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| 7/10/1995 12:00:00 AM

LA BATALLA JURIDICA

Después del jaque del viernes pasado, al 'Ajedrecista' le quedan pocas fichas en su juego ante la Justicia.

AL ANALIZAR Y COMPArar las pruebas que hay hoy en contra de Gilberto Rodríguez Orejuela con las que pesaban en su contra a principios de la década, resulta difícil negar que la Justicia colombiana ha ganado terreno. Hay contra él una medida de aseguramiento y cuatro órdenes de captura.
La primera, y la más sólida en Colombia, es conocida como el caso Louisiana. Se trata del envío de 1.200 kilos de cocaína a Estados Unidos durante el verano de 1992; por cuenta del cual él y su hermano Miguel Rodríguez fueron acusados por la Fiscalía norteamericana. Aparte de testimonios de sus cómplices, los Rodríguez: tienen en su contra grabaciones en las que aparecen dando claras órdenes para el embarque de la droga. Lo curioso es que las autoridades de E.U. pudieron confirmar que se trataba de las voces de los Rodríguez, al cotejarlas con las de los famosos narcocasetes de 1994, que tanto ellos en carta al entonces fiscal Gustavo de Greiff, como Alberto Giraldo en su testimonio de aquellos días, aceptaron como legítimas. En los demás procesos por narcotráfico, enriquecimiento ilícito, porte de armas y hasta homicidio, la posición de Gilberto Rodríguez es menos vulnerable.
El que sí puede llegar a ser muy contundente es uno que aún no ha sido trasladado a Colombia. Se trata del envío de 210.000 kilos de cocaína a Estados Unidos entre 1983 y 1995, en unas operaciones ilícitas que fueron reveladas la semana pasada por el nuevo director de la DEA en Miami, Jim Milford al concluir la investigación 'Cornerstone' (Piedra Angular). Se trata de un voluminoso prontuario que describe, mes por mes y como si fuera un libro de contabilidad, gigantescas operaciones de cocaína que abarcan todos los niveles de la estructura de la próspera empresa, desde los diseñadores de caletas hasta los distribuidores, supervisores y abogados en Washington y Miami. El traslado de las pruebas de este caso a Colombia pareció confirmado por el propio presidente Bill Clinton en su comunicado del viernes tras la captura de Rodríguez.
En vista de todo esto es muy probable que Gilberto Rodríguez Orejuela tenga una condena muy alta. Cualquiera de los casos por narcotráfico que contra él cursan -ya sea el de Louisiana o el de Piedra Angular- lo acusan de comerciar de manera ilegal más de cinco kilogramos de cocaína, y eso le basta para obtener una pena de ocho a 12 años. Aunque todo parece indicar que lo que se viene es una verdadera batalla de letra menuda entre la Fiscalía General, que seguramente querrá aplicarle todos los agravantes, y un pool de abogados de la defensa, que buscará a toda costa encontrarle atenuantes, lo más probable es que, dadas las dimensiones del caso, la pena por narcotráfico se acerque mucho a los doce años.
Pero ahí no para la cosa. Aunque en Colombia las penas por diferentes delitos no se suman, existe una figura en el Código Penal llamada 'Concurso de hechos punibles', que establece que cuando contra el procesado pesa más de una acusación -como es el caso de Rodríguez-, se le podrá imponer la pena más grave aplicable a esos delitos -12 años- multiplicada por dos. Lo anterior le daría al jefe del cartel caleño un total de 24 años en prisión.
A esos 24 años hay que restarle los beneficios a los que puede acogerse. Para empezar, por haber sido capturado no puede aspirar a la rebaja por entrega. En cuanto a la confesión, "tendrían que cumplirse unos requisitos bastante claros que recientes jurisprudencias de la Corte Suprema han señalado y que son bastante severos", le dijo a SEMANA el penalista Guillermo Puyana Ramos. En efecto, la Corte ha dicho que para conducir a una rebaja la confesión debe darse en la primera versión del sindicado a las autoridades. tiene que ser lo más completa y sincera, y debe ser el elemento central de la incriminación. Al cierre de esta edición aún no era claro si Rodríguez iba a confesar delitos en su primera declaración, pero esta posibilidad parecía remota. Es probable además que la versión de Rodríguez ni sea completa ni sea sincera a ojos de las autoridades. Para ello, la delación sería un requisito fundamental, algo que en el cartel de Cali no se acostumbra. En cuanto al tercer requisito -la confesión como elemento central de la incriminación-, es presumible que la Fiscalía considere que las pruebas que tiene contra Rodríguez, en especial en el caso de Louisiana, son mucho más pesadas que lo que él pueda aportar.
Así las cosas, a Rodríguez le quedan sólo dos posibilidades: acogerse a la terminación anticipada del proceso y ponerse a trabajar y estudiar en la prisión. En el primer caso, solo podría aspirar a la conmutación de una sexta parte de la pena, a menos que acudiera a este mecanismo en los próximos días, pues la investigación está a punto de cerrarse. En el segundo caso el del estudio y el trabajo -podría aspirar a una rebaja de una tercera parte. Es así como, después de muchas sumas y restas, todo parece indicar que el panorama para Rodríguez es más bien gris. Como minimo le esperan 13 años y cinco meses tras las rejas (ver cuadro), algo que para alguien que tiene ya 56 se parece bastante a una cadena perpetua.
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