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| 10/27/2012 12:00:00 AM

La era del hielo en la actividad política

La actividad política sigue congelada desde la crisis de la reforma a la Justicia. El Congreso no arrancó, los partidos no lideran iniciativas, la unidad nacional no figura y el gobierno está a la espera de que su mayor apuesta, la paz, se concrete.

Aunque han pasado cuatro meses desde la caída de la reforma a la Justicia -la debacle institucional más grande del gobierno Santos- pocos han podido olvidarla. Sus secuelas todavía marcan el ritmo de la política colombiana. Por ejemplo, las heridas abiertas entre el gobierno y el Congreso nunca sanaron completamente, y el Ejecutivo asumió una actitud tímida frente al Legislativo y cambió su estrategia para dedicarse a la paz. Por su lado, los congresistas siguen aturdidos yno levantan cabeza, mientras que los partidos políticos perdieron el impulso que mostraron en 2010 con importantes proyectos como la Ley de Víctimas. La política está tan congelada que la semana pasada los titulares de los medios se concentraron en la salud del vicepresidente Angelino Garzón y el lanzamiento del libro de Álvaro Uribe.

Si bien es cierto que la política obedece a ciclos con altos momentos de actividad frenética como las campañas electorales y épocas bajas como los grises años terceros de gobierno, 2012 se ha caracterizado, según analistas políticos y académicos, como un año poco memorable en materia de política. Y hay más de una razón para explicarlo.

En primer lugar, las secuelas de la reforma a la Justicia son innegables. "Fue un freno en seco. El Congreso no reacciona y el gobierno se demoró en presentar la nueva agenda", dice Felipe Botero, politólogo de la Universidad de los Andes. Un experto en política lo resume así: "Antes de la reforma, el gobierno se sentía más poderoso de lo que en realidad era. Después de la reforma se siente menos poderoso de lo que es. Aunque se ha recuperado frente a la opinión pública, todavía siente las heridas muy frescas". Solo así se puede explicar lo sucedido con la elección del magistrado de la Corte Constitucional, donde la Casa de Nariño perdió, y el silencio del gobierno frente a la terna para la Procuraduría. A un mes de la elección, aún es incierto si Santos prenderá la aplanadora de la Unidad Nacional para ponerle competencia al procurador Alejandro Ordóñez o si más bien prefiere hacer las paces con él y respaldar su aspiración.

En el Capitolio comparten ese sentimiento sobre la actitud del gobierno. Un senador de La U afirma que "este gobierno no hace política", mientras el representante Alfonso Prada, presidente del Partido Verde, confiesa que "la reforma a la Justicia dejó secuelas que enrarecen las relaciones en el interior del Congreso, no veo conectados los ministros con el Congreso y la ausencia del Ejecutivo es notoria". Un senador liberal tiene otra teoría. "El gobierno está guardando su capital político para el momento en el que deba presentar la ley estatutaria para la paz. Con esta se jugará sus cartas". Por ahora el silencio es la táctica elegida por el Ejecutivo. Se quedó callado en leyes importantes como el trasfuguismo y el cambio en el umbral electoral, pues consideró que no valía la pena "tirar línea". Por otro lado, aunque la agenda legislativa que prometió el gobierno para este tercer periodo ya está en marcha -nueve de los 15 proyectos prometidos ya están radicados- esto tampoco ha sido el esperado motor para la política. Para Prada "los proyectos salvo la Tributaria y el código electoral, no se conocen. De los anuncios en salud, educación, pensiones, no sabemos nada".

Sin embargo, el Congreso también es responsable de las frías temperaturas que soplan actualmente. Para el profesor de Ciencia Política de la Universidad del Norte, Carlos Guzmán "parece que se les olvida para qué los eligieron. Si el gobierno no presenta proyectos importantes no legislan". La mayoría de los parlamentarios, tanto los de la coalición como los que no hacen parte de la Unidad Nacional, adoptaron una posición facilista y cómoda que se resume en poca iniciativa y en sentarse a esperar que el gobierno envíe sus proyectos de ley. Un ejemplo de lo anterior es la reforma tributaria radicada por el Ejecutivo. Su discusión probablemente calentará el termómetro político.

Esta parálisis legislativa también tiene sus explicaciones en el funcionamiento de los partidos políticos dentro de la coalición de gobierno. Para Botero, el problema de las coaliciones es que le quitan dinamismo a la política porque "no hay incentivos para diferenciarse, no hay dolientes y todos comparten los costos y beneficios". Si bien la Unidad Nacional funcionó como una máquina bien aceitada el primer año de gobierno en términos de aprobación de leyes, en el mediano plazo su existencia está generando efectos nocivos para las bancadas. Eso explica la ausencia de una voz fuerte de los distintos partidos y los exonera de liderar debates sobre temas que preocupen al país.

El estado actual de las agrupaciones políticas también explica el ritmo de tortuga. El lanzamiento del Puro Centro Democrático, tal vez el único hecho novedoso en este frente este año, no pasó a mayores. Después de la inauguración glamurosa en el club El Nogal, el movimiento perdió impulso y no logró cambiar la dinámica política radicalmente. El Partido Liberal quedó averiado después de la reforma a la Justicia pues su jefe, Simón Gaviria, fue uno de los mayores perjudicados y cada vez más soplan vientos de rebelión dentro de sus filas. Lo mismo sucede con el partido de gobierno, La U, que se debate internamente entre su ADN uribista y el poder santista. Los conservadores se la jugaron con el apoyo irrestricto al procurador Ordóñez, pero a la hora de presentar iniciativas se quedan cortos. Por el lado de los partidos pequeños como los Verdes, Mira, Cambio Radical y el Polo tampoco escampa. El único bloque opositor, el Polo, está dividido en tres facciones y Cambio Radical perdió tanta importancia sin la jefatura de Germán Vargas que ha tenido más de tres directores en dos años. Sus consultas internas, convocadas hace poco más de un mes, tampoco atrajeron un número importante de seguidores.

Esa debilidad de los partidos políticos se evidencia inclusive en el naciente proceso de paz. Los canales legislativos para que los distintos grupos de la sociedad civil expresen su sentir no gozan hoy de legitimidad y se privilegian otros mecanismos como marchas y protestas. Esa promesa de paz también ha puesto bajo hielo a la política. Tanto Botero como Guzmán coinciden en que el gobierno le está apostado todo su capital a lo que pase en La Habana. Proyectos bandera del presidente Santos como la Ley de Desarrollo Rural, la cual lleva dos años en elaboración, quedó a la espera de lo que se negocie en la Mesa. Otras iniciativas sobre reglas electorales en el Congreso también quedaron en pausa hasta que las negociaciones tomen forma, pues la participación política de las Farc será un tema de la agenda del próximo año. Si bien esta estrategia es legítima, el gabinete de Santos no puede así mismo congelarse. "Tiene 16 ministros y estos no pueden quedarse cruzados de brazos", dice Botero.

¿Cuándo se encenderá el motor de la política otra vez? Todo parece que para las fiestas de fin de año seguirá el momento bajo. Puede que el presidente sorprenda con una jugada a tres bandas en la terna de la Procuraduría, pero es aún incierto. Por esto, solo hasta marzo subirá la temperatura del poder en Colombia. En este mes, quienes estén pensando en cambiarse de partido político, armar una lista o renunciar al gobierno para perseguir otro futuro tendrán que alzar la voz. Si los últimos sondeos que muestran una fortaleza para Uribe en el terreno legislativo para 2014 interpretan correctamente la realidad, más de uno tendrá que tomar decisiones durante las vacaciones navideñas. Solo en ese momento la era del hielo empezará a derretirse.
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