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| 12/10/2011 12:00:00 AM

La embarrada de Petro

La caída del 18 por ciento en el precio de la acción de la EEB no refleja la realidad financiera de la compañía, sino el riesgo que entraña la falta de experiencia del nuevo alcalde de la capital.

La semana pasada, el alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro, armó la gorda con las declaraciones que dio sobre el futuro de las empresas de servicios públicos de la capital. Su propuesta de fusionar las compañías de acueducto, telecomunicaciones y energía produjo un huracán en el mercado de valores, pues la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) y la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) son sociedades inscritas en la bolsa.

La acción de la EEB, considerada la joya de la Corona del Distrito, cayó 18 por ciento en tres días, lo que significa que su valor en bolsa disminuyó en casi 2 billones de pesos. Es decir, se esfumaron como en un soplo de magia.

Aunque este año el entorno internacional ha generado una gran volatilidad en el mercado bursátil, incluido el colombiano, y las acciones en general han bajado, el desplome de la EEB fue interpretado por los analistas como una consecuencia directa de las declaraciones del alcalde electo. De hecho, la acción aceleró su caída un día después de la entrevista que le concedió a Yamid Amat en el periódico El Tiempo y en la que, además de plantear la fusión de las tres empresas, expresó su desacuerdo con que la EEB invierta fuera del país, como lo viene haciendo en Perú.

El descenso de la acción obligó a la Superintendencia Financiera a suspender el miércoles su negociación en la bolsa. Es la primera vez desde que se expidió la Ley del Mercado de Valores, en el año 2005, que la Superintendencia toma una decisión de esta naturaleza. El superintendente, Gerardo Hernández, señaló que se trató de una "medida preventiva para proteger a los inversionistas con el fin de que el Emisor y su accionista mayoritario informen a profundidad al mercado sobre la situación general de la empresa".

Pero si hay algo claro es que la desvalorización de la acción de la EEB no obedece a lo que los expertos llaman los fundamentales de la compañía -es decir, su salud financiera y la solidez del negocio-, pues viene mostrando excelentes resultados. Lo que salió a flote con la reacción del mercado son los riesgos que entraña la falta de experiencia del nuevo alcalde capitalino. Cualquiera que se mueva en el mundo empresarial sabe que cuando las compañías están inscritas en la bolsa de valores deben cumplir unas reglas básicas en materia de información y comunicaciones.

Petro debería saber que cualquier decisión relacionada con una compra, venta, emisión de acciones o planes futuros de una empresa listada en la bolsa debe ser primero informada al mercado a través de la Superintendencia Financiera, que es la entidad encargada de divulgarla en su página de internet en una sección que se conoce como Información Relevante.

Por más alcalde electo que sea, y aunque el gobierno de Bogotá es el socio mayoritario de la compañía, Petro no puede desconocer los dictámenes de la ley y de las buenas costumbres empresariales, diseñados para evitar el envío de señales confusas que los inversionistas pueden interpretar como cambio de las reglas del juego. Quien invirtió en las acciones de la EEB lo hizo pensando que a futuro esta compañía generará valor y esto se traducirá en mayores dividendos. La idea de Petro puso nerviosos a los inversionistas, entre quienes están personas naturales, fondos de pensiones y Ecopetrol, estos dos últimos con un 7,5 por ciento cada uno.

Los comentaristas del mercado consideran que las declaraciones de Petro no solo fueron confusas, sino imprudentes. La propia alcaldesa Clara López, quien ha manejado el empalme con gran cuidado, protestó en una carta que le dirigió a su futuro sucesor: "Los recientes anuncios relativos al futuro de la ETB y la EEB que planea imprimirles el nuevo gobierno, más allá del plano político en que se han venido planteando, producen efectos de orden económico en el mercado de valores, en la medida en que las acciones de estas compañías se encuentran inscritas en la Bolsa de Valores de Colombia y en el Registro Nacional de Valores y Emisores, por tanto, afectan de manera patente el patrimonio del público inversionista".

A pesar de las alertas, Petro mantuvo la polémica e incluso la atizó a través de varios mensajes en Twitter en los que afirmó que el precio de la acción venía cayendo por otras causas e insinuó que ahora se había desatado una ola especulativa. No aceptar que sus declaraciones generaron confusión muestra que además de su inexperiencia en los asuntos empresariales, su temperamento - que puede ser también su mayor virtud - en este caso puede hacer más complicadas las cosas. La flexibilidad y sutileza en las palabras, y sobre todo la prudencia, son condiciones que debe tener quien manejará una empresa de la magnitud de la capital de la República, con ocho millones de habitantes.

El asunto, como dice Juan Pablo Córdoba, presidente de la Bolsa de Valores de Colombia, es que Petro puede puede tener un proyecto con las empresas de servicios público, pero eso no lo exime de cumplir con las normas que se han establecido para las empresas que están en una economía de mercado y que empiezan por proteger al accionista minoritario. Bien lo expresó Clara López en su carta: "Si bien es cierto que el Distrito Capital es el accionista mayoritario de estas empresas, no puede afectar con sus actuaciones los derechos de los accionistas minoritarios, quienes se encuentran protegidos por las normas de Buen Gobierno Corporativo y Mercado de Valores, sin importar el valor de las inversiones o el número de acciones que estos posean".

Por otro lado, si bien la idea de querer subsidiar a las personas de menores ingresos es válida, lo lógico sería hacerlo a través de la generación de valor de una empresa como la EEB: usar sus utilidades, por ejemplo, para subsidiar a otros sectores, como el del agua.

Cualquier economista entendería que es bueno que las empresas crezcan, se expandan y generen riqueza. Mientras mejores resultados tenga, más dividendos puede repartir entre los accionistas. En este caso, el Distrito tiene el 76 por ciento de la compañía.

Para algunos, Petro está demostrando no tener una visión clara de administrador al querer mezclar una empresa de buen desempeño, como la EEB, con dos menos rentables.

Carmenza Saldías, quien fue directora de Planeación Distrital del segundo mandato de Antanas Mockus y parte del de Lucho Garzón, le pidió a Petro ser responsable con el patrimonio de la ciudad. "Debe entender que ahora, como alcalde, es la máxima autoridad de una serie de entidades y empresas que no pueden ser manejadas con personalismos ni con caudillismos reeditados". Afirmó que estas empresas tienen juntas directivas y accionistas, y que además debe tener en cuenta al Concejo distrital. Lo que tiene que hacer ahora es llevar sus propuestas de campaña, por las que fue elegido, a un plan de gobierno que debe ser analizado, discutido y ajustado en todas estas instancias.

Ahora bien, la propuesta tampoco ha sido clara. En unas ocasiones Petro ha hablado de fusionar las empresas y en otras se ha referido a la creación de un holding. César González, superintendente de Servicios Públicos, dice que "una integración como la que planteó Petro es permitida por la ley, pero llevarla a cabo en el caso de Bogotá puede ser un proceso muy largo y complejo".

La exsecretaria de Hacienda del Distrito Beatriz Arbeláez dice que una fusión tendría una complejidad enorme por las características de las compañías y que en todo caso se requieren estudios económicos y hasta de la situación laboral de las tres empresas, que son bien diferentes. En últimas, se podría terminar afectando a la empresa que mejores resultados da, como es la EEB.

El asunto es que para hacer política pública con las empresas que están en el mercado hay que tener mucho cuidado. Los gobernantes de izquierda que más éxito han tenido en los últimos años se han caracterizado por el manejo técnico y pragmático de los asuntos económicos. Ha sido mucho más elogiada la política seria de Lula da Silva en Brasil, o la de los gobiernos de la concertación en Chile, que la del 'todo vale' de Chávez en Venezuela. Mientras Brasil y Chile están disparados, son centros de atracción para la inversión y han reducido la pobreza, Venezuela es la economía de peor desempeño en el continente. El manejo politizado de Pdvesa, una empresa que por su riqueza debería figurar entre las más prósperas del mundo, la tiene en serios problemas.

Petro debe tener en cuenta la diferencia que existe entre hablar como congresista para hacer oposición y generar debates y otra sentarse en la silla de un administrador de recursos.

Ahora el alcalde, sin posesionarse aún, tendrá que defenderse por la embarrada que cometió. El abogado penalista Jaime Granados ya presentó una denuncia en su contra por el delito de pánico económico. Y aunque puede ser que la acción no tenga sustento, o que su trámite se dilate, no es la mejor forma de comenzar una gestión tan importante como la que le espera a Petro como alcalde de Bogotá. Como si la ciudad no tuviera ya suficientes problemas.
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