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| 4/27/1998 12:00:00 AM

LA BELLA Y EL BIGOTE

El matrimonio Horacio Serpa-María Emma Mejíale endereza el caminado al candidato liberal.

El acontecimiento político de la semana pasada fue la presentación en público de María Emma Mejía como fórmula vicepresidencial de Horacio Serpa. A pesar de que la noticia no sorprendió, ya que los diarios lo habían anunciado _y el hecho se rumoraba desde hacía tiempo_, sí fue el movimiento de una pieza clave en el tablero de ajedrez de la campaña.
Casi nadie pone en duda esto último a pesar de que las encuestas demuestran que María Emma entusiasma mucho más a los que ya están decididos a votar por Serpa que a quienes tienen otra preferencia o están indecisos. Entre estos últimos, solamente un 5 por ciento se siente más inclinado a votar por Serpa si su fórmula es María Emma, mientras que un 13 por ciento se siente menos inclinado y un 68 por ciento considera que la elección no tiene ningún efecto (ver edición #825). Estas cifras, sin embargo, no lo dicen todo. No tiene el mismo impacto una fórmula vicepresidencial apenas sugerida que una vez presentada al público. Una mujer atractiva, carismática, dinámica y exitosa suma mucho en las pantallas de televisión, en los debates y en la plaza pública.
Las encuestas muestran, además, que si no hay mucho entusiasmo con la fórmula por parte del conjunto de votantes indecisos sí lo hay entre quienes se declaran liberales. Un 41 por ciento de los liberales consultados por Gallup en la última encuesta contratada por CM&, Radionet y SEMANA se consideran más inclinados a votar por Serpa si está acompañado por la ex canciller. Esto indicaría que la fórmula Serpa-Mejía es clave para evitar la deserción de liberales que podrían estar dudando de apoyar a Horacio Serpa desde que Alfonso Valdivieso adhirió a Andrés Pastrana.
La fórmula, sin embargo, no estuvo clara desde un comienzo. Aunque los expertos de la campaña de Serpa pensaban que con su predominio en la Costa y su debilidad en Antioquia Serpa necesitaba un vicepresidente antioqueño, preferiblemente mujer, María Emma _a pesar de ser antioqueña de nacimiento_ no era vista por los paisas como una figura muy representativa de su región. Por esta razón los asesores de Serpa estudiaron la posibilidad de ofrecerle la vicepresidencia a otras figuras, como el ex gobernador Alvaro Uribe Vélez, Fabio Echeverri Correa o Juan Guillermo Angel.
Ninguno de ellos le daba la talla a María Emma, sin embargo, si se promediaban todas las variables. Si bien eran representativos de la zona paisa _lo cual es clave para la campaña ya que se quiere neutralizar la fuerza de Andrés Pastrana en esa región_, no tenían el carisma ni el reconocimiento que a nivel nacional tiene la ex canciller. Y mucho menos otro elemento que para Horacio Serpa resulta clave en este momento: las excelentes relaciones de María Emma Mejía con Estados Unidos y su ascendiente con la clase dirigente del país. Esto llevó a que todos los otros nombres fueran rápidamente descartados.
Con el matrimonio de la semana pasada ganan por igual ambos cónyuges. Serpa le dio brillo y caché a su candidatura, que se estaba opacando. María Emma, por su parte, dio un paso más adelante en su meteórica carrera. De ser elegido Serpa sería la primera vez que una mujer ocupe el primer lugar en la línea de sucesión. Aunque se espera que de ser vicepresidenta volverá a ser canciller, la verdad es que ella considera que el cargo de vicepresidente aún no se ha inventado y que el reto es hacerlo. Y si la derrotan, con seguridad conservará su futuro político en el mediano y largo plazo ya que será posiblemente la única figura samperista ministeriable de mostrar en un gobierno distinto al de Horacio Serpa.
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