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| 12/4/2010 12:00:00 AM

La aplanadora

Sin premura ni pupitrazos de madrugada, el Congreso cerrará el año con la aprobación de una de las agendas legislativas más ambiciosas en muchos años. ¿Cuál fue la clave?

El lunes pasado, el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, radicó con mensaje de urgencia el proyecto de ley para sacar del limbo jurídico a más de 30.000 desmovilizados. Horas después, el senador Roy Barreras y el representante Camilo Osorio ya habían radicado la ponencia. Dos días después, el proyecto fue aprobado en las comisiones de Senado y Cámara y es muy probable que se convierta en ley antes de terminar el año.

Ese es solo uno de más de 15 proyectos impulsados por el gobierno que están bien encaminados en el Congreso y cuyo camino permite pensar que, contrario a las demoras decembrinas habituales, la agenda legislativa del presidente Juan Manuel Santos podría votarse en los tiempos previstos y antes de que termine el año. No será necesario convocar sesiones extras ni habrá pupitrazos de madrugada, que suelen ser la gran oportunidad de meterles micos inadvertidos a los proyectos de ley.

La agilidad del trámite legislativo sorprende aún más si se considera que la agenda gubernamental es ambiciosa, tanto por el número de proyectos como por la complejidad de varios de ellos. En sus primeros seis meses el gobierno buscó facultades extraordinarias para reorganizar al Estado, reformar la distribución de regalías, eliminar la Comisión Nacional de Televisión, afrontar la reparación integral a las víctimas y la devolución de tierras, impulsar un nuevo estatuto anticorrupción, modificar el ordenamiento territorial, crear una ley para el primer empleo, impulsar la reforma a la salud, entre otros. Y excepto la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores, todos los proyectos terminarán su primera ronda de debates antes de cerrar el año.

Parte del éxito se explica porque, desde que estaba en campaña, Santos creó una estrategia para poner a andar la máquina legislativa. Junto con su consejero político, Germán Chica, ideó la 'mesa de unidad': una instancia donde se reúnen los presidentes de todos los partidos de la coalición, junto con el mandatario, sus asesores cercanos y la mesa directiva del Congreso. "Los partidos sintieron que tenían línea directa con el gobierno", dice Rafael Pardo, jefe del liberalismo. En esta mesa, por ejemplo, el Partido Liberal propuso la ley de víctimas, la reforma política y la ley de primer empleo; Cambio Radical le apostó a la reforma de la justicia; los conservadores lideraron los temas de tierras y La U propuso la agenda social. Todos los aportes quedaron plasmados en la agenda legislativa que el gobierno llevó al Congreso.

La 'mesa de unidad' también ha servido para manejar las tensiones internas de la Unidad Nacional, que en estos meses no fueron pocas. Parlamentarios de La U, por ejemplo, resintieron el protagonismo de los liberales, a quienes acusaron de apropiarse de banderas tan importantes como la ley de víctimas. Y en la orilla del uribismo, sectores radicales ligados al ex presidente Uribe fueron reactivos frente a la agenda liberal del presidente Santos. Sectores conservadores, por su lado, clamaron por no perder parte del importante poder burocrático que habían ganado en los últimos ocho años, lo cual puso en riesgo proyectos como el estatuto anticorrupción.

Sin embargo, siempre que un proyecto tuvo problemas, Santos devolvió su discusión a la mesa de unidad. Así ocurrió la semana pasada con el de víctimas, criticado por sectores radicales de La U y el conservatismo por sus eventuales costos y cuya salvación fue posible gracias a que Santos le reiteró su respaldo en un desayuno en Palacio. "El impulso del Presidente fue clave para el éxito de la agenda. Él estuvo a la cabeza de todo", coinciden los senadores Armando Benedetti, presidente del Congreso, y Juan Lozano, director de La U.

Otro factor clave para el avance de los proyectos bandera fue el buen trato que les dio a los partidos. Por primera vez la ley de bancadas se aplicó de forma rigurosa y la mayoría de sus decisiones se convirtieron en obligación para los congresistas. Los voceros partidistas también tuvieron más peso y se logró que las discusiones fueran más ordenadas. Cada ocho días, el consejero político, Chica, se reunía con los voceros de las bancadas para hacer seguimiento milimétrico a cada una de las iniciativas. Los ministros también aportaron, pues recibieron instrucción expresa de su jefe de atender todas las citaciones en comisión y plenaria.

Pero este resultado no se habría dado sin el trabajo del ministro del Interior, Germán Vargas. Aunque le han llovido críticas porque aparece mucho en los medios o por actuar como si estuviese en campaña, Vargas Lleras ha sudado la camiseta. Se apropió del tema legislativo y casi puso una oficina propia en el Capitolio. No hubo debate que no supervisara y se volvió más común verlo en los pasillos del Congreso que en su despacho del Ministerio. Y aunque su fuerte temperamento produjo algunas crisis en los primeros meses de legislatura, los congresistas reconocen su conocimiento en detalle de la compleja dinámica del Congreso. "Después de dos o tres encontrones, el Ministro entendió que hay que debatir, dialogar y saber escuchar", dice el presidente de la Cámara, Carlos Alberto Zuluaga, quien admite que Vargas Lleras está en lo propio y que se mueve como pez en el agua.

Por otro lado, el gobierno y el Ministro tuvieron en los presidentes de Senado y Cámara aliados claves. Benedetti y Zuluaga se propusieron subir los niveles de asistencia, trabajar tres o cuatro días a la semana y hacer algo que, paradójicamente, nunca se había hecho con juicio: aplicar el reglamento del Congreso. Hasta la oposición, en cabeza del senador polista Jorge Robledo, comenta del buen trabajo de Benedetti. "Nos puso a andar con juicio", reconoce.

A pesar del buen balance, el gobierno todavía no puede cantar victoria. En estos seis meses ha gozado plenamente de su luna de miel y la unidad nacional ha logrado sobrevivir a las tensiones políticas. "Lo que no pasa en el primer año en el Congreso no pasa nunca", dicen los expertos en política. El 2011, cuando la mayoría de proyectos gubernamentales cursarán su segundo debate, será clave para predecir qué tanta gasolina tienen el ministro Vargas Lleras, el discurso de Unidad y la propia estrategia santista.
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