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| 2/12/2011 12:00:00 AM

La dueña de la llave

En Colombia se ha hablado de un 'boom' minero y petrolero. Pero no se ha hablado de la directora de licencias del Ministerio de Ambiente, quien decide qué se hace y qué no. ¿Quién es ella, una de las mujeres más poderosas del país?

Por esas cosas extrañas del Estado, la persona encargada de abrir la última puerta para que las poderosas multinacionales del petróleo o de la minería exploten los recursos naturales en Colombia no es ni el presidente de la República ni el ministro del ramo. Es la directora de la Oficina de Licencias del Ministerio de Medio Ambiente, que en el orden jerárquico está incluso por debajo del viceministro.

Si los cálculos del boom petrolero y minero que se avecina son los correctos, ella tendrá que ponerle el 'chulo' (o negárselo) a inversiones en el campo de la minería y la energía por 49.000 millones de dólares, de aquí a 2015. Eso equivale a negocios por cerca de 100 billones de pesos. Y de esa inversión salen las regalías que sumarían -con las explotaciones ya existentes- entre 10 y 12 billones de pesos, que es, finalmente, la plata con la cual el gobierno nacional piensa mover sus cinco locomotoras.

No cabe duda de que es ella una de las funcionarias más poderosas del Estado. Lo paradójico es que su poder es inversamente proporcional al bajo perfil ante la opinión. Si se hiciera una encuesta, el ciento por ciento de los consultados no sabría decir quién ocupa o ha ocupado ese cargo. Prueba de ello es que el miércoles pasado se posesionó Luz Elena Sarmiento como directora de la Oficina y la noticia pasó sin pena ni gloria en los medios.

Pero así como es de desconocida la figura para la opinión, es de popular en el gremio. Cuando se filtró que Sarmiento era la elegida, la empezaron a llamar de multinacionales petroleras y mineras para invitarla a almorzar. A los diez días ya contabilizaba cerca de setenta invitaciones. A todas les respondió que no.

De hecho habló con Alejandro Martínez, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo, y con el viceministro de Minas, Tomás González, y les dijo que se encargaran de decirles a las empresas que no pierdan el tiempo con el lobby. "Que mejor se ahorren esos 40 o 50 millones de pesos mensuales".

¿Quién es esta mujer que tiene la tarea de poner el hierro de los rieles para que puedan rodar las locomotoras del gobierno Santos?

A uno de sus exjefes le han oído decir que es "un cerebro repatriado". Sarmiento estaba muy cómoda en Washington, donde desde hacía cuatro años trabajaba en la Unidad de Salvaguardas Ambientales del BID. Es decir, daba el aval en materia de medio ambiente para préstamos de millones de dólares.

Hasta allí llegó luego de una exitosa carrera como técnica. Combinó su grado como geóloga de la UIS con una especialización en resolución de conflictos. Y con esas dos herramientas se metió a trabajar en zonas difíciles como el Magdalena Medio, con Ecopetrol, y La Guajira, con El Cerrejón. Gracias a su labor El Cerrejón saltó en un solo año de ocupar uno de los últimos puestos en materia ambiental a uno de los primeros entre las 100 operaciones de BHP Billiton en el mundo.

Su carácter franco y con temple hizo que se ganara el aprecio de las comunidades y el respeto de actores armados, lo cual le sirvió para lograr la liberación de trabajadores secuestrados. En una ocasión, Luz Helena tenía que ir a decirle a un jefe guerrillero que la empresa no iba a pagar rescate. Ella salió de su casa pensando que no volvería a ver su hija de seis meses. Empacó una biografía de Gandhi y en la primera página escribió: "Todas las luchas son respetables, pero hay unas que hacen más bien que otras". Le entregó el libro al guerrillero y este le respondió que por tener la valentía de ir al monte a decirle las cosas en la cara le iba a respetar la vida.

Por su experiencia en el manejo de proyectos de cuantiosos recursos, Luis Alberto Moreno, presidente del BID sugirió su nombre a Juan Manuel Santos. A pesar de que significaba una rebaja significativa de salario, pensó que venía a cumplir un compromiso con el país. Tal y como se lo habían enseñado en su familia católica santandereana.

Sarmiento llega cuando la oficina está en uno de sus peores momentos. En diciembre se dio un trancón tal en el otorgamiento de licencias que el sector petrolero calculó pérdidas por cinco millones de dólares diarios. Y el exministro Rodríguez también se quejó: "Esa Oficina es lo menos fiable. Tienen ocho funcionarios y 180 contratistas, muy buena parte de los cuales lo único que aspiran es ir a trabajar a la Greystar o a la Drummond".

Las licencias que tendrá que conceder no son de poca monta. Su primer gran salto al agua va a ser en un mes cuando se vence el término para el polémico proyecto de la empresa Greystar de extraer oro en el Páramo de Santurbán, ubicado en su Santander del alma. Ella tiene muy claro, por su experiencia, que cualquier licencia que dé tiene que garantizar que al país no le salga más costosa después. Y sobre todo tiene su conciencia tranquila, porque cuando termine su labor, su puesto en el BID aún la estará esperando: "Mi ventaja es que no espero que una petrolera ni una empresa de minería me contrate".
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