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| 10/8/2011 12:00:00 AM

La finca, la princesa y el 'vals de las maletas'

Un escándalo que sacude a Francia ha encontrado una ramificación inesperada: se investiga si una finca de casi un millón de dólares en Nilo, Cundinamarca, de un íntimo de Nicolas Sarkozy, habría sido financiada con comisiones ilegales de ventas de submarinos a Pakistán.

A miles de kilómetros de París, en el apacible pueblo de recreo de Nilo, Cundinamarca, hay una suntuosa casa de recreo en el condominio El Palmar que está en el centro del huracán del 'Karachigate', un escándalo de asesinatos y comisiones bajo la mesa en una venta de submarinos a Pakistán en 1994, que tiene conmocionada a Francia. La propiedad se llama Cactus; se estima que habría costado 600.000 euros, algo menos de un millón de dólares, y la adquirieron hacia finales de los años noventa, para 'veranear', Thierry Gaubert, miembro del círculo íntimo del presidente Nicolas Sarkozy desde el inicio de su carrera, y su entonces esposa, la princesa Hélène de Yugoslavia, quien hoy le está contando a la Policía parte de los secretos, que tienen aterrados a los galos y a su mandatario colgando de un hilo, a medida que avanzan las investigaciones.

El Palmar es un condominio de solo dos casas. La otra pertenece a un amigo de Gaubert, Jean Philippe Couzi, exesposo de Astrid Betancourt, hermana de Íngrid y amiga de la princesa Hélène. La casa de la princesa y su esposo, conocida en el pueblo como 'el Monasterio' por dos torres que se ven desde lejos, es espléndida para cualquier estándar. Construida en un terreno de unas 40 hectáreas, ocupa casi una manzana, con cinco amplias habitaciones para los dueños y otras dos para sus empleados. Una inmensa piscina en forma de trébol, con conos invertidos en el fondo, es una de las atracciones principales. Había cerca de quince caballos en las caballerizas y vacas, todos marcados con una pequeña corona, y amplios jardines.

Típica inversión realizada en los felices trópicos por franceses con cierto caudal, la propiedad no tendría nada más notable que el revuelo que levantaba la exótica princesa foránea cuando circulaba por Nilo en la caravana de cinco autos, uno de ellos de la embajada francesa, que la llevaban con su marido y sus tres hijos y varias docenas de maletas en diciembre y Semana Santa, para estadías de un mes. Eran tiempos del gobierno de Andrés Pastrana, él mismo y su esposa Nohora Puyana invitados regulares de la princesa. Sin embargo, como lo reveló la revista francesa Le Nouvel Observateur en su última edición, los investigadores franceses le han puesto el ojo a la propiedad, al dueño y a su princesa. Lo que han descubierto tiene al hombre en serios aprietos y ha llevado a su ahora exesposa a ofrecer jugosa información a la Policía. El presidente Sarkozy ve el agua subirle al cuello a medida que, uno tras otro, sus más cercanos asociados, como Gaubert, se van viendo comprometidos en un escándalo que supera la imaginación del más desaforado escritor policiaco.

Una compra multimillonaria de tres submarinos, un misterioso intermediario franco-libanés, él y su amigo presuntamente llevando maletas llenas de euros de Suiza a Francia, producto de comisiones ilegales, una década de sórdidas intrigas de la política francesa, un presidente, una princesa y otra esposa ofendida hablando con la Policía, decenas de millones de euros, un atentado que cobró la vida de 14 franceses en Karachi, la capital de Pakistán, y una finca en Nilo, Cundinamarca, componen esta suerte de telenovela internacional, a la que la "conexión colombiana" ha venido a dar nuevo impulso y que, de confirmarse la investigación judicial, iría más allá de todas las fantasías sobre la corrupción y los siniestros manejos del poder al más alto nivel en el mundo.

La trama

En el otoño de 1994, cuando Édouard Balladur era el primer ministro de François Mitterrand y Nicolas Sarkozy su ministro de Presupuesto, se firmaron tres contratos multimillonarios para vender a Pakistán tres submarinos Agosta y varios navíos de guerra a Arabia Saudita y Taiwán. Solo el de los submarinos valía 5.400 millones de francos (unos 1.100 millones de dólares entonces). El señor Gaubert, protagonista de esta historia, era el jefe de gabinete del ministro Sarkozy, a quien acompañaba desde sus tiempos de alcalde de Neuilly, una rica localidad parisina. Los contratos necesitaban el aval del ministro de Presupuesto, Sarkozy, miembro del círculo íntimo de Balladur, quien estaba empeñado en arrancar a Chirac la nominación para las elecciones presidenciales del año siguiente. El aval incluyó un complejo sistema de comisiones y la selección, a último minuto, por parte del gobierno Balladur, de un intermediario para esos negocios, el franco-libanés Zyad Takiedinne, amigo de Gaubert. Los negocios se hicieron sin contratiempos, con las comisiones legales, mientras estaba en su apogeo una batalla política en la derecha francesa, entre Balladur y Chirac, por hacerse a la nominación para suceder a Mitterrand el año siguiente. Sarkozy y Gaubert se alinearon con su jefe, Balladur, en una apuesta fallida, pues este perdió desastrosamente la nominación y Chirac terminó elegido presidente de Francia.

Nada de la verdadera historia se habría sabido si no fuese porque, casi ocho años después, en mayo de 2002, 14 ingenieros de submarinos franceses y otras cuatro personas perecieron en un atentado en Karachi. La justicia gala abrió una investigación, que continúa hasta hoy y que ha empezado a arrojar hipótesis escabrosas, aún por probarse en juicio, que comprometen a personajes cercanos a Balladur y a Sarkozy.

Numerosos indicios han llevado a las autoridades a creer que, al amparo de las comisiones oficiales que se pagaron a los intermediarios en esos gigantescos contratos de venta de armas y del secreto de seguridad nacional que implica ese tipo de negocio, habría un sofisticado plan para desviar parte de esas comisiones hacia los cofres de la campaña por la nominación presidencial de Balladur. Según información sobre el proceso publicada por Le Nouvel Observateur, el encargado de manejar lo que en Francia denominan las "retrocomisiones", es decir, el desvío ilegal de parte de las comisiones oficiales, habría sido el personaje designado a último minuto por el equipo de Balladur como intermediario, el señor Takiedinne. Aún peor, una de las hipótesis que la justicia francesa investiga -y que ha causado furor entre la gente- es que el atentado en Karachi habría sido producto de una venganza de intermediarios pakistaníes a los que les habrían quitado su comisión.

El 'Karachigate', como se conoce en Francia, ha sacudido a la nación y a diario arroja nuevas revelaciones. El hecho de que haya sospechas de corrupción al más alto nivel en la que estarían involucrados personajes muy cercanos al actual presidente y de que haya franceses asesinados en un atentado en hechos que podrían estar ligados al caso ha convertido esta investigación y el escándalo que la rodea en unos de los más prominentes en la historia reciente del país. Sin embargo, hasta no hace mucho, pocos indicios sólidos apuntaban al más alto nivel.

Dos bombas

Según la investigación de Le Nouvel Observateur, en 1999, Thierry Gaubert entró en problemas con la justicia por un presunto desvío de fondos públicos en la administración de Neuilly y salió de escena, después de años de acompañar a Sarkozy en sus cargos públicos. Fue hacia esa época cuando adquirió, a través de su amigo Jean-Philippe, entonces esposo de Astrid Betancourt, la casa de Nilo. Para administrarla, organizó una sociedad en las Bahamas, que lleva el mismo nombre de la casa, Cactus, al frente de la cual puso a la princesa con su nombre de soltera, Hélène Karageorgevich.

De acuerdo con relatos obtenidos por SEMANA en Nilo, en esos tiempos la pareja venía dos veces al año, en diciembre y Semana Santa, a su finca tropical, ubicada en la zona de La Cucuata, a unos dos kilómetros del pueblo. La apariencia rústica del exterior y los muebles de la casa, de madera, amparaban una vida principesca. Tenían siete empleados fijos, a cada uno de los cuales pagaban entre 600.000 y un millón de pesos al mes, y contrataban otros tantos cuando estaban de visita. Lámparas de hierro forjado, estatuas de monarcas europeos y cuadros de próceres franceses y colombianos adornaban la mansión. Una de las cinco habitaciones alojaba el ajuar de la princesa; en una caja fuerte reposaban sus joyas. Había cerca de 15 caballos, que los dueños usaban para jugar polo y para frecuentes cabalgatas. A menudo había fiestas con decenas de invitados, amenizadas por la papayera de Nilo o músicos de cuerda traídos de Girardot, y cenas elegantes servidas en vajilla francesa, que contaban con la presencia de notables colombianos, del presidente y su esposa para abajo, diplomáticos y encumbrados europeos.

Esos eran los tiempos felices. La pareja se separó en 2006 y emprendió su proceso de divorcio. La última vez que los vieron en la finca fue, a él, hace cerca de un año y medio, cuando vino con su hijo pequeño, y a ella, hace alrededor de un año, en una visita que hizo con dos de sus hijos y un amigo. De nuevo, nada notable habría ocurrido, más allá del divorcio de una pareja rica y conocida. Pero la investigación por los submarinos del 'Karachigate' empezó a arrojar nuevos datos. La Policía indagó sobre la vieja amistad que unía a Gaubert con el intermediario en el negocio con Pakistán, Zyad Takiedinne, un hombre conocido por sus cercanas relaciones con importantes miembros del gobierno francés.

Takiedinne empezó a verse en apuros después de separarse de su esposa, la británica Nicola Johnson, en 2009. Esta, interrogada por la Policía y temiendo verse comprometida en los manejos de su marido, dio información sobre cuentas bancarias en las que él habría ocultado parte de su fortuna a las autoridades impositivas, lo que llevó a incautarle más de 100 millones de euros a comienzos de 2011. Con el papel de Takiedinne en el negocio de los submarinos cada vez más cuestionado (una comisión parlamentaria afirma que recibió 33 millones de euros en comisiones) y sus amistades cercanas bajo la lupa de los jueces de instrucción, las autoridades decidieron allanar, en julio pasado, la casa de Gaubert en París. Lo que encontraron puso la finca de Nilo, en Colombia, en el centro del escándalo e hizo dar un salto al caso: en el computador de Gaubert figuraba un giro de 72.000 euros enviado por Takiedinne, en octubre de 2010, a la sociedad Cactus de Gaubert y su esposa, dueña de la propiedad en Nilo. Gaubert ahora está en el trance de explicar de dónde salió ese dinero y por qué se lo giró el intermediario. Pero lo peor estaba aún por venir.

Hace dos semanas, la Policía interrogó a la princesa Hélène de Yugoslavia. Aterrada por la posibilidad de verse comprometida por dineros oscuros girados a una sociedad a su nombre, reveló que en 1994 y 1995, en plena lucha preelectoral entre Balladur y Chirac, su exmarido y Zyad Takiedinne viajaron repetidamente a Suiza, de donde volvían con maletas repletas de dinero. La prensa francesa bautizó el nuevo escándalo "el vals de las maletas", y las sospechas de que parte de las comisiones oficiales del negocio de los submarinos se habrían desviado para alimentar los esfuerzos de la nominación presidencial de Balladur y su equipo se dispararon. Otro amigo de Sarkozy, Nicolas Bazire, testigo de su boda con Carla Bruni en 2008, fue también llamado a indagatoria.

Con todo esto, el escándalo está cada vez más cerca del presidente Sarkozy, quien empieza a oír pasos de animal grande. Después de que declarase recientemente que nunca tuvo conocimiento de los contratos de los submarinos, han empezado a aflorar documentos que demostrarían lo contrario. Y nadie sabe lo que personajes acorralados como Takiedinne o Gaubert pueden terminar contando a la justicia para tratar de salvarse, tal como hicieron sus exesposas con ellos.

Entre tanto, una fantástica propiedad tropical en Nilo, Cundinamarca, decae lentamente. Ya no se escuchan los pasos de la princesa que la habitó, ni el jolgorio de sus ilustres invitados, ni contempla sus caballos colombianos Thierry Gaubert, el hombre que habría cargado las maletas que tienen conmocionada a Francia.
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