Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/03/17 00:00

La cara de la angustia

Todo parece indicar que la situación jurídica de los hermanos Rodríguez Orejuela se va a complicar. ¿Pueden ser extraditados?

"Oficial, yo lo unico que quiero saber es si la orden de captura es de Colombia o del exterior"? "No don Gilberto, es de Colombia"? "Ah bueno, entonces estoy tranquilo". Cuando Gilberto Rodríguez Orejuela le hizo esta pregunta a uno de los oficiales de la Dijin que participó en su captura sospechaba que podría tratarse de una orden con fines de extradición. "Eso no lo descartamos", dijo a SEMANA uno de sus siete hijos.

Gilberto Rodríguez fue capturado después de que la Fiscalía lograra revivir un caso de envío de 150 kilos de cocaína a Tampa, Florida, vía Costa Rica, en 1990.

La investigación, por esa época, le correspondió al juez Héctor Julio Cruz Casallas, quien condenó en 1997 a Miguel Rodríguez a 21 años de prisión por los delitos de tráfico de cocaína y concierto para delinquir. En la misma sentencia condenatoria el juez ordenó compulsar copias a la Dirección Regional de Fiscalías por encontrar pruebas suficientes para que se investigara penalmente a Gilberto Rodríguez por los mismos delitos.

Sin embargo se cometieron dos errores. Primero, la secretaría general de los juzgados regionales de esa época nunca envió físicamente las copias al entonces Tribunal Nacional, que por regla general debe hacerse en forma inmediata. Y segundo, el juez Cruz Casallas prefirió esperar a que los altos tribunales confirmaran o no su fallo, según dijo a SEMANA una persona cercana a él.

El extinto Tribunal Nacional decidió rápido y confirmó el fallo, sin embargo los abogados de los Rodríguez pidieron una nueva revisión ante los magistrados de la sala penal de la Corte Suprema de Justicia, que también le dieron la razón al juez, pero cinco años después de emitido el fallo. O sea que si no hubiera sido por el escándalo de la libertad de Gilberto Rodríguez, el pasado 7 de noviembre, nadie se hubiera enterado de que había un proceso que podía ponerlo de nuevo tras las rejas.

Lo cierto es que por el caso de Tampa no puede concederse la extradición de Gilberto Rodríguez porque fueron hechos sucedidos antes de 1997, cuando no había un tratado de extradición vigente con Estados Unidos. "Se trata de un caso que investiga unos hechos ocurridos en los años 80 y 90, antes de que se reviviera el tratado de extradición. Si durante estos años no había sido vinculado a la investigación, muy seguramente era porque no había una prueba que lo incriminara", explicó su abogado, Jorge Luis Gutiérrez.

La pregunta es si Gilberto Rodríguez regresa a la cárcel en Colombia. Para que esto ocurra tendría que ser condenado por un nuevo delito, que sería el de Tampa. Ahora hay que establecer si este caso ya prescribió o no. Con una simple suma aritmética parecería indicar que sigue vigente. ¿Por qué? Porque en la época en que se cometió el delito, en 1990, la pena máxima era de 18 años por un delito que se cometiera a la vez en Colombia y en el exterior. A la fecha han transcurrido 13 años, o sea que al Estado le quedan cinco para demostrar que Gilberto Rodríguez es culpable. Si esto es así, los fiscales tendrían que empezar de cero y escuchar de nuevo a siete agentes de la DEA y de la Aduana de Estados Unidos que incriminaron a los Rodríguez. De igual forma, abriría la puerta para que otras siete personas, que participaron en la distribución de los 150 kilos de cocaína y que se encuentran presas, declaren en contra de Rodríguez.

Sin embargo, aunque algunos abogados penalistas consultados por esta revista ven jurídicamente débil este proceso, sí consideran que podría ser la antesala del envío de los Rodríguez a Estados Unidos. Esto ocurriría en caso de que en ese país apareciera un nuevo proceso contra ellos. Ese gobierno no ha dejado de ver a los dos hermanos como los peces gordos del narcotráfico y su extradición como una victoria en la lucha antidrogas.

La historia de las extradiciones así lo demuestra. Víctor Patiño Fómeque, por ejemplo, fue extraditado recientemente después de haber cumplido su condena en Colombia y luego de que se encontraran nuevas pruebas contra él. Dados los antecedentes, no resultaría extraño que el Departamento de Justicia o la misma Corte de Nueva York, que ordenó la captura de William Rodríguez Abadía por concierto para importar cocaína a Estados Unidos, pidan ahora enjuiciar a su padre, Miguel, y a su tío Gilberto dentro del mismo caso. No es gratuito que el jefe de Asuntos Andinos del Departamento de Estado, Phil Chicola, anunciara que ese país revisará si "existen méritos" para solicitar por lo menos a uno de ellos nuevamente en extradición. "Podemos examinar las opciones que existen ahora para asegurarnos de que podemos hacer un buen caso para pedir que sea entregado a la justicia de Estados Unidos y, si encontramos bases para hacerlo, vamos a hacerlo", dijo Chicola el pasado viernes.

Ese temor de que el gobierno de George Bush podría pedirlo en extradición en cualquier momento no ha dejado vivir tranquilo a Gilberto Rodríguez. Dos días antes de su captura, su abogado Jorge Luis Gutiérrez había indagado en la Fiscalía si existía algún proceso en su contra. Rodríguez sospechaba que seguían tras él desde el mismo momento en que recobró su libertad, hace cinco meses, y se enteró de que el ministro de Justicia y del Interior, Fernando Londoño, había ordenado que lo vigilaran las 24 horas del día. "Cuando viajó a Cali 15 hombres de la Dijin, vestidos de civil, lo esperábamos en el aeropuerto Bonilla Aragón para hacerle lo que llamamos vigilancia cubierta. Pero nos llevamos una gran sorpresa cuando observamos que salieron a recibirlo unos 25 escoltas, con armas y carros blindados. Tuvimos que decirle a don Gilberto que nosotros también íbamos a estar a su lado", dijo a SEMANA una fuente policial.

Mientras los policías vigilaban todos sus movimientos, los fiscales buscaban afanosamente cómo ponerlo de nuevo tras las rejas. Lo único que se tenía era el caso de Tampa. Por esta razón el pasado miércoles la fiscal hizo la orden de captura a mano para evitar que se filtrara.

"Cuando los interceptamos los escoltas no querían soltar el armamento hasta que don Gilberto dijo: 'Yo reconozco a este oficial, es de inteligencia, tranquilos", y se entregó pacíficamente. Así recuerda el momento uno de los oficiales que participó en los dos operativos que han terminado con la captura de Gilberto Rodríguez. Ambos, oficial y detenido, conversaron largamente durante el vuelo de Cali a Bogotá. El ex jefe del cartel de Cali estaba tranquilo. "Yo entiendo la lucha política del gobierno. Ahora de nuevo me rapan, me ponen un uniforme y comienza de nuevo otra investigación", le dijo Rodríguez Orejuela al oficial, mientras volaban en medio de una tormenta que obligó al piloto de la aeronave a elevarse a 15.000 pies de altura. Pero el aire empezó a faltarles a la fiscal y al ex jefe del cartel, quienes tuvieron que compartir la única máscara de oxígeno que había en el avión.

Cuando Gilberto Rodríguez recobró el aliento le preguntó a uno de los oficiales: "¿A mi edad, cómo hace uno para salir de una cárcel si no es por la vía judicial?". "Sólo si se tiene una enfermedad terminal", le respondió el policía. Rodríguez se llevó su mano derecha a la cara, pensó un momento y dijo: "Yo tengo dos enfermedades terminales: Fernando Londoño y Estados Unidos". Sorprendido con esta respuesta el oficial le cambió de inmediato el tema y le dijo: "Usted tiene mucho poder", y le recordó que mientras lo vigilaba de día veía cómo lo saludaba la gente en las calles de Cali y en alguna ocasión llegaron hasta aplaudirlo cuando entró al centro comercial Chipichape. "El poder es como el matrimonio. Se goza y se padece", le contestó Rodríguez Orejuela.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.