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| 7/1/2006 12:00:00 AM

La conexión holandesa

Ver para creer: Colombia se ha convertido en importador de drogas ilegales, como lo demuestra la detención de una red de narcos holandeses.

Durante las últimas dos décadas Colombia ha sido tristemente conocida por ser el principal exportador de coca del mundo. Lo que para muchos parecería paradójico y hasta irónico, es que el país que es considerado el mayor productor de cocaína del mundo también se haya transformado en importador de drogas ilegales. Eso quedó en evidencia el pasado 11 de junio con la detención de una red de narcos liderada por el holandés Maike Arie Adrianus, en Soledad, Atlántico.

A comienzos de este año, un grupo especial antidrogas de la Dirección Central de Inteligencia (Dijín) había recibido una información según la cual un extranjero era el principal proveedor de éxtasis en la Costa Atlántica, Antioquia, Valle y Bogotá. El éxtasis es una droga sintética cuyo consumo en los últimos cinco años se ha vuelto bastante popular, especialmenente entre personas de 18 y 30 años. Aunque en Colombia se han detectado laboratorios en donde se produce esa droga, su calidad no es muy alta por eso y debido a la demanda interna, las redes de narcos la importan del país que es el principal proveedor internacional: Holanda.

Durante semanas enteras, varios integrantes de la Dijín se dedicaron a rastrear por varias ciudades de la Costa Atlántica con el fin de ubicar a los integrantes de la red. Con el paso de los días, y gracias a una dispendiosa labor que implicó policías encubiertos, localizaron a Adrianus en una popular discoteca de Barranquilla. Durante semanas enteras lo siguieron por bares y bailaderos de Cartagena, Santa Marta, Medellín y Cali. No era extraño ver al holandés también en after parties y fiestas electrónicas en esas ciudades. El holandés acudía a esos sitios que eran los lugares en donde distribuía el éxtasis.

Lo que nunca sospechó este hombre de 35 años es que sus incursiones en esos sitios de rumba eran vigiladas por un grupo de la Dijín. Como parte de la investigación las líneas telefónicas, fijas y de celular, habían sido intervenidas por las autoridades. Esos controles les permitieron establecer el método, la ruta y los socios que utilizaba el holandés para introducir la droga a Colombia.

Descubrieron que las pastillas de éxtasis salían desde Ámsterdam, Holanda, hacia Caracas o Isla Margarita, en Venezuela. Desde allí era transportada por territorio venezolano vía terrestre hasta la frontera con Colombia. La red alquilaba carros en Cúcuta, Paraguachón y Riohacha e ingresaban el cargamento al país. Desde Barranquilla se coordinaban los envíos al resto de ciudades colombianas.

Aunque el holandés tenía una red de distribuidores tanto en Venezuela como en Colombia, supervisaba y efectuaba personalmente la mayoría de las entregas. Con toda esta información en su poder, el grupo de la Dijín logró establecer que el 11 de junio Adrianus había organizado una reunión con uno de sus socios para planear la distribución de un cargamento que acababa de recibir de Venezuela. En las primeras horas de ese domingo allanaron una humilde vivienda en Soledad, que servía de centro de acopio.

Los policías encontraron al holandés, su socio y más de 10.000 pastillas de éxtasis. Era el segundo mayor decomiso de esa droga en el país después de las 12.000 pastillas que fueron incautadas en abril de 2001 en Bogotá. El rey del éxtasis había quedado tras las rejas. La información recolectada a lo largo de la investigación por los policías fue transmitida a sus colegas en Ámsterdam con el fin que ellos en ese país arresten al resto de la red que conforma la conexión holandesa.
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