Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1999/05/03 00:00

LA CUCHILLA

Con una política de mucho garrote y poca zanahoria Fanny Kertzman piensa derrotar <BR>la evasión de impuestos y el contrabando.

LA CUCHILLA

Maquiavelo dice en sus Discursos que los romanos evitaban sitiar las ciudades que
querían conquistar por considerarlo un método costoso y torpe. Tomaban las ciudades a la fuerza,
de frente, acudiendo a veces a la astucia y al ingenio, pero nunca las sitiaban. Esa parece ser la
política de la actual directora nacional de impuestos nacionales, Fanny Kertzman. La Dian ha dejado
atrás la lenta y rutinaria revisión de las declaraciones de renta ciudadanas y ha acudido a la fuerza y a
las medidas ejemplarizantes, así como a nuevos y más eficaces instrumentos para garantizar un
adecuado recaudo, evitar la evasión y luchar contra el contrabando en Colombia. Sus ataques, como
los de los romanos, se llevan a cabo con fuerza inusitada y, a veces, con astucia. La eficacia de los
mismos es devastadora. Sus resultados, sin embargo aún están por verse.
En realidad si algo caracteriza a Fanny es su fuerza de carácter y su perseverancia. En agosto
de 1998, cuando el presidente Andrés Pastrana estaba conformando su equipo de gobierno,
Kertzman, una economista de 39 años que había dedicado buena parte de su vida profesional al
periodismo -y que venía desempeñándose como directora de La Nota Económica- decidió que quería
trabajar en la administración pública y así se lo hizo saber al nuevo mandatario. Como credenciales
tenía el haber laborado en la campaña presidencial de 1994 al lado de Pastrana y formado parte de
varios comités económicos en la campaña de 1998. La única condición que puso fue que quería
trabajar en el Ministerio de Hacienda. El Presidente la remitió entonces donde el recién nombrado
ministro, Juan Camilo Restrepo. Conocida por su fuerte temperamento y su carácter recio y directo,
Fanny le dijo a Restrepo que quería la Dirección de Crédito Público. El cargo, sin embargo, ya estaba
comprometido y el Ministro le ofreció la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, Dian.
En ese momento ni el Ministro, ni Kertzman, tenían conciencia de la importancia que tendría dicha
decisión. Sabían que uno de los mayores lastres que había heredado el gobierno de Pastrana de la
administración anterior era un enorme déficit fiscal y que del comportamiento de los recaudos
dependería en buena parte el éxito del ajuste económico. Y así se lo hicieron saber al país. Sabían,
además, que la personalidad de Fanny encajaba perfectamente en el cargo. Era una persona capaz de
enfrentarse con quien se le pusiera por delante, y eso era clave en una entidad sometida a toda clase
de presiones políticas y una garantía de imparcialidad en el manejo de un tema tan complicado como
es el de los impuestos. Es más, Fanny contaba con una buena dosis de fundamentalismo, sin el cual
resulta difícil cambiar instituciones llenas de vicios como las aduanas y los impuestos. Pero no se
imaginaban la importancia que cobraría para el gobierno la nueva funcionaria.El país no tardó, sin
embargo, en conocer las cualidades y defectos de la directora de la Dian. Ante la urgencia del
problema fiscal una de las primeras Decisiones políticas del nuevo gobierno fue presentar a
consideración del Congreso una reforma tributaria que buscaba extender la base del Impuesto al
Valor Agregado, (IVA) a casi todos los bienes y servicios ofrecidos en el país, incluyendo un gran
número que estaban exentos por formar parte de la canasta familiar. Como era de esperarse, la
decisión del gobierno produjo un fuerte rechazo por parte de la oposición y la nueva directora de
impuestos tuvo que batirse como una fiera para que no le desmontaran toda la reforma. Algo parecido
sucedió con la pretensión del gobierno de gravar con el IVA la publicidad y extender el impuesto de
renta a todos los medios de comunicación. En ambos casos la funcionaria libró batallas radicales pero
demostró finalmente un gran pragmatismo y una gran capacidad de conciliación, lo que permitió que
se lograran acuerdos satisfactorios para las partes sin menoscabar el contenido de la reforma.
Conejo millonario, pesca milagrosa
El nombre de Fanny Kertzman, y su personalidad, salieron a relucir nuevamente a raíz de una polémica
decisión de la Dian. Basada en las autorizaciones concedidas por la Ley 488 de 1998, la directora de
la entidad decidió enviar una carta a cerca de medio millón de contribuyentes, instándolos a corregir
sus declaraciones de renta de 1996 y 1997, aumentando hasta en 30 por ciento el valor del impuesto
liquidado en los años anteriores a cambio de la seguridad de que sus declaraciones no serían
investigadas por funcionarios de la entidad. Y quién dijo miedo. La medida despertó la ira de muchos
contribuyentes, quienes se sintieron 'boleteados' por la entidad, y algunos comentaristas de prensa
acuñaron el término de 'pesca milagrosa' para referirse a la decisión de la Dian.
La respuesta de Kertzman fue inmediata. Para ella el problema es que a los colombianos no les
gusta pagar impuestos y que cuando les llega una comunicación de la Dian -a la que no están
acostumbrados- se asustan aun sin saber cuál es su contenido. Las cartas, según ella, tenían el
propósito de informar a los contribuyentes de los beneficios aprobados en la ley 488, ''pues si
nosotros no les contamos de qué se trata, nadie se acoge a ellos". Aseguró que el propósito de la ley
era aumentar los recaudos y dijo que a pesar de las críticas la medida estaba siendo efectiva, como lo
demostraba el aumento en los pagos de impuestos de los grandes contribuyentes registrado en los
primeros meses del año.
Las explicaciones de la funcionaria no dejaron contento a todo el mundo y las críticas fueron de todos
los calibres. Los más duros la acusaron de violar la Constitución. Y los más benévolos no dejaron
de argüir que, a pesar de la conveniencia de la medida, en la forma como se aplicó hubo por lo
menos problemas de presentación. Pero nada de eso impidió que la decisión se mantuviera en pie.

Contra el establecimiento, por ejemplo
El caso que mejor reflejó la personalidad de Fanny Kertzman, sin embargo, fue el de la denuncia contra
los funcionarios de la empresa Frontier -especializada en cargas y fletes-, que condujo a la detención
de 18 personas y tiene bajo investigación por el posible delito de contrabando a los directivos de la
firma, incluido su presidente, Jaime Lara Rueda, miembro prestante de la sociedad bogotana.
El contrabando ha sido reconocido como un mal endémico en el país. La propia directora de la Dian
estima que su monto puede superar los 5.000 millones de dólares por año. Pero con excepción de
algunas acciones aisladas en contra de sus manifestaciones -como la confiscación de mercancía en
los llamados sanandresitos y algunos decomisos aislados en los puertos y aeropuertos del país-
nunca se había llevado a cabo un operativo de la magnitud del realizado por la Dian en el caso Frontier
-en el que se decomisaron 270 toneladas de mercancía de contrabando- y jamás se había producido
una detención masiva como la que se realizó en este caso. Es más, según la directora de la Dian,
cuando ella asumió el cargo existían cerca de 200 denuncias por casos de contrabando, pero sólo
dos de ellas habían sido judicializadas y no había ninguna coordinación entre las entidades
encargadas de combatir el delito. Las cosas, no obstante, han cambiado radicalmente. Por iniciativa
del ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, se creó la Policía Fiscal y Aduanera. Las autoridades
norteamericanas, que durante el gobierno de Ernesto Samper suspendieron casi toda su
cooperación con el gobierno colombiano, están hoy más cercanas que nunca a las autoridades
aduaneras colombianas. Y la Fiscalía General de la Nación se ha convertido en una aliada fundamental
en la lucha contra el delito.Hay quienes dicen que en sus acciones legales contra Frontier, en las
que Kertzman utilizó activamente ayuda de la agencia de aduanas de Estados Unidos, lo que buscaba
la Dian era llevar a cabo una medida ejemplarizante. Con esta operación, de alguna manera
simbólica, la Dian logra mucho más que iniciar una acción judicial contra una empresa
presuntamente vinculada a actividades de contrabando. En realidad lo que hace la Dian es enviar una
señal inconfundible de su voluntad de ir hasta las últimas consecuencias en esta materia.
No todos con Fanny, pero casi
Y es gracias a casos como ese que Fanny Kertzman se ha convertido en una de las figuras más
importantes del gobierno de Andrés Pastrana. Odiada por unos y admirada por otros, la funcionaria
no sólo ha logrado lo que para muchos era un imposible, poner a los colombianos a dudar a la hora de
evadir impuestos y acabar con el escepticismo de quienes pensaban que nunca se podría
combatir efectivamente el contrabando, sino que ha puesto a columnistas del prestigio de Enrique
Santos Calderón a defender su gestión diciendo que ''reconforta ver a una mujer independiente y con
carácter, sin nexos con la clase política ni compromisos aparentes con los grupos de interés
privado, advirtiendo que no tolerará la picardía en materia tributaria, y que aplicará mano dura a la
evasión y el contrabando".
No todo, sin embargo, es obra suya. Sin su carácter no se habrían podido hacer muchas de las cosas
que se han realizado. Pero tampoco se habrían podido hacer con su sola decisión. Detrás están no
sólo la voluntad del gobierno de combatir la evasión y el contrabando, sino las nuevas realidades
creadas por la globalización de la economía y la nueva filosofía de los organismos
internacionales de crédito. El cargo de director de aduanas y de impuestos ha ganado una importancia
que no tenía en otras épocas en América Latina y el resto del mundo en desarrollo. Cada día son más
los analistas que piensan que el déficit fiscal es uno de los problemas de mayor gravedad en estas
economías y que su solución debe ser una prioridad insoslayable. Son cada día más, también, los
que piensan que acudir a la fórmula tradicional de los recortes presupuestales -en economías
caracterizadas por un altísimo nivel de desempleo- no sólo es más difícil sino más ineficaz. Y que por
eso la solución está en aumentar el recaudo.
El presidente Andrés Pastrana y el ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, han apoyado todas
las actuaciones de la directora de la Dian. Y ella lo que ha hecho es ejecutar a su manera, a veces
algo abrasiva, una política oficial que cada día tiene una mayor importancia.
Para ello ha sido necesario aplicar medidas de choque, que casi siempre son bastante impopulares
(como en el caso de la llamada 'pesca milagrosa'), y realizar acciones ejemplarizantes para
concientizar a toda la sociedad de los perjuicios que se derivan de la violación de la ley. Está
demostrado que nada produce más efecto que el pánico generado por este sistema. El temor a una
administración operante de aduanas y de impuestos puede cambiar de la noche a la mañana los
hábitos de miles de personas. Por eso, con todo y su gran mérito personal, Fanny Kertzman podría
ser solamente un instrumento -eso sí, muy eficaz- de un cambio de mentalidad exigido por los
nuevos vientos que corren en la economía mundial.

A ritmo paisa
Aunque a primera vista no se podría decir que Fanny Kertzman sea una pera en dulce es injusto
manifestar que se trate de un ogro. Es una economista uniandina más jovial de lo que muchos creen,
empacada en una menuda figura que contrasta con el poder de su cargo.A sus 39 años esta paisa
contrasta su actitud roquera con los deberes que le impone la tecnocracia de la Dian, cargo al que
llegó luego de más de 10 años dedicada al periodismo económico. Su carrera en los medios empezó
en La Nota Económica -una hoja informativa publicada en Bogotá-, de donde pasó a fundar con Jorge
Ospina Sardi la revista Dinero. De ésta se retiró a finales de 1997 para fundar la revista La Nota
Económica, en la que estuvo hasta mediados del año pasado, cuando vendió su participación para
asumir su cargo actual. Si bien ha sido un puesto desde el cual Fanny cree que se puede hacer algo
realmente efectivo por el país, ella también sabe que la suya es una tarea no del todo grata. El tiempo
que ahora puede dedicar a sus hijos y a su marido es mínimo y a duras penas saca unas horas para
sus otras aficiones: comprar libros y discos por Internet o escuchar a Silvio Rodríguez o Joan Manuel
Serrat -de quien no se pierde ningún concierto-. Su agenda prácticamente le impide saborear un postre
o tomarse un tinto en paz pero siempre saca tiempo para leer novelas en inglés escritas por
mujeres.Tampoco le gusta mucho la fama de la que ha gozado últimamente; no le parecen siempre
justas las críticas que ha recibido, ni la parafernalia de seguridad que necesita para desplazarse por
las calles. Sin embargo ella misma se toma sin trascendentalismos pues sabe que se trata de un
cargo transitorio: al fin y al cabo es la directora nacional de impuestos, no más. Pero nada
menos.Según la Dian, el contrabando en el país puede llegar a 5.000 millones de dólares anuales
El mundo de Fanny
El mentor
Por años trabajó al lado de Jorge Ospina Sardi, un economista que fue jefe de Planeación Nacional
durante el gobierno de Belisario Betancur y ministro de Desarrollo durante la administración Gaviria.
Con el éxito de la newsletter que impulsaron los dos, nacieron la revista Dinero y La Nota Económica,
dos exitosas publicaciones especializadas. Allí Fanny Kertzman permaneció a la sombra. Su gran
salto lo dio al pasar a la Dian.
La mejor ayuda
A pesar de no ser cercana al ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo Salazar, en él ha encontrado
las herramientas más eficaces para desarrollar su labor. Del Ministerio de Hacienda salió la creación
de la Policía Fiscal y Aduanera, el brazo armado sin el cual no puede desarrollarse una política
radical para combatir el contrabando.
Apoyo irrestricto
Para nadie es un secreto que siempre que se ha tratado de combatir el contrabando y la evasión
fiscal ha faltado algo de voluntad política. En el caso del presidente Andrés Pastrana Arango se ha
dado un total e irrestricto respaldo a la labor de la Dian para combatir esos flagelos, a pesar de las
presiones y de la tradicional convivencia de los colombianos con ellos.
El reto
El contrabando es el principal problema del comercio exterior colombiano y de la industria interna
nacional. Se cree que en él se mueven unos 5.000 millones de dólares al año, según la Dian. Eso
representa más o menos el 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y es un flagelo que
tradicionalmente había estado inmune a las sanciones penales. Además, como dijo el general Víctor
Manuel Páez Guerra, director de la Policía Fiscal y Aduanera, los operativos en contra de los
comerciantes ilegales buscan "cortar el cordón umbilical entre el narcotráfico y el contrabando".
La mano derecha
Cuando ella llegó a la Dian el abogado Guillermo Fino se convirtió en su compañero de fórmula
inseparable. Santandereano, de 38 años, egresado de la Universidad Libre, conoce como pocos el
engranaje interno de la entidad. Fino ha sido consultor del Banco Mundial y del BID, fue subsecretario
de Hacienda de Bogotá cuando se estableció el autoavalúo y ha estado detrás de cuatro reformas
tributarias.

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