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| 11/2/1992 12:00:00 AM

La conexión Corleone

Poca coca, poca plata y poco capo cayeron en la publicitada operación Green Ice.

EL HOMBRE SE ENCONTRABA BEBIENDO UN martini en el bar Tre Scalini de Plaza Navona, en pleno centro de Roma, al atardecer del jueves 24 de septiembre.
Mientras apuraba el primer trago de su copa, lo flanquearon dos mujeres altas y fornidas, lo encañonaron sin que ninguno de los presentes en el local lo notara y lo condujeron a un automóvil del Servicio Central Operativo de la Policía Criminal italiana, Todo sucedió en unos cuantos segundos. El responsable del operativo, Vittorio Rizzi pudo por fin respira: "Agarramos a Tony" le dijo a uno de sus subalternos, para referirse al personaje que una semana después sería identificado como el colombiano Orlando Cediel Ospina. Se había desencadenado el capítulo final de la hasta entonces secreta operación Green Ice, hielo verde, o mejor, dólares congelados.
En una docena de ciudades de seis países del mundo, se desató una cadena de allanamientos y capturas como resultado de cerca de dos años de investigaciones coordinadas entre la DEA norteamericana, la Crinalpol italiana y las autoridades de Colombia, Inglaterra, España y Costa Rica, en el primer gran ejemplo de cooperación policial internacional contra el tráfico de drogas.
El lunes 28, con la misma simultaneidad que había caracterizado los operativos, se celebraron en Washington, Roma, Londres y Madrid, ruedas de prensa de los responsables antinarcóticos de los distintos países, que anunciaron con bombo y platillos lo que apareció luego en los medios de comunicación como una histórica victoria sobre las organizaciones criminales que de Cali a Sicilia, pasando por España, la Florida y California, manejan el tráfico de cocaína.
Lo que vino después fue una gran confusión de cifras de capturados y cantidades de droga y de dinero incautados, de nombres falsos y verdaderos de los más de 200 detenidos, y de versiones sobre el origen y verdadero alcance del golpe. Con ayuda de sus corresponsales en Estados Unidos e Italia, y con base en documentos y declaraciones de las autoridades antinarcóticos de Colombia, SEMANA pudo reconstruir la historia de Green lce, con el fin de evaluar de manera más fría los logros reales de la operación.

FRACASO EN EL MUNDIAL
Lo que muy pocos saben sobre Green Ice es que su gestación se remonta a las semanas que siguieron al asesinato de Luis Carlos Galán en Soacha, en agosto de 1989. Por aquellos días la Policía Nacional llevó a cabo una serie de allanamientos contra centros de operación de los carteles, principalmente en Cali y Medellín. En el caso de la capltal del valle fue posible recoger algunos documentos e informaciones que permitían sospechar que se estaban consolidando las relaciones entre el cartel de Cali y ni más ni menos que las organizaciones de Corleone en Sicilia, el mismo poblado de donde alguna vez surgió la familia retratada en la película "El Padrino".
La información de los organismos secretos colombianos fue pronto compartida con la DEA, y de ese intercambio de datos resultó la convicción de colombianos y norteamericanos en el sentido de que el Campeonato Mundial de Fútbol de Italia en junio del 90 sería el escenario de una cumbre para cerrar grandes negocios entre caleños y corleonesi.
Todo indicaba que, a diferencia de lo sucedido a mediados de los años 80 en Nueva York, cuando el cartel de Medellín y los distribuidores italianos de droga en la costa este se trenzaron en una sangrienta guerra sin cuartel, los jefes del cartel de Cali habían demostrado su habilidad para negociar y en vez de enfrentarse a los poderosos sicilianos, habían logrado un acuerdo con ellos para la distribución de decenas de toneladas de cocaína en Europa.
Los traficantes caleños habían soñado desde hacia varios años con abrir en Europa un mercado de consumidores de cocaína, tan importante como el norteamericano. Los informes de la DEA y la Policía colombiana indicaban que el sueño se estaba convirtiendo en realidad. Para evitarlo, norteamericanos y colombianos decidieron aunar sus esfuerzos a los de los organismos antinarcóticos de Italia, con el fin de preparar una gigantesca emboscada a los grandes capos caleños y sicilianos, que coincidirían en los estadios y hoteles de las ciudades del Mundial de Fútbol.
La operación se preparó con tiempo. La Policía colombiana infiltró media docena de agentes en la organización criminal caleña, de tal manera que acompañaran a la delegación del cartel que se desplazaría a Italia. Cuando arrancó el Mundial, los principales peces gordos estaban ya en Roma y las demás sedes del torneo. La red estaba lista a caer sobre ellos. Las autoridades de los tres países coincidieron en que sería útil hacerles un seguimiento por varios días y tratar de interceptar sus conversaciones, para enriquecer el acervo probatorio en su contra, y en especial para reunir información sobre lo que resultaba más desconocido para todos: el papel que iban a jugar los sicilianos en el gigantesco negocio.
La demora fue fatal. Al parecer, el grado de penetración de la Policía italiana por parte de los corleonesi permitió que éstos se enteraran de lo que se preparaba, y alertaran a sus socios colombianos, que huyeron al instante de Italia. Al final de cuentas y gracias a la filtración de información, la mayoría de las capturas se frustró y apenas se lograron las de algunos colombianos que no se resistieron las ganas de asistir a los partidos de la selección nacional del Pibe Valderrama, en una noticia que en su momento produjo algunos titulares importantes.

DOS AÑOS DE PACIENCIA
Pero aunque las principales capturas no se dieron, la información reunida durante los seguimientos, las intercepciones telefónicas y el interambio de datos entre los Estados Unidos, Colombia e Italia, así como las revelaciones hechas por algunos de los detenidos, permitieron- sentar las bases de la cooperación trilateral con miras a descifrar no sólo los contactos para la venta de cocaína colombiana al por mayor y su distribución al detal en Europa, sino la telaraña bancaria montada con el fin de lavar cientos de millones de dólares producto del negocio.
A medida que se descubrían nuevos datos, se incorporaban agencias antidrogas de otros países del mundo, particularmente de España e Inglaterra, a donde la cocaína del cartel de Cali parece estar llegando en grandes cantidades. A la vuelta de unos dos años, se pudieron obtener las siguientes conclusiones:
· En vista de que el cartel de Cali se había hechó al control de un porcentaje cada vez mayor de la producción de cocaína en Colombia debido a los golpes que estaba recibiendo el de Medellín, necesitaba definitivamente ampliar sus mercados a Europa, pues además, el consumo en Estados Unidos, que no había parado de crecer en la década de los 80, parecía haberse estancado al comenzar los 90.
· Con su tradicional habilidad negociadora, los jefes caleños habían logrado llegar a acuerdos con la mafia siciliana, y en menor escala con algunos jefes de la camorra napolitana y de los capos de Calabria, para que ellos se encargaran de la distribución de la cocaína en toda Europa, especialmente en los países de la derribada cortina de hierro, que de la noche a la mañana se habían convertido en atractivos mercados para el producto.
. Como el cartel de Cali se ha distinguido siempre por el grado de sofisticación de sus redes de lavado de dólares de Estados Unidos y las islas del Caribe hacia Colombia, la propuesta que sus jefes le hicieron a los italianos es que les pagaran los embarques de droga con el traspaso de propiedades de finca raiz en Norteamérica (especialmente en la Florida y California), aprovechando que se trataba de propiedades ya legalizadas por los sicialianos. Otra forma de pago se daba por medio de consignaciones en cuentas de bancos y exportadores ficticios colombianos en entidades financieras de EE.UU. y de islas como Caimán.
· En cuanto a las consignaciones bancarias, el cartel de Cali se ha especializado desde mediados de los 80 en un sistema conocido como "operación pitufos", que consiste en dividir los millones de dólares en consignaciones en efectivo y cheques siempre inferiores a los 5 .000 dólares, por cuanto así evaden el control de las autoridades cambiarias y tributarias norteamericanas.
· De esas cuentas, los bancos y los exportadores ficticios colombianos trasladan los fondos a Colombia, como si se tratara del producto de exportaciones legales como cuero y flores, entre otros.
Con este panorama esclarecido, llegó la hora de las capturas, de la confiscación de dólares y de la intervención de cuentas bancarias. Para ello fue necesario esperar a que coincidieran muchas circunstancias en los distintos países involucrados. Ninguno podía adelantarse en los operativos, pues podría hacer fracasar los de los demás.
Fue así como pasaron varios meses de paciente espera hasta que todo estuvo a punto a mediados de septiembre.

QUE TANTO SE LOGRO?
Pero a pesar de la prolongada espera, los resultados efectivos no son tan halagadores como se creyó inicialmente. Como le dijo a SEMANA una alta autoridad policial colombiana: "De estas operaciones hay que destacar la gran cooperación internacional, sin antecedentes en la lucha antidrogas, pero hay que lamentar que finalmente no haya caído ningún pez realmente gordo".
Todo indica que fueron demasiado optimistas las declaraciones de Robert Bonner, jefe de la DEA, y de Vincenzo Parisi, jefe de la Policía italiana, que en un principio calificaron los resultados de Green Ice como un golpe al corazón del cartel de Cali, de la mafia italiana y de las redes de tráfico de drogas y de lavado de dólares.
La realidad, al terminar la semana, parecía distinta: aquellos detenidos que fueron señalados como peces gordos, son en realidad operadores de importancia relativamente menor, en el sentido de nue ninguno es irremplazable para el cartel. Es el caso de Rodrigo Polanía Camargo, que al parecer manejaba los intereses de los narcotraficantes caleños desde sus oficinas en la exclusiva población costera de La Jolla, cerca de San Diego en Califorrnia. Polanía fue definido por un fiscal norteamericano como "un alto ejecutivo del banco central colombiano (Banco de la República)", cuando en realidad era un abogado de tercer nivel de la Superintendencia Bancaria.
También es el caso de Orlando Cediel Ospina, capturado en Roma y exageradamente definido por las autoridades italianas como "el Papa de la droga". Lo mismo parece suceder con los otros colombianos detenidos en Costa Rica, y con los tres italianos considerados "jefes de finanzas" de las mafias de Sicilia, Calabria y Nápoles.
A medida que las informaciones han podido ser valoradas en su justa proporción tanto en Italia como en Colombia, ha surgido el convencimiento -que ahora las fuentes oficiales aceptan en voz baja de que más que jefes de finanzas o Papas de la droga, se trataba de personas encargadas de llevar y traer maletas con dólares, y de consignar cheques. "Lo cierto es que como ellos puede haber decenas y hasta centenares que no cayeron en la operación, pues a juzgar por la forma como el cartel de Cali maneja las transacciones en dólares por medio de pequeñas cantidades para no despertar sospecha, es evidente que en su organización hay muchas más personas del mismo nivel del de las que fueron capturadas", explicó a SEMANA una fuente del Gobierno colombiano.
Las mismas dudas surgen al analizar la cantidad de dólares y de droga incautadas. En cuanto a los dólares, se habla de unos 50 millones, entre efectivo y propiedades. Esto no es despreciable, pero su importancia se vuelve demasiado relativa si se compara dicha cantidad con los supuestos 3.600 millones de dólares de ingresos anuales que obtienen los carteles colombianos, o con los 800 millones de dólares que al parecer lavan y trasladan a Colombia cada año (ver cuadro).
Y en lo que se refiere a la droga, la cantidad apenas supera los 700 kilos, cifra aún más insignificante si se tiene en cuenta que sólo Colombia (que incauta cerca del 75 por ciento del total mundial) decomisa un promedio anual de 45 a 50 toneladas (ver cuadro), con años récord como el pasado, cuando la cifra ascendió a 70 toneladas, gracias a las 28 capturadas a fines del año en Córdoba, listas para ser embarcadas.
En resumen, es posible que a medida que pasen los días, a la euforia inicial siga un sentimiento más bien de desaliento. Al fin y al cabo se trata de un gigantesco y sostenido esfuerzo de cerca de 30 meses, en el que participaron de manera coordinada las autoridades policiales de los países más comprometidos en el problema de la droga y de las mafias. Es posible que las autoridades norteamericanas en plena campaña electoral y las italianas en medio de la crisis de credibilidad derivada del asesinato de los jueces antimafia-sigan diciendo, de dientes para afuera, que todo fue un éxito.
Pero quizás resulten más sinceras las declaraciones del general Miguel Gómez Padilla, comandante de la Policía Nacional, quien como invitado a la rueda de prensa con que la DEA anunció en Washington la culminación de Green Ice, en vez de hablar de una gran victoria, prefirió valorar que por fin se hubiera dado la colaboración internacional tantas veces demandada por Colombia, y por cuenta de ello se ganó la felicitación y los aplausos de los periodistas que estaban en el salón. La pregunta que queda es si pasada la campaña electoral en los Estados Unidos, y superado el mal ambiente de opinión en Italia, dicha cooperación seguirá, y si esfuerzos como los que se comprometieron en Green Ice permitirán algún día capturar algo más que simples lavadores de dólares.
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