Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/11/21 00:00

"La crisis no es el delirio de un paranoico"

En entrevista con SEMANA, ex presidente Samper dice que no hay que subestimar a Chávez, que la idea de las bases es el peor error desde la pérdida de Panamá y que la liberación de los secuestrados va de mal en peor.

“Los equipos que habrá en las bases no son para combatir a la guerrilla y los narcos”

SEMANA: ¿Qué tan grave es que el Ejército venezolano haya volado dos pasos peatonales en la frontera?

Ernesto Samper: Esto no se puede ver aislado de los incidentes que se han presentado en los últimos 90 días, y en los que si usted revisa, han empezado a estar involucradas autoridades y organismos de inteligencia de los dos países.

SEMANA: ¿Con estos episodios pasaremos de la preguerra a la guerra?

E.S.: No habrá una guerra en el sentido convencional, pero en la frontera se está cocinando un conflicto de mayor escala. Esto tiene que ver con la crisis social que se está viviendo allí y por la inactividad del gobierno de Colombia, que está más interesado en escalar este conflicto político, atendiendo otro tipo de intereses.

SEMANA: ¿Qué tipo de intereses?

E.S.: Se dice que Chávez está desprestigiado y necesita esto para las elecciones. Pero acá también puede haber sectores que buscan mantener el conflicto porque les puede dar dividendos electorales inmediatos. Puede que no el Presidente, pero quién sabe. De golpe el mantenimiento del conflicto puede legitimar una reelección. Porque las Farc ya no dan más.

SEMANA: ¿O sea que tendremos crisis para rato?

E.S.: Es obvio que detrás de todo este tema se esconde el asunto de las bases militares, que ha sido mayor error histórico de Colombia desde cuando se perdió a Panamá. El gobierno debió prever que esto podría ser visto por muchos países como una amenaza a su seguridad. No podemos minimizar ni subestimar la idea que tiene Chávez de cuál es el objetivo de las bases en cuanto a la seguridad de Venezuela.

SEMANA: ¿Por qué? ¿Acaso miente Uribe cuando dice que las bases son para luchar contra la guerrilla y el narcotráfico?

E.S.: Pongo sobre la mesa varios antecedentes de las bases. Primero, que desde enero las bases figuraban en los mapas del Pentágono como parte de la estrategia de aseguramiento básico de Estados Unidos. Segundo, que en la solicitud que hizo el Pentágono para adecuar Palanquero, claramente se establecía que la base también era para neutralizar a los gobiernos enemigos de Estados Unidos, y tercero, el tipo de equipos que habrá en las bases: los C17, que son para transportar hasta 70 toneladas de material bélico; los Orion 3, que son de espionaje ligero que van a ir la base de Malambo; los Boeing Galaxy, que son para transporte masivo de pasajeros, o los Awacs, que son plataformas electrónicas volantes. Esos no son equipos para combatir el narcotráfico y la guerrilla en Colombia. Desde las bases se empezarán a lanzar operaciones de vigilancia sobre la región que van a acabar de aislarnos.

SEMANA: Entonces, ¿para qué son realmente las bases?

E.S.: El gobierno cree que ha logrado montar una estructura disuasiva frente a Venezuela.

SEMANA: ¿Eso quiere decir que Colombia cambió su hipótesis de guerra?

E.S.: Todo esto es una paradoja. El éxito de la política de seguridad democrática frente a las Farc terminó complicando el tema de las fronteras. Pero la manera de evitar esto era vinculando la región en la resolución del problema y no trayendo las bases que convirtieron esto en un conflicto internacional.

SEMANA: Chávez le ha echado mucha leña al fuego. ¿Cortina de humo, paranoia o plan calculado?

E.S.: Respeto lo que han dicho los medios, pero me parece simplista y le ayuda al gobierno a tener la opinión pública en contra de Chávez y a favor de medidas como las bases. Chávez efectivamente considera como un riesgo para la seguridad de Venezuela unas bases repartidas a lo ancho y largo de Colombia; con equipos que, por ejemplo, desde Malambo pueden tener alcance hasta Maracaibo. O las bases del sur, que pueden ser una respuesta estratégica al petróleo de la Orinoquía. Esto no se puede considerar sólo como el delirio de un paranoico. Chávez tiene derecho a sentirse amenazado por las bases. Porque efectivamente nosotros no las necesitábamos para seguir luchando contra el narcotráfico y el terrorismo.

SEMANA: Si no sirven para los problemas internos y nos generaron tanto lío externo, ¿por qué el gobierno se metió en semejante lío?

E.S.: Yo me he preguntado eso, y eso debería preguntarse el país.

SEMANA: Pero a pesar de las bases, ¿Washington no ha acompañado a Colombia en esta crisis con Chávez?

E.S.: Es que los más perjudicados con las bases son Colombia, que está internacionalizando el conflicto, y en segundo lugar, Estados Unidos. Nos quedamos esperando una señal esperanzadora de que Obama iba a cambiar las relaciones con América Latina.

SEMANA: Pero los gringos pueden espiar a Chávez sin estas bases...

E.S.: El problema es más profundo. Después del 11 de septiembre Estados Unidos cambió su política de bases fijas por las expedicionarias o bases loto y definió unos corredores de movilidad aérea estratégica. En Suramérica, Palanquero les sirve para saltar a través de la isla Ascención al control de África.

SEMANA: Usted ha hablado con Chávez. ¿Lo ve interesado en arreglar esta crisis?

E.S.: Parte del problema de Chávez es que siente que todos somos enemigos de él y de Venezuela. Es cierto que sus declaraciones no ayudan a cambiar mucho esa percepción. No me solidarizo con la forma como Chávez maneja las relaciones diplomáticas, pero no se puede subestimar la impresión que tiene Chávez. Tampoco basta con que el gobierno traslade al escenario multilateral el conflicto, que es una manera de escalarlo pero por otra vía. Tiene que ser más proactivo en la búsqueda de salida. El tema de los empresarios es una tragedia griega. El país está perdiendo cuatro millones de dólares diarios por el estancamiento de negociaciones con Venezuela, hay empresarios desesperados y el gobierno lo que les dice es que se abran a otros mercados. Como si fuera tan sencillo buscar un mercado de 6.000 millones, vendiéndoles confecciones a los Emiratos Árabes.

SEMANA: Diplomáticamente, estamos en un punto muerto...

E.S.: No podemos concentrar las relaciones en la montaña rusa de los temperamentos de Chávez y Uribe. La idea es restablecer de manera permanente las relaciones, y la negociación sigue siendo el único camino válido. Una mediación, pero no para que Chávez y Uribe se sienten a tomarse un café, sino para un plan de contingencia. Si no se hace un plan en el corto plazo, esto va a estallar. Me parece interesante la figura que ha propuesto Estados Unidos de enviados especiales de cada país, que gocen de la confianza de los presidentes, que de manera discreta trabajen en reconstruir las relaciones punto por punto.

SEMANA: ¿Mejoraría la confianza y la mutua percepción?

E.S.: Se trata de dos personas con intereses, ambiciones, y personalidades difíciles, y eso incide. Pero un factor objetivo es que en las agendas políticas de cada uno el escalamiento del conflicto juega un papel.

SEMANA: O sea que lo que usted cree es que funcionaría una resolución del problema por partes.

E.S.: Yo pensaría, con algún grado de optimismo, que sí.

SEMANA: Finalmente, ¿por qué sigue atrancada la liberación de los secuestrados?

E.S.: Es lamentable lo que está sucediendo. Venimos de mal a peor. Sin la presión internacional, el gobierno se ha dedicado a ponerles condiciones a las Farc hasta hacer imposible el intercambio. Hace cinco años el gobierno aceptaba el intercambio siempre y cuando no se despejara ningún territorio. Hoy que las Farc no piden el despeje, se niega hasta a reunirse para establecer unos protocolos de liberación.

SEMANA: ¿Por eso no se han hecho las liberaciones de Moncayo y Calvo?

E.S.: El tema de Moncayo está listo. Si el Presidente dijera sí, liberen a Moncayo, en 72 horas Moncayo estaría en su casa. Pero usar a Moncayo para obstruir el intercambio es una actitud completamente cruel.

SEMANA: ¿Qué camino les queda a los secuestrados?

E.S.: Lo único que no podemos decir es que no hay camino. Porque uno no puede condenar a la gente que está allá totalmente decepcionada, después de 12 años de cautiverio, a que no hay esperanza, que se suiciden. Ese es el argumento más de fondo que tengo yo para no estar de acuerdo con la reelección.

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