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| 1/3/1994 12:00:00 AM

LA CONSTANCIA VENCE...

Cuando ya nadie daba un peso por sus éxitos, el Bloque de Búsqueda se sacó el premio gordo.

LA INFORMACION ERA DE primera mano. Si todo hubiera ocurrido como se había planeado, el regalo del Niño Dios que habrían recibido los colombianos el año pasado habría sido, ni más ni menos, que la captura de Pablo Escobar. Ese día el grupo de inteligencia del Bloque de Búsqueda había recibido una llamada de uno de los más cercanos lugartenientes del jefe del cartel de Medellín.
La llamada puso al tanto a las autoridades del lugar donde Escobar y su familia celebrarían la noche de Navidad.
La nochebuena estaba programada en una hacienda en el municipio de Jericó (Antioquia). El informante se comprometió a comunicarse con las instalaciones del Bloque tan pronto Escobar llegara a la fiesta. Y así fue. Cerca de la una de la mañana, el tan esperado santo y seña llegó. Como no se conocía de antemano el lugar donde estarían, y dado que la información se recibió a altas horas de la noche, el operativo se montó sobre la marcha. Para no despertar sospechas, el comando de asalto fue camuflado en un camión lechero. A las cuatro y media de la mañana, los oficiales del Bloque irrumpieron en la casa, donde la fiesta estaba en su apogeo. Requisaron palmo a palmo el lugar, pero no encontraron nada.
Una hora antes, Escobar había abandonado la celebración. La inquietud y su paranoia no lo habían dejado disfrutar de la fiesta.
Esta fue la primera vez, desde la fuga, en que el jefe del cartel de Medellín estuvo a punto de caer en manos de las autoridades. Pasaría casi un año hasta que los efectivos del Bloque volvieran a pisarle los talones en el municipio de Aguasfrías, de donde inexplicablemente burló un cerco tendido por más de tres mil hombres. Pero cada vez que algo así sucedía, la convicción de los hombres que conformaban el comando conjunto diseñado para darle cacería era que sus posibilidades no podían ser infinitas. Y esas posibilidades se le agotaron 14 meses después, ante el asedio de los comandos que le fueron restando espacio y limitando recursos.

CUESTION DE TIEMPO
El resultado final no fue fruto del azar. Obedeció a la necesidad, señalada sobre todo por el ministro de Defensa. Rafael Pardo. de conformar una unidad en que confluyeran todos los esfuerzos hasta entonces dispersos por hacerles frente a las organizaciones del narcotráfico. En menos de 10 años los carteles habían logrado consolidarse a tal punto que las autoridades, poco preparadas para hacer frente a semejante organización, daban palos de ciego para combatirlas. La fuga de Pablo Escobar de la cárcel de La Catedral precipitó un profundo examen de la situación, y por primera vez se pensó en conformar un equipo conjunto para hacer frente a las organizaciones narcoterroristas y dar con el paradero del jefe del cartel de Medellín.
Fué así como hace 14 meses Rafael Pardo llamó a su despacho a uno los hombres que más sabía sobre el tema, a quien le encomendó la elaboración de un diagnóstico de la situación y de una estrategia para lograr el objetivo. Unas semanas después, sobre el escritorio del Ministro reposaba un grueso libro blanco que pronto se convertiría en la biblia del Comando Especial Conjunto, organismo que sería bautizado por uno de sus creadores como el Bloque de Búsqueda.
Pero una cosa era la teoría y otra la práctica. El audaz plan se proponía capturar a Pablo Escobar en un plazo máximo de 90 días, antes de que, con el tiempo, el que entonces era un reo fugitivo se volviera a convertir en el dueño y señor de la organización narcoterrorista. Tres meses después, el tan esperado objetivo no se había logrado. y no sólo porque Escobar tuviera capacidad económica e intimidatoria, el dominio sobre el terreno, la capacidad de manipular la información y un elevado nivel de penetración en los organismos del Estado, sino porque, además, la postura firme de uno de sus más temidos adversarios varió inesperadamente. La Fiscalía que hasta entonces había tenido las palabras más duras para con el narcotráfico, comenzó a mostrarse cada vez más dispuesta a negociar una nueva entrega. Esa tendencia se evidenció con el paso del tiempo, hasta que. en marzo de 1993. el fiscal General de la Nación, Gustavo de Greiff, se metió en camisa de 11 varas al afirmar que Escobar no había sido capturado por el Bloque de Búsqueda por la "corrupción, ineficiencia y cobardía" de sus integrantes. No había terminado aún sus acusaciones, cuando le llovieron rayos y centellas por parte de la Fuerza Pública y la misma opinión.

TIEMPOS DIFICILES
Mientras esto sucedía, el Bloque de Búsqueda entraba en una etapa de profunda autocrítica. A pesar de los éxitos obtenidos con los operativos que culminaron con la baja de terroristas de la talla de Brances Muñoz Mosquera, alias "Tyson". Mario Castaño Molina, alias "El Chopo",. y Johny Rivera Acosta, alias "El Palomo", el principal objetivo, que era la captura de Pablo Escobar, no se hahía logrado. Lo que pocos críticos tomaron en cuenta en ese entonces es que precisamente el Bloque se había propuesto accionar en forma piramidal, vulnerando la organización del cartel de Medellín desde su base hasta llegar paulatinamente a su cabeza.
Pero no fué este el único inconveniente. Algunos sectores de la opinión aprovecharon el tono dc crítica de la Fiscalía para sacar a relucir las astronómicas cifras que se estaban invirtiendo en perseguir una meta que cada vez parecía más lejana. Sin embargo,
hasta ese momento la situación era aún manejable. Nadie podía desconocer que los 360 miembros del Bloque de Búsqueda trabajaban día y noche en procura de cumplir su misión. y que sus esfuerzos habían asestado duros golpes al crimen organizado. Además de afrontar los problemas de la mala imagen, el Bloque se vio obligado a sortear los problemas que implicaba la reticencia que despertaba su presencia ante las autoridades departamentales.
En estos momentos críticos. la actitud de la Procuraduría General de la Nación no fue de mucha ayuda. Aunque su presencia fue exigida por los comandantes dcl Bloque para garantizar la transparencia en los operativos, poco a poco sus exigencias procedimentales terminaron por entorpecer la capacidad de respuesta de los comandos y por comprometer el resultado final de la operación. El factor sorpresa de los operativos terminó perdiéndose en un mar dc papeleos y requisitos burocráticos.

CUESTION DE PACIENCIA
A pesar de los tiempos difíciles, los jefes de operaciones de búsqueda persistían en su labor de hormiga. Sabían que los resultados no serían inmediatos, y que su trabajo no dependía del azar. Durante más de un año, allanaron una y otra vez la zona de influencia de Escobar. Lentamente aprendieron a conocer su modus operandi. Llegaron a convertirse en expertos en identificar caletas, cfectuar rastreos, reconocer cercos de seguridad y detec tar vías de escape. Y quizás uno de sus mayores éxitos fue comprender que mientras Escobar estuviera en Envigado o en El Poblado las probabilidades de encontrarlo serían remotas. Por ello, convirtieron esas dos zonas en las áreas de mayor actividad, no tanto para atraparlo sino para que no se atreviera a asomarse por allí.
Y cuando ya nadie daba un peso por la captura de Escobar, una llamada al apartamento 2901 de las Residencias Tequendama en Bogotá activó el operativo con que sonaron las autoridades durante los 499 dias que duró la I fuga. Bastaron tan sólo 20 minutos para reivindicar la iniciativa criolla de poner bajo un mismo techo a efectivos del Ejército y la Policía, y para diseñar, por primera vez, una estrategia clara y coherente que diera la medida para combatir efectivamente un enemigo de la talla del narcoterrorismo. Tras la muerte de Escobar, el Bloque de Búsqueda se convirtió en un modelo de exportación que muchos países estarían hoy dispuestos a imitar para combatir el crimen organizado. Si algo quedó igualmente en evidencia ante la comunidad internacional el pasado 2 de diciembre es que un grupo de hombres son capaces de enfrentar al criminal más buscado del mundo, pero se requiere una clara voluntad política para hacerles frente a los tentáculos del narcotráfico.
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