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| 12/5/2015 8:00:00 PM

“La firma abrirá heridas”

El estadounidense John Paul Lederach, experto en mediación y construcción de paz, habló sobre la salud emocional y espiritual de un país que comienza a pasar la página de la violencia.

Semana: ¿La firma de la paz sí empezará a sanar las heridas emocionales que dejó el conflicto?

John Paul Lederach:
No es una medicina que va a curarlo todo. Al revés, lo más probable es que abra más heridas y reabra otras. Eso pasó en Irlanda del Norte. Allí, una vez se firmó el acuerdo el nivel de trauma psicológico en la gente aumentó. Como me dijo un amigo irlandés: conocemos el conflicto, la paz es un enigma.

Semana: ¿Vale la pena imaginarse un país en paz?

J.P.L.:
No hay nada más importante que imaginar y lo más enriquecedor que está pasando en Colombia no son los acuerdos: es la construcción de un imaginario distinto de quiénes son como país. Para mí sería diverso pero respetuoso, capaz de hacer frente a las diferencias sin violencia.

Semana: Se habla mucho de las heridas que deja el conflicto en el cuerpo de las víctimas pero rara vez se menciona el vacío que deja en el alma, ¿por qué?

J.P.L.:
La salud física, la mental y la emocional son necesarias y se complementan entre sí. En un contexto de violencia se le da prioridad a lo físico, que es importante pero no lo único. Se olvida que la violencia afecta las emociones y cuando estas no se tratan repercuten en lo físico, no solo generan más violencia, también afectan la salud. Es un círculo vicioso.

Semana: ¿Qué hacer con el lastre emocional que deja la guerra? ¿Cómo tratarlo?

J.P.L.:
No hay una fórmula única. Los procesos de curación colectiva han demostrado ser más eficientes porque, cuando juntan a varios que han padecido la misma violencia, se genera empatía y el paciente encuentra en las relaciones la clave para avanzar.

Semana: ¿Y las terapias tradicionales?

J.P.L:
Adormecen la capacidad de la víctima de sentir el dolor, no lo alivian. Es como cuando uno va al dentista y le inyectan anestesia. Hay que buscar métodos que no quieran explicar desde la ciencia algo irracional. Los tratamientos con música, arte y animales son muy efectivos.

Semana: ¿Cuándo puede decirse que una víctima ha sanado?

J.P.L.:
El reto es cómo hacerle frente de manera constructiva al hecho violento sabiendo que eso convive con ella; en el cuerpo y en la memoria.

Semana: Muchas víctimas se preguntarán, “¿cómo me saco ese odio?” o “¿cómo no olvido sin odiar?”.

J.P.L.:
El odio no es algo que afecta al otro, es algo que carcome a quien lo siente. La mejor forma de liberarse de él es decidir que no voy a vivir esclavo de lo que el otro me hizo. Es una liberación para uno mismo, para su propia sanación.

Semana: ¿Qué significa el perdón para una víctima?

J.P.L.:
El perdón no se puede forzar y se da para liberarse a uno mismo. Lo llaman el poder del más débil.

Semana: Una persona que mató, descuartizó y violó, ¿cómo hace para sanarse emocionalmente de ese pasado tan atroz que lo persigue?

J.P.L.:
Aceptar que lo que hizo no tiene justificación. Pero al igual que a las víctimas, el hecho violento lo acompañará toda la vida. Lo que sí se puede hacer es transformarse y reencauzar su vida hacia una supervivencia que no dependa de hacerles daño a otros. Ellos también tienen que lograr volver a sentir, a sentirse seres humanos buenos.

Semana: ¿Qué actitudes cotidianas debemos desechar y cuáles emplear más?

J.P.L.:
Los ciudadanos tienen que decidir si son capaces de tener una relación con otros que piensan distinto. Si cada colombiano eligiera una persona con la cual no comparte ni historias, ni perspectivas y tomara con ella café al menos una vez al mes durante el resto de la vida aprendería a vivir en la diferencia. Abrir ese tipo de espacios en la cotidianidad es la tarea.

Semana: ¿Qué tiene que ver la felicidad con la paz?

J.P.L.:
Para mí la felicidad es muy comercial. Yo prefiero el gozo, que es más sencillo y no cuesta tanto. En una familia donde hay amor, una comunidad que es segura, una comida en la mesa, o una escuela dónde estudiar está el gozo. La paz no es más que esos momentos de gozo reproducidos, así sea en una pequeña dosis, en todos los ciudadanos.
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