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| 5/26/2007 12:00:00 AM

La cuota inicial

La eventual excarcelación de presos, anunciada por Uribe, llegaría justo cuando el proceso con el ELN avanza hacia un cese al fuego y de hostilidades.

El diálogo del gobierno con el ELN encaja a la perfección con la nueva etapa de la agitada agenda nacional que se abre con los anuncios del presidente Uribe sobre una posible excarcelación. Contrario a lo que se podría pensar, los planes presidenciales de liberar guerrilleros no alteraron las conversaciones entre el gobierno y los voceros elenos que esta semana sostenían una nueva reunión en La Habana, Cuba.

La razón de la calma es simple. El proceso con el ELN ya contempla la liberación de detenidos de esa organización como un efecto posterior al cese al fuego experimental que está por anunciarse.

Después de 18 meses de diálogos, se da por hecho que las dos partes concretarán muy pronto un acuerdo que empieza a darle forma al proceso de paz: la suspensión temporal de los ataques militares y, lo que es más importante, el cese de las hostilidades del ELN contra la población civil.

El acuerdo contemplará dos etapas iniciales. Una de carácter político y otra que incluye los aspectos logísticos. La primera, si todo sale como está previsto, se hará pública en las primeras semanas de junio y a partir de ahí, se empezará a estructurar lo que Pablo Beltrán llama la letra menuda del acuerdo: fechas, lugares, procedimientos concretos, traslados, liberaciones y excarcelaciones.

Por eso la propuesta de la excarcelación de los guerrilleros del ELN a la que se refiere el Presidente ya está avanzando en Cuba. De hecho, está incluida dentro de la propuestas de cese al fuego y hostilidades que las partes intercambiaron hace unos meses y que SEMANA conoció en detalle.

El capítulo cuatro de su propuesta incluye dentro de las garantías para que los miembros del grupo insurgente participen en tareas del proceso de paz, la liberación de prisioneros "condenados por el delito de rebelión". Y va mas allá. Incluye también la propuesta de que las comisiones de paz del Congreso estudien salidas jurídicas que les permitan a miembros del grupo insurgente "ejercer sus derechos como ciudadanos".

Por eso, quizá, el Presidente argumenta al explicar su propuesta que es necesario entender que ningún miembro del Comando Central del ELN (Coce) piensa en ir a la cárcel como resultado del proceso de paz, a pesar de que sobre ellos recaen condenas por delitos de lesa humanidad. Y que, en aras de esa realidad, la propuesta que lanzó esta semana sirve para ambientar ese propósito. Más aun si se tiene en cuenta que el grupo guerrillero ha sido enfático en decir que ellos tampoco aceptarían la aplicación de Ley de Justicia y Paz.

Lo que piensa el ELN sobre la liberación de sus detenidos que, según cálculos de Beltrán serán más o menos 500, está incluido también en la propuesta presentada al gobierno. En el capítulo de lo que se llama "ambiente para la paz", el ELN es claro en ofrecer, dentro del cese al fuego, liberar a todos los secuestrados y la suspensión "nacional y temporal de las retenciones". Esto sería un paso previo para lo que podría ser la contraparte, ya aceptada por el gobierno, de liberar los detenidos por rebelión, revisar los procesos judiciales a presos del ELN y suspender la condena para los integrantes del ELN que cumplan cinco años de prisión. Además de la libertad plena para Francisco Caraballo, ex jefe del desaparecido EPL, y para Francisco Galán, quien desde hace más de dos años goza de libertad condicional.

El ELN concluye su propia propuesta de excarcelación con el mejoramiento de las condiciones de reclusión para todos los presos políticos.

Así las cosas, pareciera que no es principalmente el ELN el objeto de la nueva apuesta del Presidente, ya que al tratarse de un proceso con su propia dinámica, tiene contemplada la excarcelación y si las cosas, siguen su rumbo una vez se dé el anuncio formal del acuerdo, ella se dará sin mayores sobresaltos.

Ahora bien, ¿cómo será el cese al fuego y de hostilidades? Las respuestas aun están en construcción. Si se tiene en cuenta que para la mayoría de los colombianos este proceso parecía una bicicleta estática, según los datos que hoy llegan desde la Habana hay razones para pensar que por fin le pusieron ruedas.

Sería el primer cese del fuego pactado con esta guerrilla en más de 10 años. Tanto los hombres del ELN como los de las Fuerzas Militares dejarían de atacarse mutuamente y a su vez, la guerrilla desactivaría sus ataques contra la infraestructura y levantaría el bloqueo en las zonas campesinas. Adicionalmente, iniciaría la "limpieza conjunta de material explosivo industrial y no industrial como las minas antipersona y las municiones sin explotar".

La talanquera más difícil ha estado en la ubicación de la tropa del ELN. El gobierno insiste en la ubicación territorial y el ELN cree que sus frentes deben permanecer en los sitios de influencia teniendo como garantía de cumplimiento "la voluntad política común, la confianza recíproca y el acompañamiento de las comunidades internacional y nacional". Pese a esa diferencia, que es mayúscula, tanto el gobierno como el ELN creen que no será un obstáculo para seguir adelante.

No hay duda de que el proceso de paz con el ELN le ha servido al gobierno como un tubo de escape en situaciones de tensión con el proceso paramilitar. Pero es cierto que lo ha mantenido a flote con decisiones atrevidas como la salida de Francisco Galán de la cárcel, la instalación de la llamada Casa de Paz, la excarcelación de Juan Carlos Cuéllar, ahora vocero en los diálogos, y los reconocimientos a 'Antonio García' y a 'Pablo Beltrán' para que salgan del país para participar en las conversaciones.

El ELN, que ha advertido que no jugará el papel del sacrificado, cree que la apuesta del gobierno y del ELN en este proceso es que tenga alcance nacional. Beltrán, vocero del ELN, le dijo a SEMANA que lo que comienza es un experimento y que el cese al fuego y de hostilidades es la cuota inicial, pero que el proceso abre un camino que demanda que, como lo dice la perinola, 'todos pongan'. No es fácil imaginar que sea este proceso el que convoque a una reflexión nacional sobre la salida definitiva al conflicto, pero sí puede ser un hecho que jalone la discusión de temas trascendentales para la paz. Al fin y al cabo, no es cualquier cosa acallar unos fusiles que hoy pesan más por su historia que por su poderío militar y que han sido el drama de miles de colombianos víctimas por 40 años.

El hecho de que el ELN aparezca como parte de la justificación de la propuesta en la que ahora se empeña Uribe tiene tanto de largo como de ancho. Si de todas formas van a ser liberados guerrilleros de esta organización y el gobierno tiene el camino jurídico para hacerlo, ¿por qué incluirlo dentro de este anuncio con bombos y platillos? O, ¿se trata de otro resplandor momentáneo de una política de paz disgregada en pedacitos que aparece convenientemente para iluminar una crisis política que cada día oscurece más el panorama? Y por otro lado, si el ELN por alguna razón se retira del proceso y le hace conejo al gobierno (y con esta agrupación ya ha pasado antes) ¿el Presidente en ese escenario liberaría a sus detenidos? Hay que esperar a conocer el libreto completo, pero este negocio va andando con el cese al fuego como cuota inicial.
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