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| 5/5/2007 12:00:00 AM

La estrategia del olvido

Las víctimas que asistieron a la versión libre de Ramón Isaza sienten que en lugar de recibir verdad y resarcimiento, fueron nuevamente violentadas.

"Cruel y despiadada". Así califica Flor Gallego, una de las víctimas de Ramón Isaza, la versión libre que éste entregó ante la Fiscalía la semana pasada. Ella, junto a más de 300 víctimas más, lo recibió afuera de la sala de audiencias, con ataúdes de cartón para refrescarle la memoria sobre su pasado sangriento. Durante las primeras horas, Isaza hizo gala de lucidez. Recordó con lujo de detalles todos los abusos que él, su familia y sus vecinos sufrieron por parte de las Farc. Luego, cuando tuvo que enfrentar sus 30 años en la vida criminal, dejó atónitos a los asistentes que le oyeron decir "me dio alzheimer... me siento bien pero se me olvidan las cosas".

Luego, con ayuda de unas notas de papel, empezó a recordar y confesó 78 homicidios cometidos por él directamente en toda la zona aledaña a Puerto Triunfo, y en particular a lo largo de la autopista Medellín- Bogotá. Prometió que en las próximas sesiones hablará sobre los crímenes cometidos por los comandantes de sus frentes, que no son otros que sus hijos, yerno y sobrinos.

Isaza presentó una versión light sobre su vida como paramilitar. Cuando el fiscal le preguntó cómo conquistaba las zonas, respondió que les daba golosinas a los niños para que le dieran información. A renglón seguido aseguró que sólo mató milicianos de la guerrilla. Las víctimas escucharon estupefactas. Sentían que estaba ocultando la verdad y que las estaba ofendiendo en su dignidad, en la propia cara de la justicia. "Al fiscal le falta mucho. No contrapreguntó", dice Flor Gallego, quien después de esta audiencia se siente desolada.

Gallego es una sobreviviente de la masacre ocurrida en la vereda La Esperanza de Carmen de Viboral en 1996. En esa ocasión los paramilitares desaparecieron entre junio y diciembre de ese año a 16 campesinos, entre los cuales están el esposo y dos hermanos de ella. Por eso no pudo aguantar las lágrimas cuando Isaza los trató a todos de guerrilleros. El jefe paramilitar admitió que su hijo Omar recibió de manos del general Alfonso Manosalva (q.e.p.d), comandante en ese entonces de la IV Brigada, la lista de 47 personas que debían ser eliminadas. En junio fueron desaparecidos los primeros cinco campesinos, entre los que se encontraba una pareja recién llegada a la vereda, Freddy 'El Costeño'; Irene, su esposa, y un bebé de 2 meses. En esa ocasión se llevaron a la pareja y dejaron al niño en la vereda por unos días (ver recuadro). Según dijo Isaza, él le advirtió a su hijo que las desapariciones iban a generar muchos problemas, "que era mejor matarlos y dejarlos por ahí tirados". En este caso, como en el de los demás jefes paramilitares, fue recurrente que Isaza sólo recordara los nombres de sus cómplices muertos, pero que le diera alzheimer cuando se trataba de los vivos.

Durante la audiencia fue interrogado por la carta que hace dos semanas exhibió el senador Gustavo Petro en el Congreso, en la cual el asesor presidencial Fabio Valencia Cossio le pedía apoyo con unos voticos para la convención conservadora, hace cerca de 20 años. Cuando Isaza estaba respondiendo, al fiscal le entró una llamada por celular y tuvo que suspender el relato. Al regresar, preguntó por otros asuntos y no retomó el tema.

Casualmente, mientras Isaza hablaba en Bogotá, en Medellín un fiscal delegado ante el tribunal le anulaba los cargos de homicidio a su hijo Oliverio Isaza Gómez, a pesar de que éste actuaba como jefe de un frente y fue incluso reconocido como vocero de las autodefensas por el gobierno.

La versión libre de Ramón Isaza deja una preocupación seria sobre el espíritu con el que se está aplicando la Ley de Justicia y Paz. Se supone que la Ley es un instrumento para conocer una verdad que sirva como resarcimiento y bálsamo para las víctimas. Pero hasta ahora, la dureza y el cinismo de los jefes paramilitares están ahondando el dolor y la incapacidad de perdonar de quienes han sufrido sus vejámenes. Así las cosas, el país se va alejando de la reconciliación y se acerca a la repetición de la historia. ¿Quién corregirá este problema?
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