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| 11/14/2009 12:00:00 AM

La diplomacia en entredicho

Ni la ONU, ni la OEA, ni Unasur servirán como escenarios para resolver el problema entre los gobiernos de Colombia y Venezuela. ¿Cómo desactivar la bomba de tiempo?

La primera pregunta que se están haciendo los colombianos es si va a haber guerra con Venezuela. Y la segunda es si hay poder humano que pueda evitarla o al menos apagar las llamas que prendió Hugo Chávez cuando arengó por televisión a los venezolanos a "prepararse para la guerra". Para Colombia es una situación inédita. Nunca en los últimos 50 años, ni siquiera en las crisis más difíciles con Nicaragua, Ecuador o el mismo Venezuela, se había visto que un Presidente vecino invoque la palabra "guerra" contra Colombia como lo hizo Chávez. El turno es entonces para la diplomacia. Pero ¿qué tan efectiva puede ser en este caso, y ¿qué instancia puede ser la más útil?

Se podría empezar por descartar soluciones. Por ejemplo, contrario a lo que muchos pueden creer, la ONU no sería propiamente un escenario para arreglar por las buenas. Es cierto que puede servir de instrumento para garantizar la paz como lo ha hecho al enviar agentes de buenos oficios, como en el diferendo Guyana-Venezuela o en Haití en 1991, o en soluciones más ambiciosas como la misión preventiva en Macedonia en 1999. Pero el problema es que el gobierno de Colombia lo que busca es que se condene a Chávez. Y Chávez, a su vez, quiere lo mismo contra el gobierno de Uribe.

La nota diplomática que entregó la embajadora colombiana Claudia Blum al Consejo de Seguridad de la ONU lo que hace es denunciar al presidente Chávez y sus amenazas de "usar la fuerza" contra Colombia. Y Venezuela no se quedó atrás. Al día siguiente, advirtió ante el mismo organismo que "el establecimiento de siete bases militares de Estados Unidos en Colombia crea una peligrosa realidad geoestratégica conducente a provocar un conflicto continental de grandes magnitudes".

Pero esta guerra de palabras difícilmente llegará a ser tema del Consejo. Cualquiera de sus cinco miembros permanentes puede vetarlo, y Estados Unidos, a través de su embajador en la OEA, ya dio a entender que no le interesa que llegue. Entre otras, no le conviene que asuntos de su patio trasero se ventilen allí. Ya hay un antecedente reciente. El litigio entre Colombia y Ecuador por el bombardeo que dio muerte a 'Raúl Reyes' intentó llegar a la ONU, y de allí lo devolvieron a la OEA.

Y lo mismo ocurre en otros organismos multilaterales como la OEA y Unasur. En el caso de la OEA, el prestigio de su secretario general, José Miguel Insulza, no atraviesa el mejor momento. Para empezar, la delicada crisis política que desató el golpe de Estado en Honduras lo ha dejado como un pésimo negociador, que ha cedido protagonismo a otros mediadores, pues la diplomacia estadounidense, o el presidente costarricense, Óscar Arias, han tenido un papel más relevante.

Además, su neutralidad podría ser cuestionada por ambos bandos. Por un lado, la OEA carga el lastre de ser considerada "el ministerio de colonias de Estados Unidos" por la izquierda radical latinoamericana, Chávez la ha atacado en muchas ocasiones e incluso se ha mofado de Insulza. Y por otro, la crisis hondureña ha hecho que muchas voces cuestionen que la OEA defienda el imperio de la ley en Centroamérica pero no en Venezuela, donde Chávez ha acosado impunemente a sus opositores. Tanto el alcalde de Caracas, despojado de sus poderes, como varios líderes estudiantiles han hecho huelga de hambre frente a su oficina en la capital venezolana para protestar el silencio de la organización. Los más suspicaces incluso le apuntan a que Insulza ha pretendido cortejar los votos de Chávez y sus aliados de cara a su reelección como secretario general el próximo año. Además, muchos líderes de la región están interesados en que la OEA ceda terreno a otros espacios sin la presencia de Washington, lo que le ha restado influencia.

Unasur, que debería ser el escenario ideal para resolver temas de seguridad de Suramérica, ya quemó sus naves. En primer lugar, por el episodio del debate sobre las bases militares en Colombia, donde el gobierno de Uribe se sintió acorralado por los gobiernos vecinos. En segundo lugar, por la desconfianza ideológica frente a un organismo multilateral donde la mayoría de los gobiernos son de izquierda y no ven con buenos ojos la estrecha relación de Colombia con el Tío Sam.

En este contexto puede funcionar mejor una tercería como la que ofreció Brasil. La mano derecha de Lula para asuntos internacionales, Marco Aurelio García, ha repetido en los últimos 10 días que Brasil está dispuesto a crear una comisión para vigilar la frontera y evitar que cualquier incidente desate la guerra. Y que esta comisión de vigilancia "podría ser el primer paso para un pacto de no agresión entre los dos países y para la normalización de las relaciones". Pero ya Chávez le cerró la puerta a esa propuesta y dijo, una vez más, que el problema eran las bases militares en Colombia.

A pesar de que ambos tienen buenas relaciones con Lula, cada uno tiene sus reservas. Colombia, por ejemplo, puede tener cierta desconfianza ideológica con García, que ha estado más inclinado a la izquierda radical. Y por eso, tal vez, fue que el canciller Bermúdez también llamó a su colega Miguel Ángel Moratinos para ver si España se vincula a la tercería.

Pero en realidad más que la diplomacia son los intereses los que se terminan imponiendo para evitar las guerras. No en vano a sólo cuatro días de las 'amenazas', Chávez tuvo que bajarles el tono a sus palabras. Entre otras razones, porque el Senado de Brasil congeló la discusión de si permite o no la entrada de Venezuela a Mercosur. En declaraciones a La FM de RCN, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Brasil, Eduardo Azeredo, dijo que la votación fue aplazada porque existen dudas del carácter democrático del gobierno de Chávez y que el Presidente venezolano es visto como un desintegrador, mientras "Mercosur es integración".

Esta no es la primera vez que los intereses logran desactivar la bomba de tiempo. Las otras fricciones entre los dos países se han superado -al menos temporalmente- porque alguno de los dos ha tenido que aflojar. En el caso de la captura del guerrillero 'Rodrigo Granda' en 2005, el comercio fue definitivo. Los empresarios colombianos con ventas por más de 4.000 millones de dólares presionaron al presidente Uribe y este recurrió al hombre de las entrañas de Chávez, el presidente cubano, Fidel Castro, quien logró hacer las paces.

La pregunta entonces es cuáles pueden ser los intereses que desactiven ahora los ánimos belicistas y paranoicos de Chávez. Lo que más preocupa es que se han ido diluyendo los diques de contención, de los cuales el más importante es el comercio. Los empresarios colombianos decidieron tragarse el sapo de perder ventas en aras de defender el interés nacional. Aún no es claro si el gobierno venezolano puede prescindir de todos los productos de la canasta familiar (como la carne y la leche) que importa de Colombia, sin un impacto en su popularidad.

Hasta ahora, el interés que se le nota a Chávez es el de construir un discurso guerrerista basado sobre la defensa de Venezuela frente a un imaginario "ataque preventivo" liderado por Estados Unidos a través de Colombia. Eso quiere decir que se va creando un discurso de supuesta agresión de Colombia que puede llevar a una conflagración ante cualquier incidente en la frontera.

Por ahora, Brasil está intentando reunir a Chávez y a Uribe en la cumbre de los países amazónicos en Manaos el 26 de noviembre. Reunión que aún no está confirmada. Seguramente en esa reunión no se resolverá una tensión binacional que se viene incubando desde hace varios años. Pero puede ser el primer paso para que no sólo Brasil, cuyo liderazgo y mediación son esenciales, sino que, de la mano de otros países, como Perú, México o Canadá, se pueda empezar a desactivar una bomba de tiempo que afecta a toda la región.
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