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| 6/3/2015 9:20:00 PM

La dolorosa historia del sueco presuntamente asesinado por las FARC

A dos años de la desaparición de Jan Phillip Braunisch en las selvas del Darién chocoano, se supo qué ocurrió con él.

El 15 de mayo del 2013 el sueco Jan Philip Braunisch, de 26 años, desapareció misteriosamente en las selvas de Chocó, desde donde quería atravesar el tapón del Darién y llegar a Panamá y el resto de Centroamérica.

Tenía experiencia en grandes recorridos y había planeado un viaje por nueve países durante tres meses. En Riosucio, en el norte de Chocó, fue la última vez que lo vieron. De hecho -según escribió Colombia Report-, el viajero extranjero, especialista en matemática y que tenía pensado regresar a la Universidad de Cambridge para seguir un posgrado en la misma área, tuvo desde allí el último contacto con su esposa.

“Estoy en Riosucio ahora, en el río Atrato. A partir de aquí no está lejos Panamá. Hay supuestamente muchos caminos de aquí a Panamá. Ya veremos cómo va”. Luego de eso vino la preocupación para su familia, pues no dejó rastro.

La zona por donde se movía es una región selvática de río y mar preferida por los narcotraficantes para el tránsito de drogas hacia Estados Unidos y Europa. También es un área donde se mueve, a su antojo, el frente 57 de las FARC, comandado hasta hace pocas semanas por José David Suárez, ‘Becerro’, que murió en un bombardeo en zona rural de Bojayá.

Cuatro meses más tarde, su esposa Shiwen Gao viajó hasta Colombia para investigar sobre la desaparición del viajero. Pero el tiempo pasó y nadie daba razón de Braunisch.

Los familiares y amigos comenzaron a utilizar las redes sociales y los canales de algunos medios para mostrar fotografías y compartir la descripción del joven. “Edad 26 años, 1,86 metros, 60 kilos aproximadamente, camiseta verde, shorts o pantaloneta a prueba de agua azul oscuro, sandalias, lentes, mochila pequeña. Habla poco español”. Colombia Report contó que el extranjero era un experto en viajar a zonas difíciles. Ya había hecho una larga travesía por África.

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Una de las imágenes compartidas en las redes sociales.

Los datos entregados por los investigadores que hoy conocen el tema a fondo indican que cuando desapareció iba a bordo de una lancha con algunos turistas.

La embarcación fue interceptada por miembros de la guerrilla que requisaron los equipajes. Encontraron en el maletín de Braunisch un GPS y de inmediato fue separado del grupo. Le preguntaron qué hacía y por qué tenía el aparato y fue acusado de estar haciendo inteligencia en la zona. Creyeron que se trataba de un espía o elemento de alguna agencia de seguridad estadounidense.

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Una fotocopia del pasaporte de Jan Philip.

Se lo llevaron y nunca más se supo de él. Sólo ahora comienzan a despuntar los primeros datos de lo que ocurrió. Fuentes de la Fiscalía le dijeron a Semana.com que miembros de la comisión de paz de las FARC en La Habana entregaron los datos de la ubicación del cuerpo del joven al Comité Internacional de la Cruz Roja.

El organismo internacional -que por lo general no entrega detalles sobre sus acciones- habría viajado a la zona y recuperado los restos que fueron entregados al CTI en Quibdó, el 21 de mayo pasado. “Estaba enterrado en una comunidad indígena de muy difícil acceso”, dijo a Semana.com un investigador en la capital chocoana.

Los restos fueron trasladados a Bogotá para ser analizados. Los compararon con un elemento con ADN enviado desde Suecia y los restos óseos correspondieron.

Los investigadores aseguran que reconstruyeron el cráneo por estar fragmentado y encontraron lesiones de proyectil de arma de fuego.

Hicieron un análisis adicional tomando muestras de esas lesiones y las sometieron a un microscopio electrónico de barrido. Encontraron residuos de disparos. “Eso nos ayuda afianzar la tesis de que murió por un proyectil de arma de fuego”.

Los restos aún reposan en el Departamento de Criminalística del CTI, en Bogotá, donde esperan instrucciones para entregarlos a su familia. Será así como termine la triste travesía del joven sueco que soñó con conocer el norte de Chocó, atravesar la frontera y recorrer por semanas enteras algunos países de Centroamérica. Un viaje truncado por la violencia.
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