Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/09/05 00:00

La feria de las vanidades

Los celos, las intrigas y el desorden podrían ocasionar que la Unesco le quite el título de 'Patrimonio de la Humanidad' al Carnaval de Barranquilla.

Diez meses después de que el Carnaval de Barranquilla fuera declarado por la Unesco 'Patrimonio de la Humanidad' en noviembre de 2003, es muy poco lo que han hecho las autoridades de esa ciudad, los gremios y las organizaciones folclóricas para poner en marcha el Plan de Salvaguarda del Carnaval, que fue presentado por el gobierno colombiano ante la Unesco.

Paradójicamente, el principal enemigo del Carnaval está en su cuna: Barranquilla. Todo comenzó cuando el Ministerio de Cultura trató de organizar el plan, un mapa de ruta que en 10 años debe transformar las fiestas, rescatar las expresiones que estén a punto de desaparecer y convertirlo en una verdadera manifestación folclórica de los colombianos.

El primer punto para ponerlo en marcha consistía en crear un comité interinstitucional que manejara los 26 proyectos que se deben presentar a la Unesco, a más tardar en diciembre de este año, para lograr los recursos que permitan desarrollar el Plan de Salvaguarda. Sin embargo desde un principio empezaron a aflorar los vetos y las recusaciones sobre quién debía integrar este comité y quién lo dirigía.

Una de las polémicas más ardientes fue el nombramiento de Lola Salcedo como coordinadora de un grupo técnico que debía formular los proyectos para presentarlos al organismo internacional. Al mes Salcedo, quien había sido la directora del grupo que presentó el dossier a la Unesco, renunció. Aduce en su carta: que "desde un principio tuve toda clase de presiones indebidas sobre mi contratación y el objeto de mi contrato".

Al tiempo, en una reunión sostenida entre funcionarios del Ministerio de Cultura, Carnaval S.A., las autoridades locales, gremios y grupos folclóricos, un representante de Carnaval S.A. vetó la participación en el comité de una asociación denominada Unicarnaval, que agrupa 450 grupos folclóricos. El comité es el encargado de dirigir el Plan de Salvaguarda y todos quieren estar en él. El problema es que dentro de las políticas de la Unesco, una de las condiciones consiste en que "cada Estado parte tratará de lograr una participación lo más amplia posible de las comunidades, los grupos y, si procede, los individuos que crean, mantienen y transmiten ese patrimonio, y de asociarlos activamente a la gestión del mismo".

Para Édgar Blanco, de Unicarnaval, hay un recelo de Carnaval S.A. hacia las organizaciones folclóricas; además considera que esa organización ha desentendido la formulación de los proyectos que debe presentar el país a la Unesco. "Lo que ha ocurrido es una muestra de la anarquía y el desorden que hay en el Carnaval. Lo único que queremos es fiscalizar que los recursos que lleguen beneficien a los portadores de la tradición y no se malgasten en cosas innecesarias", dice.

Entre tanto, Marciano Puche, director de la Fundación Mario Santo Domingo y miembro de la junta directiva de Carnaval S.A., reconoce que ha habido discusiones y problemas pero que todo está marchando, y asegura que a más tardar en diciembre los proyectos deben estar en las oficinas de la Unesco en París. Para Puche los asuntos del Carnaval de Barranquilla son muy emotivos, "igual se está trabajando con los grupos folclóricos. Vamos a cumplir, lo que se ha hecho es un proceso de concertación con dificultades".

Todo este enredo aún no es de conocimiento de los representantes de la Unesco, que pueden en cualquier momento pedir cuentas de los avances en los compromisos del gobierno colombiano.

Otras ciudades que fueron honradas con la misma distinción que tuvo el Carnaval ya aceptaron las condiciones de la convención, lo que les permite acceder a recursos de cooperación internacional. Pero en Barranquilla las pugnas internas tienen estancado el plan de salvaguardia y han impedido que la ciudad y los carnavaleros reciban un peso de la cooperación internacional. Lo más grave es que por culpa de las intrigas, los protagonismos y los celos se puede dar al traste con un proceso que podría proyectar internacionalmente una de las más auténticas expresiones artísticas de Colombia.

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