Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1999/11/08 00:00

LA ESTRATEGIA

Al financiar el Plan Colombia, Estados Unidos no piensa tirar la plata en sac o roto. Los <BR>norteamericanos saben lo que quieren y están seguros de lograrlo.

LA ESTRATEGIA

En grupo de hombres se acerca en plena oscuridad y rodea silenciosamente al enemigo.
Helicópteros de vuelo sigiloso los apoyan desde el aire sin que sus contrincantes se den cuenta. Se inicia
un ataque apocalíptico que en menos de cinco minutos arrasa con toda señal de vida humana entre los
defensores. Los atacantes pueden ver en la oscuridad y la munición que usan está diseñada especialmente
para que solamente ellos puedan ver la trayectoria de sus propias balas y evitar ser alcanzados por el fuego
de sus compañeros. No se trata de una escena de una película de ciencia ficción. Por el contrario, es una
realidad que se desarrollará en Colombia cuando en diciembre próximo entre a operar el nuevo Batallón
Antinarcóticos del Ejército.La decisión que tomó el gobierno de Estados Unidos de aportar al Ejército
colombiano en la lucha antinarcóticos es estratégica. No se trata simplemente de entregarle una plata y unos
helicópteros a los colombianos para ver qué logran hacer con ellos. Los norteamericanos, que nunca sueltan
cifras como las del Plan Colombia, en un detallado análisis, saben exactamente lo que quieren obtener de todo
esto. El objetivo de los gringos es romper, por las buenas o por las malas, la relación que hay entre la guerrilla
colombiana y el narcotráfico."Estamos en capacidad de hacerlo en cuadrados de 500 hectáreas cada uno.
Y podemos garantizar que toda persona dentro de esa zona, que tenga un arma en sus manos y no
pertenezca a las Fuerzas Armadas colombianas, sea eliminada", dijo a SEMANA un alto funcionario de la
administración Clinton. Y la zona que está en la mira son los departamentos de Caquetá y Putumayo. Aún se
está considerando la posibilidad de incluir el Catatumbo, en el norte de Santander, dependiendo de cómo
reaccionen los cultivos de coca en el sector. "Si los cultivos aumentan, nos tiene sin cuidado quién esté al
mando en esa área, ya sea el ELN o Castaño, dijo el mismo funcionario a SEMANA. Sabemos
exactamente dónde están y podemos ubicarlos con un margen de error de menos de 10 metros. Es
imposibe trastear una plantación de coca o amapola".La razón por la cual se decidió operar de esta forma es
muy simple. La presión en materia de derechos humanos por cuenta de las ONG en Washington, calificada
por los funcionarios de la administración Clinton como "esquizofrénica", ha obligado al gobierno de ese
país a diseñar varios mecanismos para tranquilizarlas. Primero, sólo se atacarán las regiones donde
los cultivos de coca o amapola estén creciendo. Segundo, todos los hombres del Batallón
Antinarcóticos tendrán que ser aprobados por la embajada y el Departamento de Estado en materia de
derechos humanos. Tercero, el Plan Colombia incluye 70 millones de dólares para reformar la Justicia
Penal Militar en Colombia y más de tres millones de dólares para financiar la protección de por lo menos 80
miembros de ONG internacionales en Colombia, y, cuarto, como dijo a SEMANA el general Charles
Wilhelm, jefe del Comando Sur: "Es fácil saber si una operación es antinarcóticos o antisubversiva. Si es
antinarcóticos, pretende destruir un laboratorio, un cultivo, una pista de aterrizaje y a cualquier persona
armada que pretenda defenderlos. Si es cualquier otra cosa, es antisubversiva y no puede hacerse".El
problema ahora es cómo conseguir que se apruebe la plata necesaria para desarrollar el Plan Colombia.
Esto se debe a que en Washington hay una fuerte pelea política de cara a las próximas elecciones
presidenciales. Tanto demócratas como republicanos quieren aparecer como "el partido de la ortodoxia fiscal".
De tal manera que nadie se atreve a proponer un aumento en el gasto. SEMANA pudo establecer que en los
próximos días la secretaria de Estado, Madeleine Albright, le pedirá al presidente Clinton que vete el proyecto
de ley de presupuesto para el departamento de Estado, recientemente aprobado por el Congreso. Esto se
debe a que dentro de los 20.000 millones de dólares aprobados no están incluidos 6.000 millones de recursos
extras para Timor Oriental, Kosovo y Colombia. Se iniciará entonces una dura batalla política, en la cual los
republicanos buscarán que el gobierno haga recortes en otras áreas o asuma la responsabilidad política de
aumentar el gasto. Y tendrán que llegar a un acuerdo antes del 22 de diciembre próximo.Por lo pronto la
oficina del zar antidrogas, el Pentágono y el Departamento de Estado se la están jugando a fondo para que
salgan los recursos, pero la pregunta que muchos se hacen es ¿por qué Estados Unidos decide ahora
jugársela tan a fondo por un problema como Colombia, que hasta hace menos de un año les parecía
marginal? La verdad es que se presentaron varios factores. En primer lugar, hay una especie de complejo de
culpa colectivo en Washington en relación con Colombia. Esto responde a que, por la política de
aislamiento que manejó el establecimiento en Washington con el gobierno de Samper, la debilidad del
régimen en Colombia llegó a tal extremo que la subversión se fortaleció. Hoy las Farc son la única guerrilla
autosuficiente de que se tenga noticia en este siglo gracias a que un 40 por ciento de sus recursos vienen
del narcotráfico. Los gringos se dieron cuenta de que la guerrilla no va a entregar en la mesa de
negociaciones lo que no puede perder en el campo de batalla, y decidieron mandarle el mensaje de que es
mejor negociar ahora o tendrá que atenerse a las consecuencias.Ahora el gran interrogante está en manos del
gobierno de Andrés Pastrana. Si el Presidente de Colombia logra que los norteamericanos debiliten la
estructura financiera de las Farc hasta tal punto que negocie con seriedad se habrá salido con la suya. Si no
lo consigue, tendrá dos guerras en vez de una: la guerra de las Farc contra el establecimiento y la del tío Sam
contra los cultivos. Y tendrá que inventarse una forma de clonar a Víctor G.

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