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| 3/7/1994 12:00:00 AM

LA CASA EN EL AIRE

El episodio de los músicos vallenatos traìdos a Bogotá en el avión presidencial le salió caro a Gaviria; pero no sólo por los cuatro y medio millones de pesos que debió pagarle a la Fuerza Aérea.

ES LA PRIMERA VEZ QUE Maribucha, la vieja costeña, distinguida y chismosa, personaje humorístico del programa radial 'La Luciérnaga', de Caracol, da una chiva. En efecto, el lunes 31 de enero a las 7:15 de la noche, doña Maribucha abrió el programa diciendo: "Al teléfono fucsia llamó una amiga de mamá y me contó que el avión del Presidente había ido a Valledupar a traer conjuntos vallenatos, y que estuvo toda la manaña parqueado en el aeropuerto... ".
El miércoles, El Tiempo confirmó la noticia: efectivamente, en la mañana del sábado 29 de enero el Fokker 001 de la FAC, destinado para uso del presidente César Gaviria, había recogido en Valledupar una delegación de vallenatos para transportarlos a Bogotá, con el fin de que amenizaran la fiesta de cumpleaños de la primera dama, Ana Milena Muñoz. La noticia sorprendía, pero no tanto como el facsímile de un cheque por 4'357.873,50 pesos girado por Gaviria contra su cuenta personal, en favor del Fondo Rotatorio de la Fuerza Aérea, para cancelar los gastos de dos horas y 20 minutos de vuelo del avión.
Ese mismo miércoles, y en tono de mamadera de gallo, el mandatario les dijo a los periodistas que lo asediaron en un acto en la Casa de Nariño: "Yo, que soy una persona de recursos bastante limitados, estoy preocupado porque tuve que correr con la cuenta y casi que ni me alcanzaba la plata. Y me va tocar por ahí decirle a varios de los participantes de la fiesta que me ayuden".
El debate comenzó de inmediato. No era la primera vez que el avión presidencial le enredaba la vida a un Presidente. Bajo la administración de Alfonso López Michelsen le habían llovido críticas al gobierno por cuanto el Fokker, que debía viajar a Holanda para mantenimiento, llevó como pasajeros a algunos allegados a la familia presidencial. Y bajo el gobierno de Julio César Turbay, no fue el Fokker sino el Jumbo de Avianca, arrendado para una prolongada y discutida gira por Europa, el que causó los problemas.

LA HISTORIA OFICIAL
Desde el momento en que se divulgó la historia, distintas fuentes del Gobierno trataron de explicar los hechos. Según esa primera versión oficial, el rollo habìa comenzado el 9 de enero en la casa del senador Juan José García, en Cartagena, en una parranda durante la cual Gaviria habría decidido preparar una fiesta vallenata en Bogotá para el cumpleaños de su esposa. Al compás de los acordeones, Gaviria se habría entusiasmado y le habría dicho al ex alcalde de ValleduDar. Darío Pavajeau, que si ponía los músicos, él ponía el transporte para traerlos a Bogotá el sábado 29 de enero -la primera dama cumplió el 26-. Conforme a esta versión, la Casa de Nariño habría pedido a partir de entonces cotizaciones a la FAC sobre el costo del vuelo, con la intención de que Gaviria asumiera esos gastos.
Pero esta historia oficial desafió desde un principio la credibilidad. Resultaba sorprendente que el Presidente -quien no tiene fama de despilfarrar su escasa fortuna- hubiera decidido previamente y con plena conciencia gastar casi cuatro y medio millones de pesos en transportar vía aérea a los músicos para la fiesta de su esposa.

LA HISTORIA REAL
Fue así como la historia oficial comenzó a ser revaluada para dar paso a una versión más coherente de lo sucedido. Basada en fuentes de la Casa de Nariño, la Fuerza Aérea y la Procuraduría -que abrió investigación-, SEMANA logró reconstruir los hechos.
Todo indica que, en efecto, el asunto se inició el 9 de enero en la casa del senador García en Cartagena. Tras una conversación con Gaviria, Darío Pavajeau comenzó a reunir a la pléyade vallenata que animaría el cumpleaños de la primera dama 20 días después en la Casa de Nariño, y que incluía a Poncho y Emilianito Zuleta, Colacho Mendoza y el compositor Gustavo Gutiérrez.
El Presidente ofreció transportarlos a Bogotá para esa fecha, pero nunca mencionó para esos efectos al 001. Según una alta fuente de la Casa de Nariño, "Gaviria se limitó a decir días después en Bogotá que había que ver cómo podían viajar los músicos". Al parecer, esa sola frase del primer mandatario dio pie para que el jueves 13 de enero Nohra Páez de Fonnegra, asesora del despacho de la primera dama y quien tradicionalmente se encarga de coordinar los desplazamientos de Ana Milena en el avión presidencial, solicitara por escrito al jefe de la Casa Militar, el capitán Jorge Cepeda, transportar a la delegación vallenata de Valledupar a Bogotá el sábado 29, y regresarla el domingo 30. La asesora preguntó igualmente cuánto costaría el viaje. En ese proceso surgió la idea de que se usara el Fokker, aunque nadie ha sido capaz hasta ahora de decir a quién se le ocurrió esta salida.
Los días pasaron y la burocracia actuó. La Casa Militar, en coordinación con el Grupo de Vuelos Especiales de la FAC, dejó todo listo para que la solicitud de la asesora fuera satisfecha. El Presidente, quien esa semana viajó a Centroamérica, con su esposa y el jefe de la Casa Militar, se desentendió del asunto. El hecho es que el Fokker salió de Bogotá a las 8:30 de la mañana del sábado 29 y retornó, cargado de acordeones, guacharacas y parranderos vallenatos, ese mismo día a la 1:30 de la tarde.

LA PARRANDA
Los primeros en llegar ese sábado hacia las 2 de la tarde fueron el ex presidente Julio César Turbay y su señora Amparo Canal. Los recibió Gaviria, vestido de pantalón de pana color caqui y una camisa amarilla. A los 20 minutos bajó la primera dama, luciendo yines y una camisa a rayas blancas y azules, sobre la cual llevaba un suéter rojo. Todo se cumplía en un salón adjunto al comedor de la casa privada en cuyas paredes colgaban dos letreros: uno, firmado por Simón y María Paz, decía "Feliz cumpleaños mamá"; el otro, simplemente "Feliz cumpleaños Milena".
Aparte de los familiares del Presidente y su esposa asistieron, entre otros, el ministro de Gobierno, Fabio Villegas y su esposa; el ministro de Minas, Guido Nule y su esposa; Luis Carlos Sarmiento y señora; Roberto Pumarejo y Lilí Scarpetta de Pumarejo; Carlos Gómez y Claudia de Gómez; el presidente de Ecopetrol, Juan María Rendón y su esposa; Ivonne Nicholls, y María Teresa Calderón y Ana María Escallón, asesoras de la primera dama. Era una fiesta informal. A lo largo de la tarde se sirvieron picadas de papa criolla, chorizo y arepa, y a las nueve de la noche se ofreció una paella con sangría. Y aunque casi todo el mundo tomó aguardiente, el Presidente y su esposa siguieron su costumbre: él bebió whisky y ella cerveza.
Todos los invitados vestían de sport, salvo el embajador en Venezuela, Alberto Casas Santamaría, quien debió pronto quitarse la corbata. La informalidad llegó a su máxima expresión cuando se rompió una piñata en forma de canasto de la cual cayeron docenas de bolas de colores de pingpong, con las cuales varios de los invitados simularon una guerra.
El Presidente se fue animando hasta un momento en el cual se acercó a los músicos y, como es su costumbre cuando el asunto es con vallenatos, les pidió prestada la caja para llevar el ritmo de las melodías del Cesar. Más tarde, inspirado, declamó unas rimas de Bécquer, algunos versos españoles y un poema de Eduardo Carranza.

UNA MALA NOTICIA
A todas estas, dos asesores del Presidente tenían atragantada una mala noticia: se habían enterado del uso del Fokker para traer a los vallenatos. No quisieron decirle nada en esos momentos a Gaviria, pues sabían que se disgustaría y creyeron que le aguarían la fiesta. Lo hicieron al día siguiente y sus temores se confirmaron: Gaviria se disgustó como pocas veces lo ha hecho. Pasó un día tan malo que ni siquiera los aplausos con los que fue recibido en la plaza de toros esa tarde pudieron mitigar su ira. Por la noche tomó una decisión que a la larga lo salvaría de un escándalo mayor: preguntó cuánto había costado el chiste y giró los cuatro millones 357 mil pesos.
Conocida la noticia, el episodio despertó la crítica casi unánime de columnistas y precandidatos presidenciales; pero, sobre todo, de la opinión pública, consultada sobre el tema mediante encuestas y sondeos. No obstante, se reconoció como favorable el hecho de que Gaviria hubiera pagado la cuenta. Así desinfló parcialmente lo que hubiera podido ser un escándalo inmenso, un escándalo mayor, en especial en tiempos de campaña electoral.
Entre los críticos, el más severo ha sido el senador Enrique Gómez Hurtado, quien se preguntó con venenosa ironía: "Yo no sabía que el avión presidencial estaba para ser alquilado. Porque, si es así, yo lo alquilo para mi campaña". Abriéndole otro frente al debate, agregó: "¿De qué se extrañan si los helicópteros de la FAC están al servicio de las amigas de Ana Milena?".
Otras críticas apuntaron hacia la mala presentación que, en un país donde la inmensa mayoría de la población nunca ha visto cuatro millones de pesos juntos, tuvo el hecho de que el primer mandatario los girara para un objetivo tan excéntrico, y luego comentara el asunto con los periodistas, en unas declaraciones bastante desafortunadas, salpicadas de risa y apuntes humorísticos.
De seguro el Gobierno se habría ahorrado toda esta confusión y críticas si, en vez de presentar inicialmente lo sucedido como un episodio normal en el cual Gaviria tomó previamente la decisión de traer a los músicos de Valledupar y pagar por ello, hubiera contado las cosas tal y como pasaron: por cuenta de una serie de descuidos en los que aparecen involucrados funcionarios del despacho de la primera dama y de la Casa Militar, se terminó usando el avión presidencial en una misión que no lo merecía y, enterado de esto posteriormente, el Presidente resolvió pagar la cuenta.
Esta es la verdad monda y lironda. Todo lo que se agregó, en lugar de aclarar, confundió.
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