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| 11/7/1988 12:00:00 AM

KRUSCHEV, EL ICONOCLASTA

Antes del Glasnost y la Perestroika de Gorbachov, Nikita puso su cuota, arremetiendo contra Stalin.

KRUSCHEV, EL ICONOCLASTA KRUSCHEV, EL ICONOCLASTA
En estos tiempos en que la Perestroika (reestructuración) y el Glasnost (transparencia) rigen los destinos de la Unión Sovietica, y se revisan conceptos que se con sideraron intocables incluido el culto a la personalidad de lideres muertos, muchos olvidan que hubo intentos previos. El más importante se produjo en la época de Nikita Kruschev, quien gobernó los destinos de la segunda potencia mundial entre 1955 y 1964.
Por considerarlo de interés para sus lectores, SEMANA reproduce apartes de un documento desconocido en Colombia, el Informe Secreto de Khruschev ante el XX Congreso del Partido Comunista, en el cual el entonces secretario General del PCUS arremete contra Stalin.

N. Kruschev INFORME SECRETO
¡Camaradas! En el informe del Comité Central del Partido ante el XX Congreso, en numerosos discursos de delegados al Congreso, y también anteriormente durante las sesiones plenarias del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, se ha dicho bastante acerca del culto del individuo y sus perniciosas consecuencias.

Después de la muerte de Stalin, el Comité Central del Partido comenzó a desarrollar una política destinada a explicar, concisa e insistentemente, que no es posible permitir, y que es además ajeno al espíritu del marxismo-leninismo, ensalzar a una persona, transformarla en un superhombre poseedor de características sobrehumanas similares a las de un dios. Un hombre así habría de saberlo todo, verlo todo, pensar por todos, capaz de hacerlo todo y ser infalible en su conducta.

Creencia tal acerca de un hombre, y especificamente acerca de Stalin, fue cultivada entre nosotros durante muchos años.

El objeto de este informe no es la evaluación exhaustiva de la vida y las actividades de Stalin. Con respecto a los méritos de Stalin se han escrito en gran abundancia libros, folletos y estudios en vida de él mismo. El papel de Stalin en la preparación y ejecución de la revolución socialista, en la Guerra Civil y en la lucha para la construcción del socialismo en nuestro país es conocido universalmente. Es un asunto que todos conocen muy bien.

Al presente, estamos empeñados en una cuestión que tiene importancia inmensa para el partido, ahora y para el futuro: de cómo el culto de la persona de Stalin ha ido creciendo gradualmente, culto que en cierta etapa específica se trocó en fuente de toda una serie de perversiones sumamente serias y graves de los principios partidarios, de la democracia partidaria y de la legalidad revolucionaria.

DENUNCIA EL CULTO AL INDIVIDUO
En virtud de que no todos comprenden plenamente las consecuencias prácticas resultantes del culto del individuo, del gran perjuicio causado por la violación de los principios de la dirección colectiva del Partido y en virtud de la acumulación de un poder inmenso y sin límites en manos de una sola persona, el Comité Central del Partido considera absolutamente necesario poner al alcance del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética el material relativo a este asunto.

Permitaseme, en primer término, recordar a ustedes cuán severamente los clásicos del marxismo-leninismo denunciaron toda manifestación del culto del individuo. En una carta al militante político alemán Wilhelm Bloss, Marx decia: "Debido a mi antipatía por todo culto del individuo, yo nunca hive públicas durante el transcurso de la (Primera) Internacional las numerosas comunicaciones procedentes de diversos países en que se reconocian mis méritos, y que me molestaban. Ni siquiera las contesté, salvo en algunas ocasiones en que lo hice para reprochar a sus autores.

Engels y yo adherimos en primer término a la sociedad secreta de los comunistas bajo la condición de que todo cuanto tendiera al culto supersticioso de la autoridad se borrara de los estatutos. Lassalle (Fernando Lassalle, socialista alemán) hizo luego todo lo contrario".

Algún tiempo después escribia Engels: "Tanto Marx como yo hemos sido siempre contrarios a toda manifestación pública con respecto a los individuos, con excepción de los casos en que ello tenía unafinalidad importante; y nosotros nos hemos opuesto con extremafirmeza a aquellas manifestaciones que nos concernieran personalmente estando en vida nosotros".

STALIN CARACTERIZADO POR LENIN
Temiendo por la suerte futura del Partido y de la náción soviética, V. I.
Lenin hizo una caracterización absolutamente correcta de Stalin, señalando la necesidad de considerar la cuestión de transferir a Stalin desde el cargo de secretario general debido al hecho de que Stalin era excesivamente rudo, que no guardaba la actitud debida hacia sus camaradas, que era caprichoso y abusaba de su poder.

En diciembre de 1922, en una carta al Congreso del Partido, Vladimir Ilich escribió: "Después de haberse hecho cargo de la Secretaria General, el camarada Stalin acumuló en sus manos un poder inmenso y no estoy seguro de que hará uso de este poder con la discreción requerida".

Esta carta, documento político de importancia tremenda, conocido en la historia del Partido como el "testamento de Lenin", fue distribuida entre los delegados al XX Congreso del Partido. Ustedes la han leido, y volverán a leerla sin duda más de una vez. Acaso reflexionen en las francas palabras de Lenin, donde se pone de manifiesto su inquietud respecto del pueblo, el Partido, el Estado y la futura dirección politica partidaria.

Vladimir Ilich decía: "Stalin es excesivamente rudo, y este defecto, que puede ser tolerado libremente entre nosotros y en las relaciones entre nosotros comunistas, se trueca en defecto imposible de tolerar en una persona que detenta el cargo de secretario general. En virtud de esto, propongo que los camaradas consideren el medio por el cual Stalin sea removido de su cargo y sea elegido otro hombre para el mismo; un hombre que por encima de todo, difiera de Stalin en una cualidad, a saber: más tolerancia más lealtad, más bondad y una actitud más considerada hacia los camaradas, un temperamento menos caprichoso, etcétera".

Este documento de Lenin fue hecho conocer a los delegados al XIII Congreso del Partido, que discutió la cuestión de trasladar a Stalin del cargo de secretario general a otro. Los delegados se declararon en favor de retener a Stalin en el cargo, en la esperanza de que prestaría atención a las palabras de crítica de Vladimir Ilich y sería capaz de sobreponerse a los defectos que; causaban la seria ansiedad de Lenin.

LA LECTURA DE DOS NUEVOS DOCUMENTOS
¡Camaradas! El Congreso del Partido debe ser puesto en conocimiento de dos nuevos documentos, que confirman el carácter de Stalin tal como lo bosquejara Vladimir Ilich Lenin en su "testamento". Estos documentos son una carta de Nadezhda Konstantinovna Krupskaya (esposa de Lenin) a (Lev Borisovich) Kamenev, que a la sazón era jefe del Departamento Político, y una carta dirigida por Vladimir Ilich Lenin a Stalin:
Voy a leer ambos documentos: "¡Lev Borisovich!, "A raiz de una breve carta que yo escribiera bajo dietado de Vladimir Ilich con permiso de los médicos, Stalin se permitió ayer dirigirme un ex abrupto desusadamente rudo. Este no es mi primer deber para con el Partido. Durante estos últimos treinta años nunca he oido de ningún camarada una sola palabra ruda. Los asuntos del partido y de Ilich no son menos caros a mi que a Stalin. Yo preciso, al presente, el máximo de autocontrol. Lo que se puede y lo que no puede discutirse con Ilich lo sé yo mejor que cualquier médico, porque yo sé lo que lo pone nervioso y lo que no; de todos modos, eso lo sé yo mejor que Stalin. Me dirijo a ustedes y a Gregorio (S. Zinoviev) como a camaradas mucho más allegados a V.I. y les ruego me me protejan de la ruda interferencia en mi vida privada y de las bajas invectivas y amenazas. No me caben dudas acerca de la decisión unánime de la Comisión de Control, con la cual Stalin cree conveniente amenazarme; no obstante, yo no tengo ni tiempo ni fuerzas que perder en esta disputa truhanesca. Y yo soy un ser de carney hueso, y mis nervios están al máximo de tensión.

N. Kruspskaya"

Nadezhda Konstantinovna escribió esta carta el 23 de diciembre de 1922.
Después de dos meses y medio, en marzo de 1923, Vladimir Ilich Lenin envió a Stalin la siguiente carta:
"Al camarada Stalin:
"Copias para Kamenev y Zinoviev" ¡Estimado camarada Stalin! Usted se permitió dirigir un descortés llamado telefónico a mi esposa y una ruda reconvención. A pesar del hecho de que ella le dijera que estaba de acuerdo en olvidar lo que se había dicho, Zinoviev y Kamenev, sin embargo, se enteraron del asunto por ella misma. Yo no tengo la intención de olvidar tan fácilmente lo que se está haciendo en mi contra, y yo considero como dirigido en contra de mí lo que se está haciendo contra mi esposa. Le pido, por lo tanto, que piense cuidadosamente si está conforme en retractarse de sus palabras y disculparse o si prefiere la ruptura de relaciones entre nosotros . (Conmoción en la sala).

"Le saluda atte. Lenin" 5 de marzo de 1923"
¡Camaradas! No haré ningun conentario sobre estos documentos.
Ellos hablan elocuentemente por sí nismos. Puesto que Stalin se permitía portarse de esta manera en vida de Lenin, así podía comportarse respecto de Nadezhda Konstantinovna Krupskaya, a quien el Partido conoce muy bien y tiene en alto concepto como amiga leal de Lenin y como activa luchadora por la causa del Partido desde su creación; también podemos imaginar fácilmente cómo Stalin trataba a otra gente. Estas caracteristicas negativas de su personalidad fueron evolucionando incesantemente y durante los últimos años alcanzaron un grado absolutamente insufrible .

COMIENZA LA POLITICA REPRESIVA
Fue precisamente durante este período (1935-1937-1938) cuando nació la práctica de la represión en masa a través del aparato gubernamental, primero contra los "enemigos" del leninismo-trotskistas, zinovievistas, bujarinistas, que ya hacia tiempo habían sido políticamente derrotados por el Partido y luego también contra muchos leales comunistas" contra los cuadros partidarios que habían soportado la pesada carga de la Guerra Civil y de los primeros y más difíciles años de la industrialización y colectivización, quienes lucharon activamente en contra de trotskistas y derechistas para imponer el programa partidario leninista.

Fue Stalin quien engendró el concepto "enemigo del pueblo". Este término tornaba automáticamente innecesario presentar en juicio la pruéba de los errores ideológicos de cada uno o más hombres empeñados en una controversia, este término hizo posible el empleo de la más cruel represión, violatoria de todas las normas de legalidad revolucionaria, contra quienquiera que de una manera u otra discrepase con Stalin, contra quienes fueron tan sólo sospechosos de intención hostil, contra aquellos que sólo tuvieran una mala reputación.

Este concepto de " enemigo del pueblo" eliminó en la práctica, la posibilidad de toda clase de lucha ideológica o de hacer que las opiniones de uno fueran conocidas en esta u otra cuestión, aun cuando se tratase de asuntos de índole práctica. En líneas generales, y en realidad, la única prueba de culpabilidad empleada, contrariando todas las normas de las ciencias legales corrientes, fue la "confesión" del propio acusado; y conforme lo demostraron indagaciones posteriores, las "confesiones" fueron obtenidas a través del apremio físico del imputado.

Esto condujo a violaciones flagrantes de la legalidad revolucionaria, y al hecho de que muchas personas absolutamente inocentes, que en el pasado habían defendido la línea de conducta del Partido, fueran sus víctimas.

Debemos afirmar que, con respecto a aquellas personas que en su época se habian opuesto al programa del Partido, a menudo no existían ni siquiera para ellos razones, suficientes para su aniquilación física. La fórmula "enemigo del pueblo" fue creada específicamente con el fin de aniquilar a tales individuos.

Es un hecho conocido que muchas personas, que luego fueron aniquiladas como enemigos del partido y del pueblo, habían trabajado con Lenin en vida de éste. Algunas de estas personas habían cometido errores en vida del propio Lenin, pero a pesar de esto, Lenin se benefició con su trabajo, enderezó su conducta e hizo lo posible para retenerlos en las filas del partido; los indujo a seguirlo.

LA CUESTION TROTSKISTA
O tomemos el ejemplo de los trotskistas. Al presente después de un período histórico suficientemente largo, podemos hablar de la lucha con los trotskistas con completa calma, y podemos análizar este asunto con suficiente objetividad. Después de todo, alrededor de Trostky había gentes cuyo origen de ningún modo puede remontarse a la sociedad burguesa. Una parte de los mismos pertenecía a la intelectualidad y cierta parte había sido reclutada entre los trabajadores.
Podríamos citar a muchos individuos que en su época se unieron a los trotskistas; no obstante, estos mismos individuos tomaron parte activa en el movimiento proletario anterior a la Revolución, durante la misma Revolución Socialista de Octubre y también en la consolidación de la victoria de ésta, la más grande de las revoluciones. Muchos de ellos rompieron con el trotskismo y volvieron a las posiciones leninistas. ¿Era necesario aniquilar a tales personas? Estamos profundamente convencidos de que si Lenin hubiera vivido no se habrian empleado en contra de muchos de ellos procedimientos tan extremos.

Estos son tan solo unos pocos hechos históricos. ¿Mas podría afirmarse que Lenin no se decidió a recurrir hasta a los medios más severos contra los enemigos de la Revolución cuando ello fue realmente necesario? No, nadie puede afirmarlo. Vladimir Ilich exigía una conducta inflexible con los enemigos de la Revolución y de la clase trabajadora, y cuando fue necesario recurrió inexorablemente a tales métodos.

Sólo hace falta recordar la lucha de V.I. Lenin contra los socialistas revolucionarios que organizaron el levantamiento antisoviético, contra los kulaks contrarrevolucionarios, en 1918, y contra otros, cuando Lenin, sin vacilaciones, empleó los métodos más extremos contra los enemigos. Lenin utilizó tales métodos, empero, sólo en contra de enemigos de clase declarados y no en contra de los que se equivocaron, que cometieron errores, y a quienes era posible enseñar el recto camino a través de la influencia ideológica, y aun retener en la dirección del partido.

Lenin recurrió a métodos severos únicamente en los casos extremadamente necesarios, cuando las clases explotadoras existían todavía y se oponían vigorosamente a la Revolución, cuando la lucha por la supervivencia estaba asumiendo decididamente formas muy agudas, incluso la guerra civil.

Stalin, en cambio, echó mano de métodos extremos y represiones en masa en una época en que la Revolución era ya triunfante, cuando el Estado soviético estaba afianzado, cuando las clases trabajadoras ya habían sido liquidadas y cuando las relaciones socialistas estaban enraizadas sólidamente en todas las fases de la economía nacional, cuando nuestro partido se había consolidado políticamente y se habia fortalecido tanto numérica como ideológicamente. Es evidente que aquí Stalin demostró, en toda una serie de casos su intolerancia, su brutalidad y su abuso del poder. En lugar de dar pruebas de su corrección política y movilizar las masas, escogió a menudo el camino de la represión y de la aniquilación política no solamente en contra de los enemigos verdaderos, sino también en contra de individuos que no habían cometido crimen alguno, ni contra el Partido ni contra el Gobierno soviético. No vemos aquí sabiduría alguna, sino tan solo una demostración de la fuerza brutal que un día tanto alarmara a V.I. Lenin.

Ultimamente, sobre todo después del desenmascaramiento de la camarilla de Beria, el Comité Central investigó una serie de asuntos preparados por esta camarilla. Quedó al descubierto un cuadro horrendo, de brutal premeditación, vinculado con la conducta incorrecta de Stalin. Según lo prueban los hechos, Stalin, esgrimiendo su poder sin límites, se permitió cometer muchos abusos, obrando en nombre del Comité Central, sin requerir la opinión de los miembros del Comité y ni siquiera de los miembros del Politburó del Comité Central; a menudo, ni siquiera les informaba acerca de sus decisiones personales concernientes a muy importantes asuntos partidarios y gubernamentales. --
Tomado de "Los papeles del Goce", julio-agosto-septiembre88.

EDICIÓN 1861

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