudas acerca de las fuentes de información de De Greiff. “Muchas de las afirmaciones, escribió, fueron hechas por antiguos sicarios de Escobar que trataban de desacreditar al Bloque de Búsqueda”.

No obstante Busby dijo que había instado a De Greiff y al Ministro de Defensa colombiano a que retiraran de la operación a Martínez y a los demás oficiales y que había amenazado con retirar las tropas norteamericanas si no lo hacían así. Busby dijo que deseaba eliminar cualquier mancha del esfuerzo realizado contra Escobar.

El jefe de la DEA en Bogotá, Joe Toft, estaba dando consejos en sentido contrario. En un telegrama escrito dos días después que el de Busby, Toft dijo que había instado a los funcionarios colombianos para que mantuvieran a Martínez en su puesto. El mensaje dice en un apartado: “El BCO (Bogotá Country Office), es decir la Embajada de Estados Unidos, sigue apoyando al coronel Martínez y a sus subalternos”.

Martínez permaneció como comandante del Bloque de Búsqueda. Ni él ni ningún otro miembro de dicha unidad han sido nunca encausados ante los tribunales.

El coronel de la Policía colombiana Oscar Naranjo, quien era en ese entonces jefe de Inteligencia de la Policía Nacional y actualmente se desempeña como jefe de análisis del Ministerio de Defensa, dijo en una entrevista que Los Pepes habían trabajado estrechamente con el Bloque de Búsqueda.

“La intervención de Los Pepes constituyó una opción desesperada luego de toda la violencia que Pablo Escobar había generado en Medellín”, dijo Naranjo. Antiguos socios de Escobar se reunieron para ofrecerle sus servicios al gobierno. Para los funcionarios de alto rango de la Policía y del gobierno la relación de dichos civiles con el Bloque de Búsqueda se mantuvo deliberadamente en la sombra pero la gente celebraba las acciones de Los Pepes a todos los niveles del gobierno. Tanto Los Pepes como el Bloque de Búsqueda actuaban con base en información obtenida por la embajada Americana y el Ejército y la Policía colombianos.

El telegrama de Toft fechado el 3 de agosto decía lo siguiente: “A estas alturas, según De Greiff, los oficiales de la Policía estaban ya probablemente demasiado involucrados con Los Pepes como para retirarse. El testimonio de los testigos indica que no solamente había algunos miembros del Bloque de Búsqueda llevando a cabo operaciones conjuntas con Los Pepes; sino que además la jefatura de Los Pepes era la que estaba dando las órdenes, más bien que la Policía”.

Existe otra evidencia de la cooperación entre el Bloque de Búsqueda y Los Pepes.

Fidel Castaño, un jefe paramilitar colombiano de carácter pintoresco a la par que cruel conocido como ‘Rambo’, quien en una época le ayudó a Escobar a despachar cocaína y que murió en 1994 combatiendo a la guerrilla marxista, reconoció públicamente ante reporteros antes de su muerte que él era miembro fundador de Los Pepes. El y sus hermanos se convirtieron en adversarios del capo de la droga luego de que él asesinara a los socios de ellos.

En un despacho dirigido al cuartel general de la DEA el 22 de febrero de 1993 el agente de la DEA en Bogotá Javier Peña identificó a Castaño como un individuo cooperador que otrora había sido un socio de confianza de Pablo Escobar. Peña observó que Castaño contaba con valiosas conexiones con el bajo mundo colombiano de la droga. El telegrama proseguía detallando una reciente incursión del Bloque de Búsqueda contra un posible escondite de Escobar y que había sido dirigida por Castaño.

La conexión de Castaño con el Bloque de Búsqueda también fue registrada en otro memorando de la DEA escrito en septiembre de 1993 por el agente Steve Murphy.

Un piloto colombiano, que también había sido narcotraficante, quien pidió ser solamente identificado como Rubin, dijo que estuvo vinculado con el escuadrón de la muerte pero negó haber sido un miembro del mismo.

Rubin dijo que uno de los jefes de Los Pepes, un hombre que identificó solamente como Bernardo o Don Berna, había trabajado para dos capos de la droga de Medellín que habían sido asesinados por Escobar. Dos agentes de la DEA dijeron que ellos estaban acostumbrados a ver a Don Bernardo ya que él vivía junto con otros miembros del grupo en una casa que quedaba justo al pie de la entrada al cuartel general del Bloque de Búsqueda en Medellín. Dijeron que habían presenciado sus relaciones constantes con los comandantes del Bloque de Búsqueda.

Toft, quien renunció a la jefatura de la DEA en Bogotá meses después de la muerte de Escobar para protestar por los crecientes vínculos entre los narcotraficantes y el gobierno colombiano, dijo que todo el esfuerzo dirigido a atrapar a Escobar había quedado manchado por la asociación con elementos criminales. “El día de la muerte de Escobar hubo muchas celebraciones en Bogotá, dijo Toft. Yo asistí a esas fiestas. Todo el mundo estaba tomando champaña y dándose mutuamente palmadas en la espalda, y durante todo ese tiempo yo tenía un nudo en el estómago. Estaba contento porque hubiéramos eliminado a Escobar pero ¿a qué precio? Eso disipaba buena parte de la alegría”.

A medida que se intensificó la persecución en 1993 dos funcionarios de alto nivel del Pentágono comenzaron a manifestar preocupación porque se estuviera ante potenciales violaciones de la directiva presidencial 12333, que surgió durante la administración Nixon luego de que audiencias en el Congreso revelaran excesos cometidos en la comunidad norteamericana de inteligencia. La directiva había sido actualizada durante los gobiernos de los presidentes Carter y Reagan.

La directiva dice: “Ninguna persona empleada por el gobierno de los Estados Unidos o que actúe en su nombre deberá perpetrar, ni conspirar para perpetrar asesinato”. Y añade: “Ninguna agencia de la comunidad de inteligencia participará en, ni le solicitará a nadie que realice actividades prohibidas por la presente directiva”.

Sus inquietudes acerca de potenciales violaciones a la directiva impulsaron al teniente general Jack Sheehan, de las oficinas del Comando Conjunto, a recomendar el retiro de todas las fuerzas norteamericanas en Colombia en noviembre de 1993, pocas semanas antes de que fuera muerto Escobar. En esa época Sheehan era el encargado de todas las operaciones militares norteamericanas en el mundo.

Sheehan dijo que había efectuado la recomendación luego de que dos analistas de la CIA le informaran en el Pentágono acerca de sospechas de vinculaciones entre el Bloque de Búsqueda, Los Pepes y las fuerzas norteamericanas en Colombia.

Según manifestó Sheehan, los analistas observaron que las tácticas utilizadas por Los Pepes eran similares a aquellas que Delta Force le estaba enseñando al Bloque de Búsqueda; que la inteligencia recabada por las fuerzas norteamericanas estaba siendo compartida con los escuadrones de la muerte y que algunos operadores de Delta Force estaban transgrediendo sus órdenes de despliegue al acompañar a miembros del Bloque de Búsqueda en redadas.

La recomendación de Sheehan fue apoyada por Brian Sheridan, ayudante del asistente del secretario de Defensa para el combate contra el narcotráfico. Según otros asistentes a la reunión de información de la CIA, Sheridan manifestó preocupación acerca del potencial perjuicio político que existía para el presidente Clinton.

Cuando supo de la recomendación de Sheridan, Busby se enojó. Dijo que había utilizado su influencia en Washington para mantener las tropas en Colombia. De acuerdo con Sheehan, el embajador telefoneó a la Casa Blanca desde Bogotá y obtuvo apoyo del Consejo Nacional de Seguridad. El resultado fue la expedición de una nueva recomendación, por parte del general George Joulwon, comandante en jefe del Comando Sur del Ejército, en el sentido de que Heavy Shadow fuera retirada de Colombia, pero no antes del final de noviembre. Los operadores de Delta fueron retirados oficialmente algunos días antes de la muerte de Escobar y reemplazados por hombres de una fuerza especial normal.

“Todos se opusieron en conjunto a que sacáramos a nuestros muchachos de allí, dijo Sheehan. Yo pensaba que esta cosa había traspasado ampliamente la orden inicial de despliegue y no me gustaba para nada su aspecto”. Para Busby y los otros era un asunto del estilo de que el fin justifica los medios. “Yo me opuse, al igual que cualquier otro que tome con seriedad la importancia del control civil sobre lo militar”.

Busby dijo que creía que los analistas de la CIA que le habían hecho el reporte a Sheehan habían sido mal informados acerca de la seriedad de la evidencia que ligaba al Bloque de Búsqueda con Los Pepes.

“Le habíamos hecho promesas al presidente Gaviria que yo me sentía obligado a cumplir, dijo Busby. Yo no estaba dispuesto a abandonarlo a última hora. Era demasiado importante tanto para él como para nosotros. Francamente, también estaba enojado de que no se me hubiera consultado”.

Cuando Los Pepes aparecieron a la luz pública en 1993 Clinton acababa de acceder a la Presidencia. No existe ninguna indicación de que las sospechas de la participación norteamericana con Los Pepes haya llegado a sus oídos. La muerte de Escobar marcó el fin de la disputa acerca de los vínculos con civiles armados.

Un alto funcionario del Pentágono dijo acerca de la persecución: “No cabe duda de que las cosas se pusieron muy feas allá. Pablo Escobar era como un hombre parado en la cima de una montaña que estaba conformada por cada uno de los miembros de su familia, sus socios, amigos y admiradores que había adquirido en el curso de 40 años. En última instancia, la única manera de alcanzarlo consistió en derribar la montaña, persona por persona, hasta que Pablo no pudo encontrar más refugio”.

Un ex oficial del Ejército norteamericano que participó en la cacería catalogó como “muy importante” el efecto logrado mediante la participación de Los Pepes. “Eran sorprendentes, dijo. No me cabía duda alguna de que estuvieran actuando con base en la información que nosotros obteníamos. Eso le dificultó a él cada vez más el ocultarse. A medida que era asesinada más y más gente, él fue quedando aterrorizado por la suerte de su familia. A fin de cuentas eso fue lo que nos permitió encontrarlo”.

Meses después de la muerte de Escobar, Toft, el ex jefe de la DEA en Colombia, entregó al dominio público cintas grabadas que mostraban que los narcotraficantes de Cali habían participado en la financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper, sucesor de Gaviria. Toft dijo que creía que la cacería de Escobar en realidad había contribuido a crear las alianzas que actualmente corrompen al país.

Gaviria dijo que desde su punto de vista la batalla contra Pablo Escobar nunca estuvo primordialmente dirigida a detener el tráfico de drogas.

“El se había convertido en un problema serio por lo violento que era. Constituía una amenaza para el Estado. El nivel de terrorismo con el que teníamos que convivir era algo espantoso”, afirmó Gaviria.

Busby, quien se encuentra retirado del Departamento de Estado y trabaja actualmente como consultor, describió la prolongada persecución de Escobar como un proceso altamente secreto, pero también exitoso y satisfactorio.

“Ocurrieron muchas cosas de las cuales nadie jamás va a hablar, dijo Busby. Nadie ha hablado en realidad mucho acerca de esto. Yo diré que en el curso de mi larga experiencia nunca había visto tantas agencias diferentes de los Estados Unidos, tanto militares como civiles, trabajando conjuntamente con tanto profesionalismo y eficiencia. Realmente estoy muy orgulloso de ello, y déjeme decirle que por esa época no me hubiera gustado para nada estar en los zapatos de Pablo Escobar”.

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