Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1999/03/01 00:00

LA GUERRA DE LAS FECHAS

A pesar de que las Farc lo congelaron hasta abril, el 7 de febrero será un día crucial para el <BR>proceso de paz.

LA GUERRA DE LAS FECHAS

Con la tragedia en el eje cafetero el tema de la paz, que durante más de seis meses había
sido el centro de atención de los colombianos, pasó a segundo plano. Y lo hizo en el momento en que más
noticias tenía que generar. No sólo por la congelación de los diálogos anunciada por las Farc y aceptada por
el gobierno, sino por la proximidad de una fecha que será crucial para el futuro de la paz: el 7 de febrero.
Cuando las Farc decidieron aplazar los diálogos hasta el 20 de abril no lo hicieron de manera caprichosa.
Al igual que en ocasiones anteriores, estaban midiéndole el pulso al gobierno y mandándole un mensaje: ''90
días son 90 días". Si el 20 de enero no se podía hablar de canje ellos estaban dispuestos a darle 90 días al
gobierno para fijar una posición. No importa que esa fecha fuera más allá de los límites fijados para terminar
con la zona de distensión.Lo de los 90 días tiene, a su vez, una razón. Según la interpretación de las Farc
el despeje se debe prolongar como mínimo hasta el 7 de abril porque los diálogos empezaron el 7 de enero
(y así lo dijo claramente Joaquín Gómez el día de la instalación de las mesas). Para el gobierno, en cambio, el
despeje sólo va hasta el 7 de febrero porque la fuerza pública abandonó la zona el 7 de noviembre. La
diferencia estriba en que para las Farc el tiempo de verificación era independiente del plazo fijado para los
diálogos y para el gobierno eran la misma cosa.Es por eso que la fecha del 7 de febrero es tan importante
para el futuro del proceso. Ese día, independientemente de la congelación de los diálogos, el gobierno
tendrá que decidir si continúa con el despeje o vuelve a militarizar la zona. Y tendrá que someterse a todo tipo
de presiones. Si continúa con el despeje tendrá que llenarse de razones para convencer de su decisión no sólo
a los altos mandos militares sino a los opositores del proceso en general, incluyendo a varios congresistas
estadounidenses que temen que el despeje haya servido para incrementar el narcotráfico en la zona.Otra
opción será insistir en la idea de trasladar los diálogos al exterior, caso en el cual el despeje sería innecesario.
Para ello el gobierno podría argumentar que buena parte de los tropiezos que ha tenido el proceso hasta el
momento se han debido a la forma tan abierta como se han producido las conversaciones de paz. Hasta el
momento, sin embargo, las Farc han rechazado esa posibilidad. Y lo han hecho, según muchos analistas, no
sólo porque el despeje les permite consolidar el dominio sobre la zona sino por las indudables ventajas que
tiene para ellos el contar con un territorio tan amplio sin ninguna presencia militar. Si no hay ningún tipo de
acuerdo se podría llegar al peor de los escenarios, que es la suspensión definitiva de los diálogos de paz, aun
antes de que se cumpla el período de congelamiento de las conversaciones impuesto por las Farc. Que
supera, entre otras cosas, la propia fecha fijada por el grupo insurgente para terminar la primera etapa de
conversaciones con el gobierno (el 7 de abril), lo que deja clara, de entrada, su intención de prolongar el
despeje indefinidamente en el tiempo.Lo cierto es que un tema que podría parecer intrascendente en un
proceso que puede prolongarse por un largo número de años, como es el de las fechas fijadas para la primera
etapa de las conversaciones, puede resultar de trascendental importancia. Hasta el punto de que no
resultaría exagerado hablar de una 'guerra' de fechas, de cuyo resultado dependerá en buena parte el futuro
de cualquier negociación. Y el próximo vencimiento es el 7 de febrero.

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