06 octubre 2007

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La fuerza de la opinión

portadaEstos tres ganadores del Premio Nacional de periodismo Simón Bolívar demuestran que en Colombia está triunfando el periodismo de opinión.

La fuerza de la opinión.

Julio Sánchez Cristo, Juan Gabriel Uribe y Daniel Coronell son los tres grandes ganadores del premio Simón Bolívar este año. Julio, en vida y obra; Juan Gabriel, como mejor periodista del año, y Daniel, como mejor columnista. Los tres, aunque muy distintos en carácter y estilo, tienen un denominador
común: el periodismo de opinión.

En un país donde la vorágine de las noticias no da tregua, donde la televisión está absorta en los realities y las novelas, y en un mundo donde hay un exceso de información, la gente busca una voz que la oriente en medio de la confusión. Los comentarios de Julio en la mañana, para denunciar la construcción de un puerto o para provocar la ira de sus entrevistados, son la comidilla del día en sectores de la clase dirigente. Los mordaces editoriales de Juan Gabriel en El Nuevo Siglo, a pesar de su poca circulación, se han vuelto una referencia obligada para el mundo político. Y las columnas de Daniel Coronell se han convertido en una tribuna fiscalizadora que ha logrado combinar muy bien el rigor de la denuncia con el arte de opinión. Estas tres voces han calado en la opinión colombiana. Amados u odiados, cada uno en sus audiencias, desde las masivas de Julio en la radio hasta la reducida pero influyente elite político-periodística que lee El Nuevo Siglo, generan opinión porque tienen credibilidad.

El mundo según 'Julito'

Es difícil darle el premio vida y obra a una persona que no ha llegado aún a los 50 años. En general se les da a los veteranos que han recorrido todas las etapas, desde cargar ladrillo hasta la dirección de medios importantes al final de sus carreras. Por eso llamó la atención que se le otorgara a Julio Sánchez, quien apenas rebasa los 48. Sin embargo, lo que nadie pone en duda es que si bien Sánchez Cristo no ha tenido mucha vida, sí ha tenido mucha obra.

Julio Sánchez es el hombre que revolucionó el mundo de la radio después de Yamid Amat, que fue el pionero en ese campo. Yamid fue su mentor pero, como sucede algunas veces, el pupilo aprendió tanto, que reemplazó al maestro como número uno de la radio. Otros periodistas en otros medios han tenido en el pasado la posición de Julio. La gracia en el caso de él, es haberlo logrado creando su propio espacio. Arrancando como un experimento en una emisora FM de RCN, se acabó convirtiendo con el tiempo en una de las voces más influyentes del país. Inicialmente era considerado un periodista light con voz de disc jockey y grandes conocimientos de música contemporánea. Hoy no ha perdido ninguna de esas tres características, pero les agregó a estas un periodismo de opinión que es lo que lo ha convertido en un periodista muy poderoso.

'Julito' se ha convertido en el editorial diario para la clase dirigente del país. Sus opiniones están marcando día a día la pauta en los sectores donde se toman las decisiones importantes. Esto es inusual en un medio que tradicionalmente se había ocupado más de informar que de opinar.

Su gran contribución tal vez fue la línea abierta, que le permite a cualquier oyente participar del debate como si estuviera invitado. Lo que antes era una mesa redonda de un grupo de cuatro o cinco periodistas en un estudio, en el mundo de Julio Sánchez se ha convertido en una mesa redonda en el nivel nacional o incluso en el internacional.

Sus detractores alegan que es un hombre apasionado y sensacionalista, e incluso amarillista. Buena parte de su éxito consiste en poner a pelear a la gente. Esto deja muchas veces disgustado al entrevistado, quien considera que le tendieron una emboscada. Sin embargo, a la audiencia parece siempre gustarle. Así como la gente ve peleas de boxeo o riñas de gallos, los mano a manos espontáneos que son rutinarios en La W les gustan a las barras. Y si el enfrentamiento no es entre dos invitados, es generalmente entre La W y el invitado. El equipo de Julio Sánchez, Alberto Casas, Félix de Bedout y Claudia Morales se ha convertido en cierta forma en una especie de ente fiscalizador del país.

Allí se imparte justicia con condenas y absoluciones. Esta escuela periodística no está exenta de arbitrariedad. Por lo general les va mejor a los que son juzgados por Alberto Casas o el propio Julio que los que caen en manos de Félix o de Claudia. Pero lo curioso es que a pesar de que todo, el que es llamado sabe lo que le espera, también sabe que es mejor pasar que negarse.

Esa es la parte seria del programa. Julio la combina con muchas entrevistas en inglés, mucha música contemporánea y buenas dosis de sexo. Y como ingrediente final están las entrevistas con los famosos. A Julio le han hablado personajes como Bill Clinton, Mick Jagger, Arnold Schwarzenegger, Sofía Loren, Mijail Gorbachov, Larry King, Nelson Mandela y Luciano Pavarotti. Muchas veces estos no tienen ni idea ni de con quién hablan ni de qué país se trata. Sin embargo, la combinación de familiaridad y firmeza que oyen al otro lado de la bocina los hace con frecuencia abrirse como si estuvieran con un amigo.

Todos los ingredientes de ese original coctel periodístico han tenido el mismo éxito. Primero en Caracol, cuando era del grupo Santo Domingo, después en RCN de la organización Ardila Lülle, y últimamente en Caracol, ahora que está en manos del grupo español Prisa. Lo que Julio ha demostrado es que a donde va él se va su audiencia y esto lo ha convertido en el periodista mejor pagado del país.

El premio de vida y obra para Julio Sánchez le ha causado tanta felicidad a sus admiradores como indignación a sus detractores. Pero aun estos últimos, en su fuero interno, reconocen que lo merece.

Periodismo de oposición

El premio de Juan Gabriel Uribe va ser recibido con sorpresa porque El Nuevo Siglo y el trabajo de su director son desconocidos para la mayor parte de la opinión pública. El diario mantiene una circulación baja. Y su énfasis en temas políticos lo aleja de las principales preocupaciones de los lectores. Sin embargo, se ha convertido precisamente en un referente obligatorio para el mundo político. Se ha jugado como publicación de 'nicho' para los congresistas, los miembros del gobierno, los analistas y los diplomáticos. Un punto de vista clave para ese círculo pequeño pero trascendental que trata de entender el rumbo de este complejo país. El Nuevo Siglo es más relevante que masivo.

Lo curioso es que la fórmula que Uribe ha aplicado en el periódico contradice todos los supuestos que se aceptan sobre el periodismo en los momentos actuales. No asume una neutralidad política ni pretende ser objetivo. Tiene una línea editorial que no disimula su apego por la ideología conservadora, su simpatía por el partido azul y hasta su lealtad con Andrés Pastrana, en cuyo gobierno Juan Gabriel trabajó como consejero de Paz. Todas las noticias que tienen que ver con el ex presidente van en primera página, abren el periódico y reciben apoyo en el editorial. Y conserva una dosis suficiente de símbolos que recuerdan que esa fue la casa tradicional del laureanismo en el siglo XX.

El Nuevo Siglo se ha jugado por otras líneas que se supone que 'no venden'. Frente al popular gobierno de Álvaro Uribe, ha sido un crítico constante y duro. Un diario de oposición a la vieja usanza. Y lo hace en contra de la moda que prefiere los enfoques ligeros: es mucho más 'ladrilludo' que light. De hecho, hace poco volvió a poner las páginas editoriales en la parte delantera del periódico, en contravía de la corriente mayoritaria, que las ha trasladado hacia atrás. Y le da lugar preferencial al grupo de columnistas, plural, en el que comparten viejos nombres del laureanismo con figuras contemporáneas del periodismo y de la política: Carlos Lleras de la Fuente, Patricia Lara, o Néstor Morales, por ejemplo.

El periódico está hecho a imagen y semejanza de su entusiasta director. Godo y moderno. Analítico y especulativo. Relevante y provocador. Juan Gabriel Uribe no cree que la famosa puerta giratoria -que tanto lío ha causado en su principal competencia, El Tiempo- se deba sellar: él mismo combina en forma abierta el ejercicio simultáneo de la política y del periodismo y no pocos lo ven de ministeriable o congresista en un futuro. Y piensa que, al contrario del dogma predominante, periodismo y política no son el agua y el aceite, sino dos caras de una misma moneda. A pesar de que no tiene circulación, El Nuevo Siglo tiene opinión.

El 'enfant terrible'

Daniel Coronell tiene una posición poco común: ser uno de los periodistas más influyentes del país nadando contra la corriente y diciendo lo contrario de lo que todas las encuestas dicen que la gente cree. En un país uribista, Daniel es la persona que más garrote le ha dado al Presidente y, sin embargo, es uno de los columnistas más leídos del país. Pero no existe un solo uribista fanático ni antidanielista rabioso que no se lo lea.

La fórmula de Daniel consiste en documentar en forma exhaustiva las premisas de cada una de sus columnas. Y de ahí llegar a una conclusión que muchos no consideran justa ni acertada. Sin embargo, casi nadie ha podido rectificarlo porque si bien sus escritos pueden ser tan radicales como los de Antonio Caballero, la investigación previa que hace sobre ellos es del más alto nivel de una unidad de periodismo investigativo.

A pesar de ser un hombre de televisión, Daniel Coronell resultó un gran columnista. Con el mismo espíritu que ha manejado durante más de una década en sus programas de televisión, empezó a escribir su columna primero en El Nuevo Siglo, y desde hace tres años, en SEMANA. En poco tiempo, su página se convirtió en una de las más leídas y en Internet, en un verdadero foro de debate entre quienes lo apoyan y quienes lo atacan.

A Coronell no le gusta tener la visión pausada y de escritorio del analista, sino la sensación polvorienta y ágil del reportero. Y ahí radica el éxito de su columna. Sus escritos no pretenden pontificar en abstracto sobre los grandes temas de la problemática nacional. A él lo que le gusta es poner el dedo en la llaga. Su olfato de periodista y su formación de investigador lo llevan siempre a buscar la chiva, a destapar una olla podrida o a denunciar algún político. En sus dos cuartillas fluyen la denuncia y la opinión.

En estos años ha creado un particular estilo de escritura lleno de ironía, donde ata cabos y en el que generalmente el hilo conductor es un personaje de la vida pública al que cuestiona. La corrupción y la inmoralidad, bien sea de los funcionarios del Estado o de los empresarios privados, son sus temas favoritos. Sus estocadas editoriales son célebres y no se detienen ante la prominencia de los personajes: tanto garrote han llevado el senador Mario Uribe, como el asesor presidencial José Obdulio Gaviria, el cardenal Alfonso López Trujillo, el Fiscal General de la Nación, hasta la Farc y el Polo Democrático.

Desde su columna ha sido un crítico mordaz de Álvaro Uribe. De su estilo de gobierno, de su pasado, de sus amigos y de los políticos que lo rodean. En el Palacio de Nariño Coronell debe ser el as de pica de los periodistas no deseables. Sus reiteradas críticas al gobierno y sus columnas de denuncia son una de las piedras en el zapato del uribismo. Si bien muchos piensan que su obsesión contra el gobierno mina su credibilidad, para otros es la demostración evidente de su valor y su independencia.

Estos tres periodistas son la demostración más palpable de que en un país tan convulsionado como Colombia y en un mundo donde Internet democratizó la información, la prensa, para sobrevivir, tiene que tener carácter y opinión. En pocas palabras, una voz propia.
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