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| 5/25/1987 12:00:00 AM

¿LA DESUNION HACE LA FUERZA?

Samper puede ser el gran beneficiado del enfriamiento de las relaciones entre oficialistas y galanistas.

Si la forma pacífica como se estaba llevando a cabo el acercamiento entre el Nuevo Liberalismo y el oficialismo liberal, permitieron pensar en algún momento que los galanistas ya no eran tos "ayatolas" de antes, el explosivo reportaje de Iván Marulanda a El Espectador demostró lo contrario. O por lo menos, que el Nuevo Liberalismo continúa siendo el mismo de siempre, aunque el "General" esté estudiando inglés en Londres, y algunos de sus soldados hayan entrado o estén aspirando a entrar al actual gobierno.
La verdad es que la entrevista de Marulanda repartió bolillo a diestra y siniestra del liberalismo, cuando, irónicamente, parecían atravesar por su mejor momento las relaciones de oficialistas y galanistas. Y fue precisamente por cuenta de esta aparente luna de miel que las "impertinencias" de Marulanda desataron toda suerte de elucubraciones políticas. ¿Había hablado el joven senador antioqueño por cuenta propia, o inspirado por un autor intelectual que orquestó la entrevista desde Picadilly Circus?
Aunque la segunda posibilidad parecía ser más interesante, la que resultó cierta fue la primera. Todo indica que Marulanda no consultó con Galán el contenido de sus controvertidas declaraciones, y la "escandola" que armó con ellas tampoco era la primera de su corta vida política. Pero eso no significa que a Galán, finalmente, le hubiera disgutado completamente lo que pasó.
En opinión de aigunos observadores políticos, la "vaciada" de Marulanda al oficialismo refleja en gran parte lo que podría llamarse la "línea dura" de Galán. Esta incluye su distanciamiento de siempre con los caciques liberales, con algunos ex presidentes del liberalismo y con varios de los miembros de la actual Dirección Liberal. Y ese distanciamiento continúa vigente aunque las actuales circunstancias políticas -estando adportas la elección popular de alcaldes- no aconsejen andar ventilándolo de a mucho.
También consideran los mismos observadores políticos que la soltada de lengua de Marulanda pudo permitirle a Galán demostrar que aunque necesita la unión liberal, no está dispuesto a llegar a ella arrodillado. Lo que constituye un útil recordatorio en momentos como este, en los que Galán parece estar tan "a disposición" del gobierno con motivo de eventuales ofrecimientos diplomáticos.
Pero si todas estas interpetaciones se hacen con respecto a la posición de Galán, la de Ernesto Samper no ha despertado menos alención. "El país nunca lo había visto tan callado", le dijo a SEMANA un observador liberal. Y eso solo parecía demostrar que los duros dardos de Marulanda habían alcanzado por donde era al presidente de la Dirección Liberal.
Por eso los que así pensaban supusieron que la veloz desautorización que los miembros restantes de la dirección alterna del liberalismo hicieran con respecto a las declaraciones de Marulanda le bastarían a Samper para enterrar definitivamente el episodio.
Pero el presidente de la Dirección Liberal, desempacado de sus vacaciones de Semana Santa, rompió su silencio para advertir tajantémente que "no habrá unión con el Nuevo Liberalismo a costa de la dignidad del partido, a partir de la descalificación de los ex presidentes de la República, de las jerarquias regionales y nacionales y muchisimo menos del gobierno del presidente Barco". Y al día siguiente sus declaraciones fueron apoyadas en forma solidaria por la DL y la Comisión Política Central, quienes insistieron en la necesidad de que Galán se definiera en relación con las afirmaciones del senador Marulanda.
Ante este emplazamiento, la respuesta de Luis Carlos Galán fue que no respondería. Pero eso no sorprendió a nadie. Ahora menos que nunca era conveniente que Galán rompiera su silencio. En palabras de un irónico observador, "es obvio que el ambiente político está demasiado caldeado, lo que indica que, por ahora, Galán seguirá en Londres rajándose en su examen de inglés".

SE LA PINTARON CALVA
¿Por qué entonces Samper, habiendo podido hacerlo, no se declaró satisfecho con las explicaciones de los colegas del senador Marulanda en la dirección alterna del liberalismo?
Una de las interpretaciones de los corrillos políticos dice que probablemente Samper vio en el incidente la posibilidad de "deshacerse" de Galán. Y que la oportunidad era tan apropiada como para hacerlo sin exponerse a que lo tacharan de antigalanista, y quedar más bien como una "víctima" del galanismo. Aseguran que desde la Convención Liberal, Samper se ha dado cuenta de que necesita menos al jefe del Nuevo Liberalismo de lo que éste necesita a Samper. Pero además, el incidente le ha permitido reconciliarse con las jerarquías de su propio partido, entre las que existía un creciente malestar por las coaliciones burocráticas de samperistas y galanistas en el Distrito. Prueba de ello es el apoyo veloz y unánime que recibió de sus colegas de la DL y la CPC. Pero además de personas con las que estaba abiertamente distanciado, como Junior Turbay, quien hace dos semanas desconoció públicamente su jefatura nacional, pero que ahora se apresuró a pedir a todos los parlamentarios liberales de Bogotá y Cundinamarca que condenaran enérgicamente los términos de la entrevista de Marulanda, y que manifestaran su respaldo a la Dirección Liberal y especialmente a su Presidente.
Lo cierto es que el saldo actual del controvertido reportaje de Marulanda a El Espectador es un evidente y por ahora indefinido enfriamiento de las relaciones entre oficialistas y galanistas. Y como en los crímenes de las novelas policiacas clásicas, hay que comenzar por investigar a quién es al que aprovecha.





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