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| 10/27/2012 12:00:00 AM

La decisión del 'vice' Garzón: ¿llegó el momento?

El vicepresidente Angelino Garzón tiene en sus manos la decisión de pasar a la historia como alguien que se aferró al poder o como un estadista que supo salir por la puerta grande.

El diagnóstico de cáncer de próstata del vicepresidente Angelino Garzón definitivamente no es mortal. Es un cáncer leve, descubierto a tiempo, tratable, que ni pone en peligro su vida ni afecta sus facultades mentales. Sin embargo, sí abre un interrogante sobre si debe o no renunciar. Porque si bien la enfermedad es curable, el tratamiento de un cáncer no es poca cosa. Aún más si se tiene en cuenta que el paciente ha sufrido en los últimos dos años un infarto que requirió cinco puentes coronarios (bypass), un accidente cerebrovascular que obligó a inducirle un coma varios días, y ahora se enfrenta a 39 sesiones de radioterapia.

La posición de Garzón sobre su permanencia en el cargo había sido la de manifestar que estaba en condiciones de desempeñar sus funciones y descartaba la posibilidad de renunciar. Al ver el efecto que tuvo en la opinión pública la última revelación sobre su salud, su lenguaje ha cambiado un poco. Recientemente afirmó: "Está en mi agenda la posibilidad de que yo renuncie". No obstante, en las otras frases que ha repetido durante la semana deja entrever que esa decisión no depende de él sino de terceras personas. "Si el presidente Santos o el presidente del Congreso, el doctor Roy Barreras, me piden la renuncia, yo se los agradeceré de rodillas". Con esto da a entender que si bien la renuncia está en la agenda, parece ser uno de los últimos puntos.

El tema de la salud del vicepresidente se ha tratado con mucho pudor por respeto a su vida privada y solidaridad con lo que está pasando. Pero ante la enfermedad del presidente Santos y la nueva condición de Garzón, ha llegado el momento de tratarlo como un problema de Estado. Por definición, el cargo de vicepresidente tiene un solo requisito: buena salud. La Constitución no le atribuyó absolutamente ninguna responsabilidad concreta más allá de reemplazar al presidente ante la ausencia temporal o permanente de este. Para adornar esta única función, el presidente de la República tiene la facultad de delegarle otras responsabilidades. Pero en términos de cómo fue concebido el cargo la esencia es estar en condiciones para asumir la Presidencia de la República.

Garzón ha desempeñado un papel importante como vicepresidente en las funciones que le ha delegado el presidente Santos y en otras que él ha asumido por cuenta propia. Ha sido un defensor de la clase trabajadora y un embajador de Colombia en materia de derechos humanos. Pero por el momento no cumple el requisito de buena salud. Es un hombre muy popular que cuenta con el afecto de la mayoría de los colombianos. Pero esos mismos colombianos sienten incertidumbre sobre qué sucederá en una eventual falta del presidente.

Paradójicamente, lo que ha contribuido a aplazar el debate sobre la permanencia del vicepresidente en el cargo han sido sus diferencias con el presidente. Estas le han dado una connotación política a lo que ha debido ser estrictamente una cuestión médica. Si el cargo estuviera siendo ocupado por una persona cercana al presidente como Gabriel Silva, Federico Renjifo o Juan Carlos Pinzón, lo médico primaría sobre lo político y ya se habría dado un relevo.

El vicepresidente está llevando un ritmo de trabajo que no corresponde a su estado de salud. Para demostrarle al país que no tiene que renunciar está trabajando de sol a sol desempeñando un papel constructivo en problemas nacionales como el paro judicial. Para una persona que tiene por delante 39 sesiones de radioterapia, más terapias de motricidad y chequeos médicos constantes, este esfuerzo es excesivo y probablemente perjudicial para su recuperación. A esto se suma que su esposa Montserrat Muñoz también se está recuperando de una enfermedad no menos delicada. El mismo Garzón acepta en su último comunicado: "ha sido una etapa muy dura que me ha tocado vivir y que no se la deseo a ninguna persona ni a ninguno de mis contradictores políticos".

En esas circunstancias no tiene lógica ni para el país ni para la familia Garzón lo que está sucediendo. Como el presidente de la República y el presidente del Senado no le van a pedir la renuncia le corresponde a él exclusivamente tomar esa decisión. Como esta tiene implicaciones no solo humanas sino económicas, el gobierno tiene el deber de encontrar fórmulas que le garanticen una subsistencia digna para su recuperación acorde con el cargo que dejaría. En realidad Garzón es un buen coequipero que puede ayudar en muchos frentes en donde su estado de salud no es un asunto vital, como sí lo es en la Vicepresidencia de la República.

El vicepresidente ha dicho una y otra vez durante la última semana que el más preocupado por la salud de Angelino Garzón y de su esposa es el propio Angelino. Ha llegado el momento en que debe poner su salud y la de su familia por encima de su compromiso con el país.
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