Domingo, 22 de enero de 2017

| 2004/12/26 00:00

La desgracia de Lorenzo

El increíble y triste caso de un minero que tuvo la desgracia de llamarse igual que dos jefes paramilitares. Un episodio entre trágico y caricaturesco.

Para las autoridades el nombre verdadero de 'Javier Montañés', uno de los comandantes del Bloque Centra Bolívar de las autodefensas, es Lorenzo González Quinchía . El mismo de un minero paisa de 28 años que trabaja en Istmina, Chocó.

La vida de Lorenzo González Quinchía ha sido un verdadero infierno desde el 22 de enero de 2002. Ese día regresó al país después de unas cortas vacaciones en Suiza, donde estaba visitando a una hermana. Tras bajar del avión con su esposa y sus tres pequeños hijos se dirigió hasta una ventanilla de inmigración del aeropuerto El Dorado y presentó su pasaporte ante el funcionario del DAS. Cumpliendo la rutina, el detective ingresó el nombre y los apellidos al computador para verificar si tenía algún requerimiento judicial. Mientras Lorenzo esperaba que le regresaran sus documentos, el detective llamó a dos de sus compañeros, que se pararon junto a él, y le dijo en tono lacónico: "Señor, usted tiene una orden de captura y queda arrestado". Frente a su mujer y sus tres hijos, lo esposaron y se lo llevaron a las instalaciones del DAS.

Desconcertado, Lorenzo insistió infructuosamente en que se trataba de un error. Al día siguiente, el director del DAS de la época convocó a una rueda de prensa. Fuertemente custodiado, Lorenzo fue presentado ante una docena de periodistas. "Hemos capturado al tercer hombre más importante de las AUC después de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso", comentó orgulloso el director. "En la organización es conocido con el alias de 'Julián Bolívar', pero su verdadero nombre es Lorenzo González Quinchía. Está buscado por la unidad de derechos humanos de la Fiscalía para responder por varios crímenes, entre ellos el asesinato del defensor del pueblo de Cúcuta, Iván Villamizar", decía el comunicado oficial de la época. En ese momento, y mientras los flashes de las cámaras de los periodistas disparaban incesantemente, Lorenzo supo la razón de su arresto.

A pesar de la gravedad de las acusaciones y de que su nombre y su rostro habían aparecido en la primera plana de noticieros y periódicos como uno de los criminales más buscados, Lorenzo tenía la certeza de que se trataba de un gran malentendido que se aclararía en pocos días. Pero se equivocó y fue trasladado al pabellón de máxima seguridad de la cárcel de Itagüí.

Durante varios meses, técnicos del CTI le realizaron pruebas morfológicas, dactilares, de ADN y de voz, entre otras, para intentar demostrar que el Lorenzo González Quinchía que estaba preso en Itagüí era el mismo comandante 'Julián Bolívar', contra el que habían librado varias órdenes de captura, sindicado por diversos delitos. Ninguna de las pruebas técnicas demostraron que se trataba de la misma persona. Ni las huellas ni la fisonomía de Lorenzo correspondían a las del jefe paramilitar. Lo único que tenían en común era que el nombre del jefe 'para' era el mismo del minero que estaba preso en Itagüí.

Según las investigaciones de la Fiscalía, el comandante paramilitar 'Julián Bolívar' había sido el autor material de la muerte del defensor del pueblo de Cúcuta. En las pesquisas, una comisión del CTI viajó hasta las minas de Istmina para corroborar que, como lo argumentaba Lorenzo, el día de la muerte del defensor, él estaba al otro lado del país trabajando en las minas. Decenas de testimonios recolectados por los peritos demostraron que en efecto así había sido. Aunque no había pruebas o testigos que involucraran a Lorenzo en algún delito, éste fue llevado a juicio pues según la Fiscalía era suficiente con saber que el verdadero nombre de 'Julián Bolívar' también era Lorenzo González Quinchía.

Sin embargo el 19 de septiembre de 2003, el juez primero penal del circuito emitió su falló. Determinó que el Lorenzo que había estado preso en la cárcel de Itagüí durante 19 meses no era el mismo comandante paramilitar al que se refería la Fiscalía y ordenó su libertad inmediata. "... Al observar el acerbo probatorio no se llega a obtener probatorio mínimo que permita avalar el pliego de cargos, pues no objeto de valoración el cotejo morfológico indicativo que Lorenzo González Quinchía no es el mismo comandante 'Julián', dice uno de los apartes del fallo del juez que cuestiona fuertemente a la Fiscalía. "... No se tuvo en cuenta las pruebas recopiladas por los investigadores del CTI en cumplimiento de misiones de trabajo ordenadas por ese mismo despacho fiscal, con las cuales se demuestran que efectivamente se dedica a las labores de la minería...", afirma otra parte de la sentencia en la que el juez dice además que no es entendible por qué el fiscal del caso siguió con las acusaciones cuando las pruebas del mismo CTI demostraban que se trataba de una equivocación.

Cuando salió de la cárcel, Lorenzo intentó rehacer su vida y trató de olvidar los meses amargos que pasó tras las rejas por el simple hecho de tener el mismo nombre y apellidos de un jefe 'para'. Se reencontró con su familia en Medellín y regresó a las minas de oro, en donde ha trabajado desde hace años con su padre y algunos de sus cinco hermanos. Con el paso de los meses, este hombre que nació en Puerto Triunfo, Antioquia, hace 28 años y que empezó a buscar oro en los ríos del Chocó desde que finalizó su servicio militar obligatorio en 1996 estaba seguro de que la pesadilla había llegado a su fin. Otra vez se volvió a equivocar.

En 2004, cuando comenzaron en firme las negociaciones entre el gobierno y las autodefensas en Santa Fe de Ralito, los nombres y los rostros de algunos comandantes paramilitares que durante años habían permanecido en el anonimato comenzaron a salir a la luz pública. Lorenzo, quien poco se interesa por la realidad política, vio con algo de preocupación que uno de los comandantes que estaba concentrado en Ralito era 'Julián Bolívar'. Lo primero que se le vino a la cabeza es que su pesadilla reviviría ya que cuando las autoridades y los medios de comunicación se refirieran a ese jefe 'para', inevitablemente afirmarían, como ocurre con otros comandantes, que el verdadero nombre de 'Bolívar' era Lorenzo González Quinchía. Pero eso no ocurrió.

Durante varias semanas, Lorenzo estuvo pendiente de las noticias y se dio cuenta de que cuando las autoridades y los periodistas hablaban de uno de los jefes del Bloque Central Bolívar -BCB-, simplemente se limitaron a llamarlo por su alias: 'Julián Bolívar'. Lorenzo respiró tranquilo y dejó de estar pendiente de los titulares de los medios. Lo que ocurrió después es sencillamente increíble.

En los últimos meses de este año, uno de los jefes paramilitares que más ha salido de la clandestinidad ha sido 'Javier Montañés'. También conocido con el alias de 'Macaco', este hombre ha ganado reconocimiento porque es el jefe militar del BCB, el bloque más poderoso de las autodefensas, y ha aparecido en público varias veces ya que hace parte del grupo principal de negociadores de los paramilitares.

Para las autoridades y los organismos de seguridad, este paramilitar no sólo es el jefe de un ejército que puede alcanzar 6.000 hombres en 23 departamentos sino que durante años ha sido uno de los más buscados. Está vinculado a varias masacres, y para las entidades antinarcóticos colombianas y extranjeras 'Montañés' es uno de los jefes paramilitares más activos en el mundo del tráfico de drogas. Lo curioso es que aunque su verdadera identidad fue un misterio durante años, en el último semestre se conoció, según la Fiscalía, la Policía y el DAS, que su nombre era Lorenzo González Quinchía.

Resulta ridículo creer que 'Javier Montañés' tenga ahora, según las autoridades, el mismo nombre y apellido que 'Julián Bolívar', el otro comandante paramilitar del Bloque Central Bolívar. La semana pasada Lorenzo salió por primera vez en varios meses de sus minas de oro enclavadas en las selvas del Chocó. El lunes viajó a pasar las fiestas navideñas con su familia a Medellín y allí se encontró con la desagradable sorpresa de que su nombre está de nuevo en todos los medios de comunicación. "Hace dos años para la Fiscalía yo era el comandante 'Bolívar' y ahora resulta que también soy el comandante 'Montañés", dice Lorenzo, angustiado. Con la cédula en la mano no entiende cómo tres personas pueden tener el mismo nombre y apellidos.

Desesperado, viajó hasta Bogotá para ir a la sede principal de la Fiscalía a buscar una explicación a su inusual situación, pero se arrepintió en la entrada del búnker. Teme que, como ya le ocurrió, no le crean que es un simple minero y lo arresten de nuevo pensando que es un paramilitar. Entendió que lleva a cuestas la maldición de llamarse Lorenzo González Quinchía.

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