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| 9/1/1986 12:00:00 AM

LA DICTADURA DEL "POETARIADO"

Belisario Betancur entró a la historia del Palacio de Nariño como el anfitrión que más huéspedes ha tenido. Por los salones de la sede presidencial pasaron no sólo presidentes, el Papa, ciclistas, reinas, campesinos, guerrilleros y la habitual tropa de parlamentarios y políticos, sino que quizás los más frecuentes visitantes fueron intelectuales de todas las artes que tuvieron en este gobierno el reino del humanismo.
Las veladas de Betancur fueron tan famosas como sus madrugadas. Desde las primeras semanas, el ritmo paisa incluyó entre sus preferencias los conciertos y los recitales y una de las salas de Palacio fue adaptada para las necesidades de estas vespertinas culturales. Poetas, comediantes, cantantes, músicos, cinematografistas, teatreros y pensadores en general pasaron por la sede presidencial como Pedro por su casa. Antes de que comenzara este open house, que algunos comentaristas criticaron con acidez, ya en los pasadizos estaban colocadas esculturas y en las paredes colgaban cuadros de artistas nacionales, entre los cuales el más célebre fue el de la monja de Botero que Osuna popularizó como símbolo de los derechos humanos y de la fisgonería. Pero incluso antes de que las artes visuales colombianas se tomaran el Palacio, algunas decisiones presidenciales confirmaron la simpatía hacia lo cultural que tendría el gobierno: Rafael Puyana y Fernando Botero fueron nombrados embajadores volantes, Teresita Gómez agregada cultural en Alemania Oriental, Martha Senn en Nueva York, y Juan Antonio Roda en Barcelona.
Pero esas parrandas culturales o chorizadas poéticas, como las llamaron sus críticos, fueron solo la fachada de una política cultural que tuvo en los cuatro años de Belisario una transformación de veras profunda. Para definir ese cambio en pocas palabras se diría que el paso se dio de la concepción de una cultura de las bellas artes, iluminada por las estrellas propias de las bellas artes, hacia una cultura antropológica, anónima, popular y enraizada. En términos geográficos, este cambio de filosofía significó el desmonte de un concepto antiguo: que la cultura debía salir desde Bogotá hacia todo el país, que era desde la capital donde se dictaba qué era o no cultura, olvidando que en la diversidad de las manifestaciones culturales del país es en donde reside su riqueza.
Este concepto de que cultura es aquel baile de porro en San Pelayo, aquella chirimía de Riosucio, ese universo gastronómico de Antioquia, esa coreografía en el teatro público de Lorica y no exclusivamente la temporada de ópera del Colón ni la inauguración con coctel de una exposición, fue planteada en la plataforma de gobierno de Betancur como Presidente electo y por primera vez el asunto cultural fue tenido en cuenta en la elaboración de un plan de desarrollo económico. En "Desarrollo con equidad" la participación de la cultura es básica y en esto, en concepto de expertos, se siguió una tendencia latinoamericana, instaurada después de los rotundos fracasos de los planes de desarrollo que no tuvieron en cuenta las manifestaciones culturales.
Según los conocedores, a la fijación de esa filosofía cultural y al darle a la cultura una participación importante en la responsabilidad del desarrollo, uno de los organismos que más contribuyó fue el Ministerio de Comunicaciones, específicamente con la creación de los canales regionales de televisión. Como instrumento difusor de las culturas, como medio de comunicación entre las personas de un departamento, por encima de los estereotipos impuestos desde Bogotá, los canales regionales se consideran en esta función cultural básicos para que el país aproveche la riqueza que da la diversidad y para consolidar su patrimonio cultural.
A la conservación de ese patrimonio contribuyó Focine. Además de su apoyo al cine a través de una amplia política de crédito y de un sano control financiero y de la difusión por televisión de los trabajos de los realizadores, la Compañía de Fomento Cinematográfico, en unión con el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, de la Fundación Rómulo Lara, del Cine-Club Colombia y de Cine Colombia, constituyó la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, cuyo objetivo primordial es el de conservar la memoria audiovisual del país.
Esas transformaciones surgidas en el cambio de concepto cultural, sin duda menos bulliciosas que las concurridas jornadas poéticas en Palacio, menos emocionantes que los actos de celebración del Premio Nobel de Literatura de Garcia Márquez y menos visible que el enorme apogeo de la industria editorial privada en este cuatrienio, son la herencia que deja Belisario Betancur en un campo que tiene sembrado de amigos y en el cual sobresalió su condición de intelectual.--
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