Lunes, 23 de enero de 2017

| 1997/06/23 00:00

LA GUERRA DE LAS PLUMAS

Los columnistas se están dando madera duro y parejo pero los lectores se están cansando.

LA GUERRA DE LAS PLUMAS

"Lagarto", "chismoso", "apestoso", "lambón", "arribista", "maloliente", "mezquino", "racista", "criminal", "venal", "cursi", "facilista", "tramposo", "arrogante", "bufón", "sapo", "invadido de sida mental"... Cualquiera que lea esta horripilante lista de adjetivos pensará que se trata de una selección particular del Diccionario de la Real Academia de la Lengua sobre 'expresiones utilizadas para calificar algunas de las conductas más repudiadas por la sociedad'. Y eso es precisamente. Lo único es que no está contenida en el Diccionario de la Academia, ni hace parte de la enumeración de vocablos con profundo sentido peyorativo presentada por un profesor de español ante sus alumnos extranjeros. Es un recuento de algunos de los adjetivos que en los últimos días han empleado varios de los más leídos columnistas del país para calificarse los unos a los otros en la guerra de plumas más mordaz que se recuerde en los últimos años.En esta guerra, que ha tenido como escenario principal a El Tiempo, El Espectador y Semana, se han dado 'pluma' Antonio Caballero y Plinio Apuleyo Mendoza, Plinio y D'Artagnan, D'Artagnan y Enrique Santos, Enrique Santos y Antonio Caballero, Antonio Panesso y Lorenzo Madrigal (Osuna) y Osuna con D'Artagnan. En algunos casos, como el de D'Artagnan y Enrique Santos, el intercambio de dardos se originó porque a pesar de ser vecinos de página y colegas de periódico la polarización del país entre samperistas y antisamperistas los ha llevado a estar en toldas opuestas. Lo mismo ha sucedido en otros casos, como el de Panesso y Osuna, pero hay episodios en los que el enfrentamiento ha tenido un sabor más personal.El más agrio de ellos comenzó hace dos semanas con una pelea entre Plinio Apuleyo Mendoza y Roberto Posada 'D'Artagnan', quien había destrozado la semana anterior el último libro de Mendoza titulado Cinco días en la isla. Supuestamente éste es lo que los franceses llaman un "roman à clef", es decir una novela en clave supuestamente basada en la vida de Gloria Zea. D'Artagnan calificó de "repugnante" y de "literatura de chulos" la utilización de la vida privada de la gente y de las confidencias basadas en la amistad para la elaboración de novelas sensacionalistas. Esta columna fue objeto de una respuesta por parte de Plinio Apuleyo Mendoza unos días después. En un escrito titulado 'Cuesta abajo' aseguró que comentar un libro sin haberlo leído "es un atropello a la decencia y a la caballerosidad. Pero no le pidamos peras al olmo. Quien, como D'Artagnan se ha acostumbrado a defender lo deshonesto, es ajeno a cualquier consideración ética". Por último Plinio insinuaba que la supuesta defensa de D'Artagnan a Gloria Zea no era más que una fórmula para herir a Fernando Botero por haberse volteado contra el Presidente en el proceso 8.000. Agregó a que lo que D'Artagnan estaba haciendo era "un servicio más a quien gratifica Esta pluma desde el poder con jugosos contratos".Como la vaciada a D'Artagnan no daba para llenar todo el espacio de la columna, Mendoza pasó a otros temas como el de los 80 años de Enrique Santos Castillo, a quien hizo un gran homenaje. A propósito de este elogio al editor del periódico El Tiempo, Plinio se refirió a Antonio Caballero diciendo "debe estremecerse de horror leyendo estas líneas. Se ha pasado la vida pintando en sus caricaturas a un personaje elegante, sentado en una poltrona y con un vaso de whisky en la mano, muy parecido a Enrique Santos o a su hermano Hernando... Curioso el caso de Antonio. No se perdona a sí mismo llevar a cuestas el apellido Holguín. Quizás se sentiría mejor si se llamara Chusacá o Tibocha. Se quedó con las barbas, los bluyines, las ideas y travesuras de sus 20 años, enemigo irreductible de la corbata, de los militares y de los señores que se sientan en los clubes (pero en el fondo, plato suculento para un siquiatra, le horroriza la chusma maloliente y un Castro lo crispa)".Estas puyas le parecieron a muchos lectores relativamente inofensivas, pero no a Caballero, quien contestó con una ferocidad que sorprendió. En una de las retahílas de epítetos más memorables de la historia del periodismo colombiano, después de equiparar a Plinio con D'Artagnan, lo calificó como "mezquino, racista. arribista, criminal, lambón, venal, maloliente, de mal gusto en materia de comida y bebida, lector incompetente y escritor cursi". La andanada de Caballero se volvió comentario obligado la semana pasada. A los enemigos de Plinio, que son muchos, les fascinó. Sin embargo a los observadores neutrales les dejó la impresión de que se le había ido la mano. Caballero siempre ha sido agudo, punzante y frentero pero muy rara vez había llegado a esos extremos de violencia verbal. Plinio Mendoza tomó el episodio a pecho y decidió pasar del campo de las puyas al de las cortes. Piensa denunciar penalmente a Antonio Caballero. Considera que una cosa son los adjetivos irónicos o las exageraciones y otra es ser calificado de "venal" o "criminal".Curiosamente el que sí contestó fue D'Artagnan, quien en la columna de Caballero no era más que una referencia marginal para insultar a Plinio. Imitando el estilo y los giros del propio Caballero se refirió a él como un "bufón de la aristocracia criolla invadido de sida mental" y un "gran lagarto" que sólo viene a Bogotá para que la sociedad se dedique a "mimarlo con un placer un tanto servil, brindándole en sus casas toda suerte de viandas, de copas y de otras cosas, con tal de que después este les escupa". Frente a la escalada que había adquirido el conflicto entre Caballero y Plinio, a estas alturas D'Artagnan parecía un niño metido en una pelea de grandes. Caballero, interrogado por esta revista, manifestó que no tiene ninguna intención de contestarle a D'Artagnan. Sin embargo, en cuanto a Plinio, dice que no se retracta: "Ya me aburrí de que Plinio se la pase tratando de interpretarme como le dé la gana", dijo. En lo referente a la denuncia penal de que va a ser objeto por haber calificado a Plinio de "criminal" y "venal" reconoce que puede haber cometido injuria pero no calumnia, entendiendo por injuria lo que ofende pero es verdad. Caballero justifica la palabra "criminal" aduciendo que Plinio incita a la guerra en sus escritos. El argumento es controvertible pues lo que la izquierda piensa de Plinio piensa la derecha de Caballero.A pesar de que los colombianos son muy dados a aglomerarse donde hay bronca, la de las plumas es una guerra que a pocos les gusta. Aunque todos los protagonistas consideran que están actuando sólo en defensa propia, también están utilizando la artillería de sus plumas para atacar. Los únicos que no tienen armas para defenderse son los pobres lectores, que creen que en materia de duelos entre columnistas la gota rebasó la copa.

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