Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/02/21 22:37

Las promesas presidenciales a La Guajira

Santos no es el primer presidente que se compromete a sacar de la pobreza a la población indígena de ese departamento. Hasta el momento ninguno ha cumplido y los wayúu siguen con hambre y sed.

Los indígenas Wayúu, más de la mitad de la población de La Guajira, viven de los tejidos y de levantar chivos. Foto: SIG

En la alta Guajira hay niños de ocho años que no conocen la lluvia. Los pobladores de la ranchería Ishashimana, en Manaure, llevan muy bien las cuentas y responden sin dudar que han pasado ocho años desde la última vez que llovió. Dicen que en otras relativamente cercanas las veces que ha llovido ha sido todo un acontecimiento. Llueve fuerte, con dureza, pero nunca se prolonga por más de quince minutos.

Parece una maldición, pero en Colombia, en pleno siglo XXI, hay personas que sobreviven condenados a vivir sin agua.

Son los indígenas Wayúu, más de la mitad de la población de La Guajira. Viven de los tejidos y de levantar chivos. Sin agua no tienen mucho que cultivar, ni cómo calmar la sed. Sus pies, siempre descalzos, se ven descuartizados por la tierra polvorienta, y así tienen que soportar desérticas temperaturas todo el año, como la que castigaba a la escuela de Ishashimina, el pasado viernes.

Los niños de las rancherías vecinas habían caminado incluso hasta dos horas para ver al presidente de la República, que había anunciado su visita. Amilkar, uno de los que estaba en el aula de los niños de diez años, y que asomaba su cabeza entre los barrotes del salón, se refirió a Juan Manuel Santos como “el que más sale en televisión”.

Los profesores, que no son de planta sino temporales, preparaban a sus alumnos para saludar al presidente. Desde las 8 de la mañana hasta las 11, cuando llegó la comitiva. En los salones de los menores de cinco años había mucho llanto. Dicen que su mayor reto es abrirles el mundo a sus pequeños estudiantes, que parecen estar viviendo cinco siglos atrás.

Para los niños, Santos y la Primera Dama eran personajes de la televisión. Para las mujeres la presencia del presidente era asumida como milagrosa. A esa escuela llevaron regalos y alimentos. La jornada los conduciría a la ranchería Kasiskat, también en jurisdicción de Manaure, donde también repartió regalos y alimentos.

La última parada de Santos en La Guajira fue en la ranchería Porshina, en inmediaciones de Uribia, el municipio más grande del país. El presidente llegó para hacerles el milagro de llevar agua. La única forma de hacerlo es escavando profundos pozos para extraer el liquido vital. El primero del que se sacó agua fue el que Santos inauguró el viernes. Con fuerza abrió la llave y dejó salir agua por unos segundos. Una mujer puso la mano para recoger algunas gotas como si se tratara de monedas de oro. Sorbió el agua y le dijo al presidente “sabe a dulce”.

En Porshina, Santos dijo que la sociedad tiene una “deuda eterna” con la Guajira, desde la época del descubrimiento de América. Se comprometió a ser el presidente de La Guajira, hasta saludó a las autoridades en wayunaiki, el dialecto wayúu, y a ir al departamento cuantas veces fuera necesario.

Para el 2016, dijo Santos, se comprometió a poner en operación 44 carrotanques adicionales para llevar agua. La construcción del sistema de tratamiento de agua potable del pozo Siapana. Con la rehabilitación de 10 sistemas de abastecimiento de agua de las comunidades, Financiación de las obras del acueducto de Paraguachón, Planta para potabilizar el agua en Manaure que entrará en operación en marzo con capacidad para 200.000 litros al día.

Además 105 carrotanques con capacidad de 10 y 5.000 litros. Para los wayúus, que aplaudieron a rabiar los anuncios, la visita de Santos puede ser hasta milagrosa, aunque recuerdan que cada vez que ha ido un presidente a La Guajira la vida sigue igual.

Por lo menos hay promesas concretas, dicen y, de cumplirse, podría ser un milagro. Lo único que no trajo la visita del presidente fue la lluvia.

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