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| 7/11/2015 10:00:00 PM

Cambios de una cúpula militar para la paz

Aunque tienen experiencia en el campo de batalla, la nueva cúpula de las Fuerzas Militares tiene más perfil de posconflicto.

La zozobra que durante los últimos meses se vivió en los cuarteles terminó el lunes de la semana pasada cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció la nueva cúpula de las Fuerzas Militares.

Desde hace meses, el rumor de cambios se había vuelto pan de cada día en los pasillos de divisiones, brigadas y batallones. Al interior del Ejército eran bien conocidas las críticas y reservas que tenía frente al proceso de paz el saliente comandante, general Jaime Lasprilla, así como otro grupo de altos oficiales de la cúpula. Por esta razón su salida estaba prácticamente cantada. Al igual que estaba la llegada de quien sería su reemplazo: el general Alberto Mejía.

Por diferentes razones coyunturales, entre ellas el asesinato de 11 militares en el Cauca a manos de las FARC, la ofensiva contra la infraestructura y el inminente cambio en el Ministerio de Defensa, la decisión de hacer un remezón se aplazó hasta la semana anterior.

Mejía llega a comandar el Ejército, la fuerza más grande de las Fuerzas Militares, en un periodo crucial. Por su perfil, y especialmente por el momento que atraviesa el país, muchos coinciden en que fue la elección más acertada. Como militar ha tenido una distinguida carrera. Fue comandante del Batallón de Fuerzas Especiales, de la Escuela de Lanceros; de la Brigada de Fuerzas Especiales; de la Cuarta Brigada; comandante de la División de Aviación y Asalto Aéreo; y hasta la semana pasada jefe del Comando Conjunto de Operaciones Especiales.

Entre otros puestos, también se ha desempeñado en diferentes cargos administrativos y fue jefe del Comité de Revisión Estratégica e Innovación, que produjo el plan de guerra ‘Espada de Honor’. Con diferentes cursos en el exterior, principalmente en Estados Unidos, no son pocos los que afirman que, por encima de sus méritos militares, una de las mayores cualidades de Mejía tiene que ver con la capacidad de entender y adaptarse a las coyunturas políticas. Algo no necesariamente usual en la milicia. Comprende como pocos, al interior de la institución castrense, la necesidad de preparar al Ejército para el posconflicto, sin que eso implique sacrificar el espíritu castrense. Persuadir a sus hombres será, sin duda, uno de sus mayores retos.

Los otros dos cambios, en la Fuerza Aérea y la Armada, son el equilibrio que busca el gobierno para tener una cúpula alineada con el tema de la paz pero que, de ser necesario, pueda responder con contundencia en el campo de batalla. A la cabeza de la FAC llegó el general Carlos Bueno, que viene de desempeñarse como jefe de operaciones de esa fuerza y quien tiene un buen récord en los dos comandos aéreos de combate que dirigió. El vicealmirante Leonardo Santamaría asumió como comandante de la Marina tras haber sido jefe de Planeación, Operaciones y comandante de la Fuerza Naval del Caribe, entre otros cargos.

Al frente del comando de las Fuerzas Militares fue ratificado el general Juan Pablo Rodríguez, quien ha demostrado su apoyo incondicional a las políticas del gobierno en los temas de paz. En la Policía Nacional, el presidente también optó por darle continuidad al general Rodolfo Palomino, que ha logrado importantes reducciones en las cifras de varios delitos de alto impacto y la lucha contra las bandas criminales.

Es normal que haya cambios en la cúpula de las Fuerzas Armadas cuando llega un nuevo ministro de Defensa y cuando se acerca un nuevo siete de agosto, fecha de balances y ajustes ministeriales. En este caso, sin embargo, se agrega que el proceso de paz se encuentra en un momento crucial. Los mensajes del gobierno, a través del presidente Santos y del jefe del equipo negociador Humberto de la Calle, han sido interpretados como un anuncio de que llegó la hora del “todo por el todo”. Y los grandes temas que están sobre la Mesa en La Habana –cese al fuego, especialmente- tienen una dimensión militar. El oxígeno que necesitaban los diálogos no podía dejar de lado al Ministerio de Defensa donde, hasta ahora, Juan Carlos Pinzón había desempeñado el papel protagónico de la ‘línea dura’.

Luis Carlos Villegas, quien formó parte del equipo negociador, necesita más flexibilidad para alinear a su cartera con el objetivo de conducir el proceso hacia un punto definitivo, de acuerdo o de rompimiento. Un libreto distinto al de su antecesor, que requería, en consecuencia, de ideas frescas en todos los cargos de mando.
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