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| 6/28/2008 12:00:00 AM

La catarsis

En un año y medio de audiencias de justicia y paz, se han visto dramáticas escenas de dolor cuando las víctimas conocen la verdad sobre los crímenes de los paramilitares.

Saturnino Vásquez se encontró de un momento a otro con el relato de cómo los paras habían desaparecido a su hermano Atilio Vásquez Suárez. A pesar de tener los nervios templados después de varios años como fotógrafo de crónica roja en el diario La Libertad, de Barranquilla, este hombre rompió en llanto y se descompuso cuando escuchó la temida narración. Desde el comienzo de las indagaciones a los paramilitares, Saturnino procuró entrar en contacto con los fiscales de Justicia y Paz intentando establecer a través de ellos lo que le había ocurrido hace 11 años a su hermano.

Sin embargo, la verdad que buscaba lo tomó por sorpresa cuando el periódico lo envió a cubrir la versión libre de Juan Manuel Borré, alias 'Javier'. Este desmovilizado empezó a narrar el crimen de un profesor, perpetrado en junio de 1997 en San Juan de Nepomuceno, Bolívar. De inmediato, Saturnino entendió que se trataba de su hermano. Por eso dejó la cámara a un lado y escuchó sobrecogido la narración.

'Javier' contó que secuestró al profesor, al que acusaban de pertenecer a una red de apoyo a la guerrilla, y se lo entregó a su jefe, Salvatore Mancuso, en una finca cerca de Montería, donde le dieron garrotazos en las piernas para que hablara. Como no pudo sacarle la información que quería, Mancuso se lo entregó al comandante '90', quien lo habría fusilado y arrojado al río Sinú. "Mientras él contaba toda esa historia distorsionada, a mí me dio una cosa... no sabía qué hacer, ni qué decir... Fue terrible, sólo al otro día pude volver a hablar", recuerda Saturnino, quien aún guarda la esperanza de encontrar los restos de su hermano. Por su trabajo sabe que en la finca mencionada por 'Javier' existe un cementerio clandestino, y piensa que quizás esté allí.

Todos los fiscales de Justicia y Paz pueden dar cuenta de algún episodio estremecedor como el que vivió este humilde reportero gráfico. En las versiones libres donde los paramilitares relatan sus crímenes se han visto verdaderas escenas de dolor cuando las víctimas, que quieren saber la verdad, se enteran de los más escabrosos detalles sobre las muertes de sus seres queridos.

En las salas de la Fiscalía se han dado todo tipo de afectaciones. Desesperación, presión en el pecho, llanto, temblor, agotamiento, pérdida de la visión, hernias, tristeza, rabia, inflamación en los ovarios, taquicardia, preinfartos, baja presión, insomnio y pérdida de peso son algunas de las situaciones registradas entre las miles de víctimas en todo el país. Muchos de quienes sufren estos síntomas son mujeres campesinas que han viajado durante horas por carreteras para sentarse en largas sesiones a esperar una migaja de verdad que les permita hacer el duelo a sus hombres, esposos o hijos, desaparecidos o asesinados.

A la fecha, la Fiscalía tiene registradas 10.321 víctimas que han participado en las versiones libres, pero en total son 137.000 las víctimas que han denunciado delitos atribuibles a los paramilitares. Por su parte, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Cnrr) ha prestado atención (sicológica y jurídica) a un total de 21.245 víctimas en todo el país. Además de estas entidades, otras como la Organización Internacional de Migraciones (OIM), la Procuraduría y el Centro Internacional de Justicia Transicional han unido esfuerzos para acompañar a los dolientes.

Pero, a pesar de todos los esfuerzos por preparar a las víctimas para que superen sus traumas, esto no siempre se logra. Ese fue el caso de dos mujeres que, a pesar de haber asistido a varios talleres de sensibilización, en diciembre pasado no fueron capaces de darle la mano a un grupo de desmovilizados que fueron hasta Paz del Río, en Boyacá, a fundir las armas que entregaron los paramilitares. Las mujeres sencillamente empezaron a llorar y no pudieron cumplir con el acto público de reconciliación que había preparado la Cnrr.

También algunos paramilitares han sufrido con el impacto que les significa enfrentar a sus víctimas. El caso de Marco Tulio Pérez, alias el 'Oso', es quizás el más estremecedor. Este comandante paramilitar del bloque Montes de María, que esclavizó por casi cinco años a los habitantes del Libertad, Sucre, sufrió un colapso cuando vio que 20 de sus víctimas entraron al salón donde se disponía a rendir versión libre en febrero pasado. Se trataba de las humildes personas que él había sometido a brutales vejámenes, como ponerlos a trabajar como sirvientes sin descanso ni remuneración

Cuando advirtió la presencia de estas personas, entre ellas algunas mujeres que había violado, el 'Oso' empezó a tartamudear y sudando pidió urgentemente al fiscal que le permitiera ir al baño, donde un ataque de náuseas lo tuvo doblado vomitando por cerca de media hora. "Nunca había conocido de una reacción así de impresionante", dice Eduardo Pizarro, presidente de la Cnrr. Al final, el 'Oso' pidió que la diligencia fuera aplazada porque se sentía muy mal y varias de las víctimas sintieron alegría por ver al que fue su verdugo en esa situación.

En la mayoría de las audiencias el auditorio está compuesto por mujeres que quieren la verdad, pero la crudeza de la misma en algunas oportunidades les impide asumirla. Simplemente se niegan a creer que lo que escuchan sea la verdad. De un caso así da cuenta Ana de Jesús Zapata, quien supo por Diego Alberto Pérez, alias 'Dorian', que su hermano Humberto había sido asesinado por el capricho de un paramilitar el 14 de enero de 2003 y que su cuerpo fue eliminado en una pira de llantas. "Mi mamá no quiso creer. Aún le compra cosas a Humberto pensando que está vivo".

Otras víctimas lo único que anhelan es escuchar la ubicación de la fosa donde yacen los restos de su familiar desaparecido. "No vengo a juzgarlo, lo perdono de corazón. Sólo le pido que me entregue a mis tres hijos para sepultarlos como Dios manda", fue lo único que le dijo una madre malherida en el alma al paramilitar Mangones Lugo, más conocido como 'Carlos Tijeras'. Hasta el momento, la Fiscalía ha exhumando más de 1.500 cuerpos, de los cuales ya identificó plenamente 171 que fueron entregados a sus familias.

Aunque muchas víctimas han hecho una catarsis emocional en las audiencias de versión libre, no se sabe si conocer la verdad hace más fácil que la gente perdone a los victimarios y pueda seguir adelante. Al fin y al cabo, el perdón es un acto individual y opcional. Lo que queda claro con estos casos es que todavía está pendiente un proyecto de reconciliación que evite que muchos de los sentimientos exacerbados por la verdad se conviertan en retaliación.
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