Sábado, 21 de enero de 2017

| 2002/07/22 00:00

La estrella

Pastrana sacó al país del ostracismo y lo puso en la agenda prioritaria de Estados Unidos y Europa.

Todo el mundo esta de acuerdo con que el gobierno de Andrés Pastrana saca la mejor nota en su desempeño en las relaciones exteriores. Con un liderazgo personal del Presidente (se reunió personalmente 12 veces con los presidentes Clinton y Bush, algo inédito) este gobierno logró normalizar y mejorar las relaciones con Estados Unidos -que estaban en su punto más bajo luego de la debacle del narcoescándalo y Ernesto Samper-. Este equipo además consiguió que la potencia mundial elevara su ayuda militar y social a Colombia a un total sin precedentes de 1.700 millones de dólares y que le diera a la maltrecha economía colombiana un respaldo indispensable para conseguir créditos frescos ante la banca multilateral.

Otro logro que cobra el gobierno es que la diplomacia por la paz puso a pensar al mundo sobre su responsabilidad en el conflicto colombiano y derrotó a la diplomacia guerrillera. En efecto, al finalizar el mandato Pastrana tanto México como la Unión Europea le habían cerrado sus puertas a la guerrilla, al incluirla en su lista de terroristas. Claro está que para esto fue decisiva la presión estadounidense luego del 11 de septiembre.

El dúo Pastrana-Guillermo Fernández de Soto además reconstruyó el consenso interno sobre la política exterior que debía seguir Colombia; vendió con éxito la 'diplomacia por la paz' para que Europa respaldara el proceso de paz con las guerrillas un poco más allá de la retórica (no se consiguió demasiado pero por primera vez los europeos pusieron plata además de discursos); consiguió salir elegido al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con una votación récord de 168 votos; administró unas relaciones difíciles con Venezuela con el sentido pragmático de cuidar los 2.500 millones de dólares que vale el comercio bilateral y, por último, obtuvo la ratificación de tratados de delimitación marítima con Honduras en el Caribe y con Costa Rica en el Pacífico que consolidaron la jurisdicción colombiana sobre el mar, una aspiración del Canciller por la que había trabajado muchos años.

El gobierno puso a Colombia en la agenda prioritaria de Estados Unidos y Europa, y para hacerlo elevó el perfil y el conocimiento de éstos sobre los graves problemas del país. Ha sido una estrategia audaz y de doble filo: obtuvo más atención y ayuda, sí. Pero también es probable que empeorara la valoración internacional del riesgo colombiano para la inversión extranjera, para la deuda externa o incluso para el turismo. "La disyuntiva del gobierno era seguir discutiendo sus problemas internos sin resolverlos o ventilarlos en el exterior", dice Fernández de Soto, convencido de que Colombia debe hacer lo segundo porque no puede resolver ni el narcotráfico, ni la lucha contra el terrorismo, ni la protección de su biodiversidad, ni el tráfico de armas ni obtener la financiación para su desarrollo sin convocar el apoyo internacional basado en el principio de corresponsabilidad.

A pesar de sus éxitos la gestión internacional del gobierno Pastrana ha sido también cuestionada. Para algunas organizaciones no gubernamentales, como Acción Permanente por la Paz, la política del Plan Colombia fue más diseñada en Washington que en el país y además es muy cuestionable si trae beneficios a los colombianos o más a las empresas estadounidenses que venden helicópteros, fumigantes, etc. El gobierno colombiano ha insistido en que el Plan Colombia fue hecho en casa y, resulte exitoso o no, es responsabilidad del gobierno nacional y no del Departamento de Estado o del Pentágono.

La estrategia de buscar ayuda, dice un ex diplomático, no es necesariamente la más conveniente para Colombia. Pone al país en una situación de dependencia y lo somete a todo tipo de certificaciones (derechos humanos, impacto del glifosato, etc.) que le condicionan su política interna.

Mejor es, dice el crítico, buscar medidas que abran los mercados estadounidenses, como el Atpa, y que generen desarrollo en el país sin volverlo un mendigo.

Además de la ayuda el gobierno sí buscó renovar y ampliar el Atpa, pero según algunos observadores se demoró en darse cuenta de que el acuerdo que les quita los aranceles a múltiples productos colombianos en Estados Unidos vencía en diciembre de 2001 y no empezó a empujar el tema en el Congreso estadounidense a tiempo. A la fecha, si bien el Atpa ampliado ya fue aprobado por Senado y Cámara, aún resta la conciliación para convertirse en realidad.

Mayor acierto: recomponer las relaciones con Estados Unidos.

Mayor error: haber permitido que algunos funcionarios hablaran de más celebrando la caída de Hugo Chávez en Venezuela, que resultó temporal. Eso minó la relación y levantó esperanzas falsas entre los opositores venezolanos de que un endurecimiento en Colombia puede resolver los problemas políticos internos de su país.

Leccion: el costo de aislarse en un mundo globalizado es enorme; el desafío es mantener en las áreas clave, como derechos humanos, por ejemplo, la claridad de que no se puede ir en contravía de lo que exige el mundo.

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