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| 3/13/2010 12:00:00 AM

La carta de los 'vices'

Los candidatos escogieron sus 'número dos' para unir sus partidos, corregir falencias y generar atención mediática.

La selección de los candidatos a la Vicepresidencia es uno de los momentos más importantes de una campaña presidencial. Es una de las dos o tres oportunidades que tiene un aspirante a la Presidencia para concentrar el foco de los medios de comunicación para él solo, y para enviar uno de los pocos mensajes que no se pierden rápidamente en el paisaje de cuñas, sound bites, peleas y debates. La selección de la fórmula también es un termómetro sobre el estilo político de un candidato y su grado de audacia, efectismo o responsabilidad política. Y da un indicio sobre su destreza en uno de los campos más determinantes del buen gobierno: la capacidad de nombrar buenos colaboradores y de rodearse bien.

Las decisiones en materia vicepresidencial se resumen en dos categorías. Una es la del complemento: nombrar a una figura de características distintas al titular para suplir sus falencias: los cachacos optan por costeños, los radicales apelan a moderados, los hombres por mujeres. Este objetivo se puede aplicar a lo geográfico, lo ideológico, el género, la edad y la experiencia, y significa que el candidato prefiere sumar en vez de enviar un mensaje de coherencia.

La otra tesis es la de que el nombramiento del compañero de fórmula debe aprovecharse para hacer un gran show mediático: sacar a la luz a un personaje con una vida heroica o conmovedora, por ejemplo, o que resalte alguno de los mejores atributos estratégicos del líder. Una historia que atraiga a los medios de comunicación y acapare sus espacios para ganar exposición y puntos en la campaña.

Lo paradójico es que, según la Constitución, el Vicepresidente sólo tiene una función eventual -reemplazar al jefe de Estado en caso de ausencia temporal o absoluta- y ese es el único criterio que no se tiene en cuenta a la hora de su nombramiento en medio del fragor de la campaña electoral. "Nadie escoge a otro pensando en que lo va a reemplazar¨, dice Humberto de la Calle, ex vicepresidente, y por eso "se aplican más bien criterios de corto plazo y de la coyuntura", dice. Esto fue lo que vieron los colombianos la semana pasada, al cumplirse el plazo para la inscripción de las fórmulas presidenciales y vicepresidenciales.


Una historia atractiva
El candidato de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, les madrugó a todos los demás con un auténtico palo: Elsa Margarita Noguera de la Espriella. Una figura totalmente desconocida en el ámbito nacional, pero atractiva por su rostro infantil, por la sorprendente simpatía que proyectó en sus primeras entrevistas, y por la historia de superación de una mujer que ha derrotado una enfermedad que debilita sus huesos. Noguera es economista y ha sido una de las arquitectas de la transformación de la administración pública en Barranquilla. Hasta ahora era la secretaria de Hacienda de Alejandro Char, el mandatario local más popular del país, precedido por toda clase de gobiernos irregulares, corruptos e ineficientes.

La movida fue tan audaz, de hecho, que incluso llegó más lejos: Vargas anunció que en caso de llegar a la Casa de Nariño la nombraría Ministra de Hacienda. Como si fuera poco, hizo el anuncio el mismo día en que la U oficializaba la selección de Juan Manuel Santos como su candidato, hecho que logró desplazar de las primeras páginas. Y detrás del fenómeno de opinión -y hasta controversia- que generó, hizo una hábil movida de mecánica electoral: el voto costeño es un botín precioso que Germán Vargas ha tratado de conquistar con el apoyo de Fuad Char -ex ministro, empresario, barranquillero y tío de Elsa Noguera- quien encabeza la lista de Cambio Radical para Senado.

El anuncio de que Elsa Noguera acompañaría a Vargas Lleras fue muy bien recibido. Su competencia, carisma y hoja de vida fueron elogiados y solo unas voces minoritarias cuestionaron
su falta de experiencia en temas claves para un Presidente, como el manejo del Congreso o de las relaciones internacionales, escenarios en los que hay que enfrentarse a caciques mañosos o a presidentes impredecibles como Hugo Chávez.


De La Habana viene…
Sergio Fajardo también sorprendió. Con la escogencia del ex canciller Julio Londoño Paredes, según dijo, quiso resaltar que existen funcionarios dedicados, exitosos y honestos. La idea del servicio público como una responsabilidad, más que un privilegio, y como una actividad que no sólo tiene que estar asociada a chanchullos, irregularidades y escándalos. Londoño es un caso raro de un funcionario de toda la vida que ha sobrevivido gobiernos de distintos estilos, orientaciones e ideologías y que siempre ha sido reconocido como un técnico experto.

Fajardo, de paso, pretende equilibrar con Julio Londoño su afiche de campaña. Quienes le señalaban su falta de experiencia, o les molestaba su estilo informal -o incluso la falta de un hervor- van a encontrar en su número dos a alguien con trayectoria y veteranía, que muy rara vez se dejaría fotografiar sin corbata y que seguramente no tiene un solo jean en su ropero. El ex canciller agrega una dimensión internacional -ha sido embajador en Panamá, la OEA, la ONU y Cuba- a la fórmula fajardista que está muy ligada a la realidad provinciana de su Alcaldía en Medellín. Por esas vueltas que da la vida, Londoño -quien ocupaba el Ministerio en 1989 cuando Colombia y Venezuela casi fueron a la guerra por el incidente de la Corbeta Caldas- pasó de ser visto en Caracas como un 'duro' o un 'enemigo' en la era pre- Chávez a ser un hombre cercano a los Castro de La Habana, que le cae muy bien al actual régimen bolivariano.

Falta ver cómo se desempeñará un diplomático tecnócrata y discreto en la arena política. Vinculado al Estado durante décadas, paradójicamente ha estado alejado del país y se desconocen sus puntos de vista sobre la realidad nacional pues ha sido un obsesionado en los temas fronterizos. Discreto, prudente y reflexivo, ahora deberá batirse en las agitadas aguas electorales que requieren exactamente lo contrario de lo que dictan su experiencia y personalidad.


La pareja dispareja
La cadena de sorpresas se extendió a la campaña de la U. Juan Manuel Santos, quien después de varias movidas se quedó con la camiseta del más uribista de los uribistas y el heredero natural de la seguridad democrática, escogió a un ex sindicalista, ex miembro del Partido Comunista y de la Unión Patriótica, y protagonista de todas las iniciativas de diálogo y negociación que se han hecho en Colombia en los últimos años: Angelino Garzón.

Santos tiene, no obstante, argumentos para explicar su decisión. Hace rato Garzón dejó atrás su mamertismo, hasta el punto de haber sido un buen gobernador del Valle -elegido con 700.000 votos- y ya había ingresado al uribismo por la puerta de la embajada ante la ONU en Ginebra. Allí se ha ganado el respeto de amigos y enemigos en ejercicio de la difícil defensa de la situación de los derechos humanos. A Juan Manuel Santos, en consecuencia, Angelino Garzón le aportaría credibilidad en ese campo, que suele ser adverso para los ex ministros de Defensa. Y su presencia en la fórmula transmite la idea de que la U no sólo tiene resultados para mostrar en la guerra contra las Farc sino propuestas que hacer en áreas de mayor interés para los votantes de 2010, como el desempleo y el drama social del país.

Estas virtudes, sin embargo, pueden ser más útiles para el gobierno que para la campaña electoral. No deja de ser una paradoja que la dupleta Santos-Garzón esté compuesta por ex ministros de Andrés Pastrana, el gobierno contra el cual fue elegido Uribe en 2002, y que ahora en 2010 tenga la connotación de continuador del proyecto uribista. Santos, hasta ahora, había sido un político de bandazos partidistas pero de coherencia ideológica en el centro derecha, y con este giro puede caer en el error de que con Garzón no convence a sus rivales y desconcierta a sus aliados.


Del mismo polo
Con el candidato presidencial del Polo Democrático ocurrió todo lo contrario que con Santos, Fajardo y Vargas Lleras: era el aspirante de quien se esperaba más sorpresas y al final hizo una predecible movida para asegurar la unidad de su colectividad. Prefirió el Polo a un 'palo'.

Petro, en efecto, dio una dura batalla con sus correligionarios para lograr la autorización de buscar acuerdos con otras fuerzas y partidos. Una estrategia que fue finalmente acogida pero que casi termina con la división del partido, pues una corriente amplia argumentaba que desvirtuaba la coherencia ideológica. Hoy cabe la pregunta de si semejante pulso valió la pena para terminar con una dupleta Petro-Clara López Obregón, que básicamente une a los dos grandes sectores del partido amarillo. El anuncio de Petro fue interpretado como una concesión a Samuel Moreno -de quien López era secretaria de Gobierno- y al ala radical, y una señal de que no insistirá con sus críticas a la actual administración distrital, a cambio de garantizar su apoyo sin reatos de todo el Polo para las elecciones del 30 de mayo.

Petro consideró alternativas externas. El general en retiro Manuel José Bonnet y la ex precandidata liberal Cecilia López fueron descartados por diversas razones y al final optó por la fórmula de la unidad y la coherencia partidista. Clara López Obregón es una mujer de buena preparación académica y está casada con Carlos Romero, representante de la izquierda de toda la vida, y durante su paso por la Secretaría de Gobierno hubo denuncias sobre apoyos non sanctos a la actual candidatura de su esposo para el Senado. A pesar de su carácter reservado, quienes la conocen dicen que en un debate entre vicepresidenciales por televisión saldría bien librada por su carácter y dominio de ciertos temas.


Dale, rojo
El candidato Rafael Pardo del Partido Liberal, igual que Petro en el Polo, utilizó la valiosa carta de la Vicepresidencia para terminar de sellar la unidad de su partido. En la estrategia electoral de los rojos hay tres objetivos fundamentales: Bogotá, la Costa Caribe y Antioquia. El candidato, Pardo, es capitalino, y no por coincidencia la lista corta de nombres, entre los cuales salió la fórmula, provenían de estas dos regiones. Entre los caribeños figuraban el ex procurador Edgardo Maya Villazón, la alcaldesa de Cartagena Judith Pinedo y el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa. Los dos últimos estaban inhabilitados.

Pardo Rueda se fue entonces por Aníbal Gaviria, una selección tan clara y coherente que casi no tiene nada de novedad. Gaviria fue el segundo en la consulta interna del liberalismo el pasado 27 de septiembre, con 226.000 votos, la mayoría de los cuales provienen de su departamento -Antioquia-, tierra de Álvaro Uribe y de Sergio Fajardo en la que un bogotano nunca es profeta. Hasta ahora, el gran problema de Pardo ha sido que no todos los liberales están con él y se sienten atraídos por otros partidos, en especial por la U y por Cambio Radical. Por eso tiene sentido una dupleta entre dos que bailan el mismo son y que refuerzan el rojo liberal.

Gaviria le aporta a Pardo mucho más que su fortín electoral. Fue un gobernador exitoso y popular, y es un presidenciable en ciernes. También lo era su hermano, Guillermo, asesinado por las Farc en un episodio que aún está muy presente en la memoria colectiva y genera solidaridad. Aníbal, más joven, es energético y carismático, y le pondrá color a una campaña que hasta el momento ha sido monotónica y previsible.

Superada la primera fase de la campaña, con las elecciones de Congreso y la inscripción de candidaturas, el país entra ahora de lleno en la campaña presidencial. La experiencia indica que a la hora de la verdad lo que determina el voto de los ciudadanos es la imagen, la trayectoria y las propuestas de los candidatos presidenciales. Los 'vices' son célebres en el momento de su presentación pero después tienden a diluirse. No se conoce un solo Presidente que haya sido elegido por su compañero de fórmula, aunque sí ha habido campañas que se han debilitado por una mala escogencia.
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