Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

La encrucijada azul

El pastranismo y el conservatismo siguen muy distantes. Las posiciones frente a la reelección de Álvaro Uribe son irreconciliables.

La semana pasada el ex presidente Pastrana estuvo en Bogotá. Su posición frente a Uribe es cada vez más distante.

En la vieja sede del Partido Conservador del barrio Teusaquillo, la única memoria de la obra de Andrés Pastrana es un cuadro con la imagen del ex presidente colgado en las paredes de un cuarto desvencijado". Así piensa uno de los cuatro parlamentarios pastranistas que aún queda en el Congreso y que, al igual que sus colegas, resiente que el Partido Conservador no reconozca la obra del último de los mandatarios de su propia cuna.

Esta susceptibilidad, sumada a las agudas críticas del ex presidente Pastrana a la reelección, al manejo de las relaciones con Venezuela y al proceso de paz con los paramilitares, es precisamente la que ha impedido los acercamientos entre los pastranistas -algunos de ellos aún agrupados bajo las banderas de la Nueva Fuerza Democrática, movimiento fundado por Pastrana en 1991- y la dirección del Partido Conservador, encabezada por el senador Carlos Holguín.

La lealtad del Partido Conservador con el gobierno Uribe tiene costos: ha perdido visibilidad, identidad e iniciativa. Su disciplinado apoyo a la reelección generó versiones sobre intercambios de prebendas burocráticas. "Compras de conciencias", según duras palabras de Pastrana.

Esta situación y el distanciamiento del ex presidente han dejado a Holguín y a sus seguidores en una encrucijada: el partido azul perdió a un líder natural, como lo pudo haber sido ser un ex presidente, y Holguín -en opinión de algunos pastranistas que hablaron con SEMANA- no ha dado la talla para esta jefatura. De un lado, por una supuesta falta de liderazgo y convocatoria, que se ve reforzada por su imagen de senador perpetuo. De otro, porque con su apoyo cerrado a la reelección se ha ganado una imagen de mánager del clientelismo.

Pero lo más grave para el Partido Conservador es no tener candidato propio. En los últimos días, y en especial en la convención parlamentaria que el miércoles pasado ratificó a los miembros del directorio, algunos congresistas plantearon la necesidad de apoyar a un candidato diferente a Uribe. Sin embargo, hasta ahora no hay indicios realistas de que esto suceda. Y esta es una situación que ha generado malestar porque, como señala uno de los congresistas, "tenemos un problema de identidad: los que queremos repetir no sabemos si estaremos en listas conservadoras o si éstas perderán este calificativo y simplemente serán uribistas".

De hecho, muchos encuentran en este malestar la justificación de la salida de algunos de los jefes políticos del conservatismo a otras listas. Es el caso del senador Roberto Gerlein, quien hace pocos días decidió lanzar nuevamente su candidatura con el aval del Equipo Colombia, movimiento de origen conservador liderado por Luis Alfredo Ramos.

Ante el desconcierto por las listas conservadoras, en la junta de parlamentarios se acordó realizar en noviembre una consulta popular para buscar candidatos a Senado y Cámara y de paso analizar las preferencias electorales frente a un candidato presidencial. Pero mientras tanto, el directorio azul busca atraer nuevos nombres que le den un aire renovador a las candidaturas a Congreso y, por eso, hace dos semanas Holguín envió una carta a un grupo de técnicos y políticos cercanos a Pastrana, en la que los invitan a incluir sus nombres en la lista del partido.

Pero las relaciones del pastranismo con el conservatismo oficialista no dan para tanto. El pasado martes, Holguín convocó a un almuerzo a andresistas como Rómulo González, Juan Camilo Restrepo, Mauricio Cárdenas y Álvaro Leyva para sellar la intención de acercarlos al partido. No tuvo mucho éxito. Simultáneamente, el ex presidente hizo una visita relámpago al país en la que confirmó su interés de asumir un papel activo en la política nacional. Al final, ratificó la voluntad de quienes asistieron al almuerzo de Holguín y de otros nombres como Juan Gabriel Uribe, Camilo Gómez, César Mejía, Juan Carlos Echeverri y Telésforo Pedraza, para lanzar desde la plataforma pastranista un proyecto alternativo al de Álvaro Uribe, que reivindique las políticas de gobierno promovidas entre 1998 y 2002.

Probablemente, las tensiones entre pastranistas y conservadores -y por extensión, entre los pastranistas y el uribismo- no habrían sido tan fuertes si el presidente Uribe le hubiera dado un tratamiento más diplomático a su antecesor, y se hubiera abstenido de calificar su posición frente a la reelección de ser una simple manifestación de "animadversión personal". Pastrana habría podido ser un aliado natural del actual gobierno para tramitar sus iniciativas con un grupo amplio de parlamentarios conservadores en los que tiene innegable ascendencia.

Pero las diferencias se han ampliado. La reconciliación entre los seguidores de Pastrana y el Partido Conservador -en el corto plazo- es prácticamente imposible. La única opción de acercamiento se daría si los conservadores le apuestan a un candidato presidencial diferente a Uribe. Una alternativa que se ha contemplado -los nuevos estatutos acogen el mecanismo de la consulta popular- pero que no es realista.

La que sí lo es, en cambio, es la de reeditar un proyecto semejante al de la Nueva Fuerza Democrática de 1991, cuando con su aval logró elegir ocho senadores. Es decir, montarse en las nuevas reglas de juego de la política, que establecen la lista única y permiten el voto preferente, para presentar un equipo calificado y atractivo para el electorado de opinión. Todo indica que Pastrana se dedicará de lleno a ese proyecto desde junio próximo cuando regresará al país a encabezar la causa.

La pregunta que queda pendiente es si además convergirá con líderes como Alfonso López, César Gaviria, Horacio Serpa y Antonio Navarro, que han hecho planteamientos similares frente a la reelección, pero con quienes tiene pésimas relaciones políticas.

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