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| 5/21/2013 12:00:00 AM

La difícil tarea de condenar o absolver a los Nule

Álvaro Weiss, juez 36 Penal de Bogotá, tiene en sus manos el segundo proceso contra los polémicos excontratistas.

“Administrar justicia”, es la frase que más repite Álvaro Weiss, el juez 36 Penal del Circuito de Bogotá. Este funcionario con 31 años en la Rama Judicial, hijo de un alemán y de una huilense, tiene en sus manos quizás uno de los procesos más complejos de la actualidad en el país: el de Manuel, Miguel y Guido Nule, y su socio Mauricio Galofre, protagonistas del ‘carrusel de la contratación’.

Weiss, al igual que su apellido, no pasa desapercibido. No solo es reconocido por los pasillos del Complejo Judicial de Paloquemao en Bogotá, sino quienes siguen el juicio lo han visto en reiteradas ocasiones llamarles la atención a los Nule –quienes enfrentan los cargos de concierto, cohecho, fraude y falsedad– y a sus abogados por considerar que no obran como se debe ante la Justicia.

En ocasiones los Nule, quienes han dado reiteradas muestras de no querer colaborar, no asisten a las audiencias con distintos argumentos. El más frecuente es el de encontrarse enfermos aunque en otras ocasiones han asegurado que no hubo transporte del Inpec para ir a la sala de audiencias.

Esos regaños han sido publicitados por los medios por lo que en algunas oportunidades el juez “se sube a un taxi y lo reconocen, no falta el que le haga reclamos”, dijo uno de sus conocidos.

Quienes conocen su carrera dicen que no le tiembla la mano, ni la voz, para decir lo que considera correcto. En los dos años que lleva el proceso ha compulsado varias veces copias a los abogados defensores de los Nule ante el Consejo Superior de la Judicatura para que los investiguen. A cambio él también ha recibido señalamientos en su contra por supuestamente no dar garantías suficientes. Él sonríe y dice que esas acusaciones hacen parte del oficio.

Pero más allá del hombre severo que se ve en las audiencias, quienes permanecen en su entorno lo describen como una personas calmada y de buen sentido del humor. “Parece otro, es totalmente distinto al que toma drásticas decisiones”, aseguró uno de sus colegas.

El hombre tras el juez


Weiss, hijo de un médico que llegó al país huyendo de la guerra, y de una docente de primaria, arribó a Bogotá proveniente de Tesalia, Huila, cuando tenía 13 años. Terminó su bachillerato y decidió ingresar a estudiar derecho en la Universidad Libre, en la capital del país. Allí mismo hizo un posgrado en Derecho Penal y Criminología.

Más allá del juez, está el hombre separado, padre de un hijo y el que encontró desde hace varios años la compañía ideal en su actual esposa. Su cabeza rapada no es por casualidad de la vida: lo hace porque su pareja lucha por superar un cáncer y es la mejor forma de “demostrarle que los dos están juntos en eso”.

Desde hace 20 años, es docente de Derecho Penal en diferentes universidades, y aunque no es el típico “profe cuchilla”, quienes asisten a sus cátedras reconocen la seriedad con la que las dicta y lo exigente que puede llegar a ser.

Su carrera inició como notificador. Luego pasó por los cargos de sustanciador, escribiente, secretario y por los diferentes tipos de juzgados que existen. Fue magistrado de la Sala Penal de Foncolpuertos y Cajanal en Bogotá, y de ahí volvió a ser juez.

Weiss es el menor de cinco hermanos. Cuando le queda un poco de tiempo y no está trabajando las más de 15 horas a las que está acostumbrado, “le encanta ir a pescar a la finca”. En ese mismo lugar tiene diferentes animales, entre los que hay pavos y perros. Cuando va en compañía de sus hermanos y demás familia disfruta de la buena música. “Escucha de todo, pero el género depende del momento y el lugar”. Gusta desde la clásica pasando por Darío Gómez hasta Vicente Fernández.

“Su familia quiere que se pensione y que deje de lado tanto trabajo”, anota un allegado. El juez ha conocido lo que son las amenazas, pero pese a que algún día tuvo escoltas, prefirió que él mismo velaría por su seguridad, pues no confiaba mucho en quienes le habían sido asignados.

Aunque la sangre alemana corre por sus venas, siempre ha vivido en Colombia y asegura que “este es un muy buen vividero”. Los años de rumba en la época de universitario no tuvieron cabida en la vida del hoy juez, y “por seguridad esos planes sociales ya no los puede hacer”.

Weiss, de no haber sido abogado, hubiera querido estudiar una carrera social que pudo haber sido antropología, filosofía o humanidades.

A sus 57 años, este juez formado en el catolicismo, se ha convertido en una figura pública. Prefiere no hablar a los medios de comunicación y solo dar a conocer sus puntos de vista con la toga puesta y desde la presidencia de una audiencia. Es un estudioso de todo tipo de literatura: en su biblioteca hay desde poemas hasta libros de derecho.

Pero el de los Nule no es el primer proceso de importancia que lleva. Estuvo en el de Foncolpuertos, en el del Banco Andino, y condenó a la ‘Doctora Cianuro’, que asesinaba a sus pacientes.

Del proceso de los Nule, según personas cercanas a Weiss, se sabe que el funcionario en etapas como la acusación, andaba para arriba y para abajo con los folios que debía estudiar y que, incluso, los llevaba a su finca los fines de semana. “Le ha quitado mucho tiempo, es un trabajo muy exhaustivo y que no se saca de la noche a la mañana. Lo mismo le hubiera sido para cualquier juez”, aseguró uno de sus colegas.
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