Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 2013/07/03 00:00

La conmovedora historia del caballo adolorido

Conmoción en la hípica por el triunfo de un purasangre tras la muerte de su entrenador.

El purasangre 'Achtung' vence en la carrera del domingo pasado en el hipódromo de La Zarzuela. Foto: Revista 'a galopar'



En ocasiones, los animales les dan a los humanos unas lecciones de vida y de agradecimiento difíciles de creer. El caso más reciente ocurrió el fin de semana pasado en el Hipódromo de La Zarzuela, en Madrid, España, en donde Achtung, un caballo sin posibilidad alguna en el Gran Premio de esa ciudad, sorprendió a sus rivales y logró el triunfo cinco horas después de que su entrenador, Roberto López, falleciera de leucemia en una clínica de la ciudad. El animal corrió dolido, hacia la meta y batió a sus rivales en medio de las lágrimas de los espectadores que no daban crédito a lo que veían.

“Algo espectacular y mágico a un tiempo sucedió en la tarde del domingo en el madrileño hipódromo de La Zarzuela. Algo que convirtió las gradas y todos los espacios del recinto en un emotivo clamor y en un estallido de aplausos que no cesaban, además de abrazos y sollozos. “Si nadie daba un duro por este caballo...”, era el comentario más generalizado. Sin embargo, Achtung, que así se llama este purasangre de cuatro años, cruzaba contra todo pronóstico (las apuestas estaban 40 a uno en su contra) el primero la línea de meta de la carrera más importante de España, dotada con 85.000 euros, de los que 50.000 eran para el primer ganador”, dice en una crónica el diario El País.

“Si el mundo de las carreras hípicas en España fuese tan popular como el fútbol, mañana mismo un director de cine escribiría el guión cinematográfico de lo vivido en el Hipódromo de La Zarzuela”, argumentó en otra nota elperiodico.com.

Los cronistas cuentan que cuando se iba a dar la largada, el público ya estaba enterado de la temprana muerte de su entrenador de siempre, Roberto López, de 42 años.
Muchos se sintieron invadidos por un sentimiento de duelo en la 78º edición del Gran Premio de Madrid, la prueba reina de las carreras de caballos en España, la más emblemática y relevante. Doce caballos disputaban ganar este conocido premio. Ese era precisamente el gran reto que tenía el entrenador Roberto López.

Todos los propietarios de purasangre, entrenadores y jinetes sueñan con el Gran Premio de Madrid, que se remonta a 1919. Todos quieren lucir sus colores en la pista, ya que sus ganadores escriben con letras de oro su nombre en su historia de la hípica nacional. Entrenadores y jinetes preparan juntos la estrategia de todo el recorrido y Roberto López, a pesar de la enfermedad, estuvo junto a su caballo casi hasta el último momento, unas semanas antes de fallecer. Achtung era una de sus grandes pasiones a pesar de sus escasos resultados.

Por eso, su gran sueño era ganar con el caballo el Gran Premio de Madrid. No obstante, pocos, a parte de su jinete, Marino Gomes, creían en este purasangre. La carrera transcurría según lo previsto: Achtung estaba entre los últimos caballos, como casi siempre. Parecía su destino. Entre Copas, el favorito de todos se venía más fuerte.

“Pero de repente, en la recta final, el pupilo de Roberto, que casualmente llevaba el número 1, apareció desde los últimos puestos como una exhalación, y progresando tranco a tranco, fue aproximándose a Entre Copas. Le alcanzó en la línea de meta. Realmente parecía correr empujado por una mano que no era la de su jockey. Algunos asistentes llegaron a decir que “era un milagro” y que “quien le empujaba era su entrenador”. Cruzó la meta medio cuerpo por delante de Entre Copas”, cuenta El País.

El relato de El Mundo lo dice todo: “En la última parte de los 500 metros finales, Achtung llega con fuerza por el centro y le arrebata ‘in extremis’ la victoria a Entrecopas. “Esto es mano de Dios”, grita el comentarista de la retransmisión entre lágrimas: “Ganó Achtung y no está él para verlo”.

Y, ¿qué ocurrió entonces? El aplauso fue atronador, máxime cuando todo el hipódromo estaba impresionado con la noticia de la muerte de Roberto. Su jinete no paraba de llorar porque no se lo creía. Él mismo decía que se había sentido volar y que la victoria era de Roberto, que estaba allí entre ellos. Eso era lo que opinaba todo el mundo en la grada: “Es como un milagro”. Era el homenaje póstumo de un caballo al hombre que le habían entregado todo el tiempo. Era una lección de agradecimiento.

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