Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2001/08/13 00:00

La buena hora

Los palmitos que se venden en una cadena de almacenes testimonian el éxito de la sustitución de cultivos para 200 familias de Putumayo.

La buena hora

La semana pasada los compradores de la cadena francesa de almacenes Carrefour de Bogotá se llevaron una grata sorpresa. En la sección de conservas vegetales, ubicada al lado de otros productos enlatados, tanto nacionales como internacionales, se encontraba un buen surtido de palmitos de palma de chontaduro Made in Colombia.

Pero lo que los compradores desconocen es que detrás de cada uno de los envases hay una historia que llena de orgullo no sólo a centenares de cultivadores sino a los funcionarios del Plan Nacional de Desarrollo Alternativo (Plante).

Los palmitos que se venden en Carrefour, y que muy pronto serán exportados, son cultivados por 198 familias de campesinos e indígenas que habitan los municipios de Puerto Asís, Puerto Caicedo, Orito, San Miguel y el Valle de Guamuez, en el Putumayo, donde hay sembradas en la actualidad 322 hectáreas.

Las familias cultivadoras de esta palma de chontaduro para palmito, cuya fábrica se encuentra en el Valle de Guamuez, se asociaron en una empresa llamada Agroamazonia, que a su vez se encuentra constituida por seis asociaciones, cinco de campesinos y una de indígenas. Cuenta con una asamblea de socios, una junta directiva, un gerente y 16 funcionarios.

Pero lo que más llama la atención del proyecto es el hecho de que todas las familias que ahora son cultivadoras y productoras de palmito lo fueron hasta hace algunos años de coca. “Esta es la prueba de que sí es posible sustituir de manera exitosa el cultivo de hoja de coca. Si esas familias pudieron todos pueden”, sostiene María Inés Restrepo, directora del Plan Nacional de Desarrollo Alternativo, una de las abanderadas del proyecto.

Según las cifras del Plante de junio a octubre de este año se produjeron 873 cajas con 15.594 unidades y el próximo año aspiran a producir cada mes unas 420 cajas. Hasta la fecha el proyecto tiene una inversión de 1.300 millones de pesos, con aportes del Plante, el Fondo Amazónico, AID y Undcp, y contempla la erradicación y sustitución de 200 hectáreas de coca. El próximo año las familias beneficiadas serán 400, con un plan de erradicación de 600 hectáreas de coca y una inversión adicional de 1.600 millones de pesos.

Pero así como los antiguos cultivadores de coca del Putumayo empiezan a recoger los frutos de su nueva actividad, el Plante aspira a que otro buen número de familias cultivadoras de coca del sur de Bolívar también se beneficien. De hecho, próximamente Carrefour empezará a vender fríjol sembrado en las estribaciones de la Serranía de San Lucas. Para ello ya se constituyó la asociación Asocalima, que reúne a las familias que se favorecerán con el proyecto.

Aunque hasta ahora sólo se trata de pequeños proyectos la gran enseñanza que hay detrás de cada uno de ellos es que sí es posible sustituir la coca por otros cultivos y cambiar así la forma de vida de miles de familias campesinas. El hecho de que la empresa privada se sume a estas propuestas exitosas demuestra no sólo que se trata de planes benéficos para la sociedad sino rentables para los empresarios. De la buena administración de los recursos por parte del Estado y de los propios campesinos, así como de la solidaridad de los consumidores y de la comprensión de los empresarios, depende el éxito o el fracaso de tan buenos proyectos.

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