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| 1/26/2015 9:30:00 PM

La historia de los guardianes de La Conejera

Treinta ambientalistas llevan 115 días acampando para impedir la construcción de un edificio de la firma del cuñado del alcalde Gustavo Petro.

Treinta ambientalistas completan ya un tercio de un año viviendo en un potrero. Un sacrificio para impedir la construcción de un edificio que se intenta levantar a sólo cuatro metros de una de las principales reservas ecológicas de Bogotá, el humedal de La Conejera.  

“No somos ambientalistas románticos que no tenemos soluciones”, dice  Mauricio Castrillón Quiroga, uno de los integrantes del colectivo que se opone a la construcción de un conjunto de apartamentos. Lleva 115 días allí, los más intensos de sus más de 50 años de vida.

Desde el sábado 4 de octubre del 2014, Mauricio,  junto a otros 30 ambientalistas, se tomó un predio privado y construyeron un campamento al que llamaron Itzé Tibacuy. Desde ese día, cuando esas personas instalaron carpas, todos comparten no sólo la penuria de vivir en medio de un potrero, sin agua y sin luz, sino también el ideal de defender el humedal que alberga fauna y flora endémica y que es, por algunos meses, el lugar de residencia de aves migratorias.


Foto: Carlos Julio Martínez / SEMANA

Cuando se conoció que uno de los socios de la firma constructora Praga Servicios Inmobiliarios era Juan Carlos Alcocer, hermano de Verónica Alcocer, esposa de Gustavo Petro, la construcción de este edificio salió a la luz pública. Y para ellos fue el momento para adelantar esta particular protesta.

En los días que han transcurrido, Mauricio y sus compañeros han vivido toda clase de penurias. En los primeros días sintieron el acoso de carros extraños que pasaban por el lugar. Luego, tras cinco días de  campamento, un alto oficial de la Policía les pidió que desalojaran el predio, ya que tenía la orden verbal de un superior para sacarlos por la fuerza.


Foto: Carlos Julio Martínez / SEMANA

“No venimos a pelear con la Policía”, le respondió Mauricio y dejó claro que ellos no se moverían de esa zona hasta que se echara para abajo ese proyecto de vivienda.

En adelante la protesta se radicalizó. Los ambientalistas decidieron tomar tres acciones: impedir la entrada de materiales a la obra, presentar las querellas judiciales y recolectar todos los elementos que dieran cuenta de lo que ellos denominan las “múltiples irregularidades de la obra”.

Mientras vigila con unos binoculares el paso de algunas aves y escucha en su celular música de Silvio Rodríguez, Mauricio, el “educador”, como le gusta que lo llamen, cuenta cómo han sobrevivido los casi cuatro meses.

De la comunidad reciben mercados. Para ir al baño abrieron dos huecos en el piso, los tapan con ceniza o aserrín. Para bañarse, algunos van hasta sus casas y otros piden a vecinos que les presten la ducha.


Foto: Carlos Julio Martínez / SEMANA

El campamento es de 20 carpas cubiertas por plásticos. Algunas de las improvisadas viviendas tienen antejardín. En sus fachadas tienen graffitis con frases como: “El peor cáncer es la indiferencia”. En la entrada queda lo que llaman la oficina de información para la comunidad, o de desinformación, si es que alguien pregunta por el proyecto de vivienda.

El tema ha causado revuelo en la ciudad: la Procuraduría, la Contraloría de Bogotá y la Fiscalía General se han pronunciado o han adoptado medidas. La última la instauró el personero de Bogotá, Ricardo María Cañón. Se trata de una acción popular que busca que la justicia suspenda definitivamente la construcción y que el gobierno distrital revoque la licencia construcción.

Este martes, el día 116, no será cualquier otro. El Concejo en pleno sesionará allí, al borde de La Conejera. Será el momento para pedirles a los políticos mayor decisión y que hagan algo por el humedal, pues hasta ahora sólo ha habido silencio e indiferencia.


Foto: Carlos Julio Martínez / SEMANA
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