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| 2/18/1991 12:00:00 AM

LA ENTREGA (SEGUNDA PARTE)

Jorge Luis Ochoa escogió el 15 de enero, pensando que ese día el mundo estaría más pendiente de la Tercera Guerra Mundial que de su entrega.

Jorge Luis Ochoa no estaba totalmente decidido a entregarse, a pesar de que su hermano Fabio lo había hecho. Pensaba que su fama de número dos del narcotrafico en el mundo podía desembocar, por presiones internacionales, en su extradición. Un discurso de César Gaviria lo hizo cambiar de opinión. Minutos después de que el Presidente anunciara categóricamente en Cartagena que no serían extraditados los narcotraficantes que se entregaran voluntariamente y confesaran uno de sus delitos, Jorge Luis Ochoa Vasquez toma la decision. A traves de una carta le comunicó a su familia, la noche del 7 de enero, tres semanas después de que lo hiciera su hermano menor, que se entregaría a las autoridades. Les pidió que realizaran todos los tramites pertinentes ante la Dirección Regional de Instrucción Criminal para que se acordara el lugar, la hora y la fecha de su entrega.
No era la primera vez que había estudiado la posibilidad de entregarse a las autoridades. Ochoa había maquinado esta posibilidad desde el mismo momento en que el Gobierno expidió el Decreto Legislativo 2047. En esa oportunidad le dirigió una carta al ministro de Justicia, Jaime Giraldo Angel, en la que le comunicaba la posibilidad de presentarse ante un juez y le pedía una mayor ampliación sobre el alcance del Decreto. Pero la carta iba mas allá de una consulta jurídica Ochoa le contaba al Ministro su vida y milagros y le manifestaba que los jueces y funcionarios de las cárceles donde había estado, y quienes posteriormente lo habían dejado en libertad, hoy estaban destituidos o presos. Al final de su mensaje al Ministro, Jorge Luis le manifestaba que tenía serios reparos sobre el tratamiento que recibiría una vez se entregara a la justicia colombiana y de las represalias que se pudieran tomar contra los jueces que fueran asignados para adelantar las investigaciones de su caso.
Ochoa también envió cartas a la dirección de Instrucción Criminal y a la Consejería de Derechos Humanos. A la primera le solicitó una mayor ampliación sobre el procedimiento que debería seguir para hacer efectiva su entrega. Y a la segunda le pidió claridad sobre el tipo de seguridad y de protección que le brindarían una vez se hiciera presente ante los jueces de orden público. El Ministro de Justicia le respondió públicamente sus inquietudes en las diferentes ruedas de prensa que dio para aclarar los alcances del Decreto. Sin embargo, para Jorge Luis estas declaraciones no eran lo sufientemente convincentes y con ellas se le estaba dando largas al asunto. Si el ministro Giraldo hubiera sido más claro en sus conceptos, la entrega de Ochoa se habría producido unas dos semanas despues de haberse conocido las medidas del Gobierno. Pero eso no ocurrio a pesar de las otras dos consultas que hizo al Ministro, señaló a SEMANA uno de los miembros de la familia Ochoa.
Todo parece indicar que varias de las dudas que tenía Ochoa se fueron aclarando a medida que transcurrían los días de detención de su hermano menor. Su familia, a través de cartas, lo tenía al tanto de todo lo que estaba ocurriendo. En ellas le contaban que la pesadilla de Fabio había terminado y le rogaban que hiciera lo mismo. Llegó a pensar en entregarse, a finales del año pasado, pero tenía miedo. Más que estos ruegos, sin embargo, fueron las palabras presidenciales las que lo convencieron.
En una carta que sus familiares mostraron a SEMANA, les dijo que ya era hora de dejar el infierno que había soportado durante los últimos tres años. Que no aguantaba un minuto mas lejos de su esposa y sus dos hijos a quienes no veía desde hacía año y medio. La última vez que compartió con ellos fue cuando su hija mayor se preparaba para la primera comunión, que hizo el 18 de agosto de 1989, el mismo día que fue asesinado Luis Carlos Galan, y en la que no pudo estar presente. Desde ese día perdió todo contacto con su familia y eso, segun él, lo tenía al borde de la locura los argumentos de Jorge Luis fueron mas que suficientes para que la familia Ochoa iniciara las gestiones y tramites que condujeron a su entrega.
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