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| 5/18/1998 12:00:00 AM

LA CASA EN ORDEN

¿Qué hay detrás de las denuncias del ex alcalde Jaime Castro sobre presuntas irregularidades en el proceso de capitali zación de la EEB ?

La semana pasada, en carta enviada al Concejo Distrital, el ex alcalde de Bogotá Jaime Castro desató un escándalo al denunciar la devolución de 500 millones de dólares al consorcio hispano-chileno que mediante una infusión de capital de 2.178 millones de dólares en septiembre pasado obtuvo el control de aproximadamente el 50 por ciento de las operaciones de distribución y generación de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB). El que empresas en las cuales el Distrito participa de manera importante y que fueron parcialmente privatizadas hace pocos meses reintegren a inversionistas privados una suma de esas magnitudes inevitablemente genera preocupación al observador desprevenido. Sin embargo, analizando con más cuidado lo sucedido, es evidente que la operación de reducción de capital de las empresas tiene sentido tanto para las compañías como para la ciudad. La base fundamental de esta afirmación es que tras la infusión de 2.178 millones de dólares, Codensa y Emgesa _empresas de distribución y generación de energía que surgieron de la vinculación de capital privado a la EEB_, quedaron sobrecapitalizadas. Antes de la operación la EEB tenía deudas del orden de los 1.500 millones de dólares, las cuales se vencían, en su gran mayoría, entre este año y el próximo. Estas deudas fueron transferidas casi en su totalidad a las nuevas empresas operativas en el momento de la capitalización. Con el dinero obtenido en el proceso Codensa y Emgesa repagaron cerca de 1.200 millones de dólares de estas deudas. Los 300 millones de dólares restantes corresponden a empréstitos que o no pueden ser prepagados o tienen términos muy favorables. Y en todo caso representan un endeudamiento manejable para empresas de ese tamaño. Además, el pago de estas deudas permitió liberar recursos que con las utilidades generadas en 1997 y la recuperación de más de 180.000 millones de pesos en cartera morosa permitieron durante el año pasado a la EEB solventar su pasivo pensional y asignar cerca de 200 millones de dólares para realizar inversiones en la red de distribución de Codensa. En otras palabras, el dinero de la capitalización le permitió a la empresa poner la casa en orden y además le generó un excedente. Entonces, la pregunta obvia es: ¿Por qué se decidió repartir el exceso de capital a los socios? Lo primero que hay que aclarar sobre este tema es que la reducción de capital de cerca de 1.000 millones de dólares fue aprobada de manera unánime por las juntas de las empresas, que incluyen representantes de los inversionistas privados y del Distrito. Con ese dinero se podían hacer esencialmente tres cosas. Primero, retenerlo en caja para que produjera rendimientos y eventualmente destinarlo a inversiones en mantenimiento y expansión. Segundo, utilizarlo para incursionar en otros negocios o para adquirir otras empresas del sector eléctrico. Y tercero, repartirlo a los accionistas. La primera opción no tiene mucho sentido. Desde el punto de vista puramente financiero es muy probable que los accionistas puedan obtener un mayor rendimiento sobre ese capital invirtiéndolo ellos mismos que si la EEB lo maneja en tesorería. Adicionalmente, con las agudas necesidades sociales que tiene el Distrito es difícil argumentar que los recursos que le corresponden a la ciudad se deben invertir en CDT. Por otra parte, el hecho de que Emgesa tenga aproximadamente el 23,7 por ciento de la capacidad de generación eléctrica del país y Codensa cerca del 24 por ciento de la de distribución limita las posibilidades de expansión de las empresas. La ley, para garantizar que ninguna empresa obtenga una posición dominante en el sector, establece un tope del 25 por ciento a la participación que una compañía puede tener en estos negocios a nivel nacional. Finalmente, si bien las empresas requerirán recursos para hacer mantenimiento a sus instalaciones y mejorar la calidad del servicio que prestan, éstas las podrán financiar en gran medida con el flujo de caja que generarán y con préstamos futuros. Después de todo, como lo sabe todo buen economista, la deuda, en casi todos los casos y si se utiliza con moderación, es más económica que el capital. La segunda opción también tiene atenuantes. Aunque existen posibilidades interesantes de adquirir empresas del sector eléctrico, por ejemplo Corelca, como se mencionó anteriormente, ni Codensa ni Emgesa están legalmente facultadas para aumentar sus operaciones de manera considerable. No obstante, se podría pensar en incursionar en otro sector. Incluso la administración anterior de la EEB había sugerido destinar parte de los fondos de la capitalización a una empresa de telecomunicaciones que aprovechara la infraestructura de redes de Codensa. Sin embargo el alcalde Enrique Peñalosa tiene muy claro que el rol del Distrito no es como productor de bienes sino como garante de que éstos se presten en condiciones adecuadas. Por este motivo la administración distrital consideró que lo óptimo para la ciudad era utilizar los recursos en inversión social. La última alternativa es la de devolver dinero a los socios. Esta no solo parece óptima desde el punto de vista puramente económico sino que además le brinda al Distrito una cantidad importante de recursos para su Plan de Desarrollo. En palabras de Paulo Orozco, antiguo gerente de la EEB, "esta es la primera ocasión en que la empresa entrega plata a la ciudad. Tradicionalmente, en sus 100 años de historia, lo que ha ocurrido es lo contrario". En cuanto se refiere al dinero recibido por los inversionistas privados, lo primero que hay que tener en cuenta es que como propietarios de cerca del 50 por ciento de las empresas les corresponden 500 de los 1.000 millones de dólares de excedente.Por este motivo llamó la atención la misiva del ex alcalde Castro, que con argumentos económicos de dudoso calibre esboza presuntas irregularidades en el proceso de capitalización de la EEB y en la reducción de capital. A muchos observadores no dejó de sorprenderlos el hecho de que el reclamo de Castro estuviera dirigido al Concejo Distrital, que por estos días evalúa el proceso de privatización de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá.
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