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| 8/31/2003 12:00:00 AM

La caída del 'zar'

El 'zar' anticorrupción renunció diciendo que no pudo hacer mucho. La verdad es que en ese cargo nadie puede hacer más.

La renuncia del 'zar' anticorrupción, Germán Cardona, sorprendió al gobierno. A pesar de que hace cerca de un mes había manifestado su intención de abandonar su cargo pocos creyeron que el funcionario encargado de liderar la batalla contra uno de los frentes de guerra del presidente Alvaro Uribe dejara su puesto.

Con su dimisión Cardona buscó prender las alarmas en el Estado y abrir un debate sobre la capacidad del programa anticorrupción de la Presidencia que, según él, no está diseñado para atacar efectivamente a los ladrones de 'cuello blanco'. "Este programa, como funciona actualmente, no puede dar resultados en la lucha contra la impunidad", dijo. Cardona pidió que el programa sea convertido en una política de Estado con poder del gobierno y con la capacidad de diseñar estrategias nacionales que incluyan a entes como la Fiscalía y la Procuraduría. En gran medida la renuncia de Cardona, quien llevaba un poco más de 10 meses en el cargo, fue motivada también porque mientras el Presidente apoyó el programa, algunos mandos medios lo cuestionan y reman para otro lado.

Las reacciones no se hicieron esperar. ".la renuncia del zar anticorrupción, además de dejar malherida la política presidencial en este frente, debe servir para replantear a fondo la razón de ser de esta oficina y su papel en la dura guerra contra el principal problema que tiene el país", afirmaba el editorial del diario El Tiempo el miércoles anterior. "Los argumentos que esgrime el zar son serios y apuntan a que si no se dota a esta dependencia de autonomía y de dientes para actuar es mejor que desaparezca", dice otro de los apartes.

La realidad de todo esto es que el cargo de zar anticorrupción ni es efectivo ni tiene herramientas. Se creó como un gesto simbólico para mostrar que para los gobiernos la lucha contra la corrupción es una prioridad. Pero fuera de enviar ese mensaje en este momento no tiene mayor utilidad. Los verdaderos 'zares' contra la corrupción en Colombia son el Fiscal General, el Procurador General y el Contralor General. Montarles un ente paralelo no puede sino crear malestar y fricciones. Ponerle dientes a esa oficina tropezaría con problemas como el de la violación del debido proceso. Es difícil destituir a la gente con base en chismes o rumores. Y si llega a haber denuncias o pruebas en contra de alguien, en un Estado de derecho no se puede hacer nada diferente que tramitarlas a través de los conductos regulares.

Pretender que el zar anticorrupción pueda acabar con la corrupción en Colombia equivale a decir que el zar antisecuestro puede acabar con el secuestro, función que les corresponde a las Fuerzas Militares y de Policía. Pero por lo menos el zar antisecuestro tiene unas funciones importantes de recopilación de datos, asistencia sicológica a las familias y asesoría sobre cómo manejar el problema. No sucede lo mismo con la oficina del zar anticorrupción. Fuera de recopilar datos y tramitar denuncias es muy poco lo que se puede hacer.

Desde 1995, cuando se creó el cargo, son muy escasas las ejecutorias concretas que ha conocido la opinión pública. Pero no es culpa de quienes lo desempeñan sino de esa costumbre colombiana de crear puestos más para efectos de imagen que de resultados. Cardona afirma que "este cargo es como una tractomula comandada por el Presidente y el Vicepresidente para derrotar la corrupción, pero desafortunadamente tiene el motor de un Renault 4". Esta es una actitud elegante de su parte pues en el fondo considera que sus jefes lo dejaron colgado de la brocha.

No podía ser de otra forma pues la única manera de que la oficina fuera efectiva era acudir a la arbitrariedad, cosa que es muy difícil en Colombia, en donde todo es muy relativo y no siempre existe consenso sobre quién es el corrupto. El Presidente, obviamente, considera que su ministro del Interior, Fernando Londoño, no lo es. Otro acusado es el ex vicecontralor José Félix Lafourie, quien acaba de ser sancionado por la Procuraduría por recibir hojas de vida de los parlamentarios para nombramientos en la Contraloría. A pesar de la sanción y de la presión de los medios de comunicación por hacer de este un caso ejemplarizante no son muchos los que creen que una infracción de esa naturaleza tenga mayor gravedad o amerite una sanción tan drástica como una desvinculación del cargo.

En materia de corrupción el único que ha tenido una aproximación real y pragmática es el ex presidente Julio César Turbay, a quien le cayeron rayos y centellas cuando afirmó que "la corrupción debe ser reducida a sus justas proporciones".
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