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| 8/23/1999 12:00:00 AM

LA GUERRA DE RUMPRES

EL SIIO A BOGOTA ES EL RESULTADO MAS DE UNA GUERRA DE TERRORISMO <BR>SICOLOGICO QUE EL EFECTO REAL DE OPERACIONES GUERRILLERAS.

Según los rumores callejeros, un frente guerrillero de las Farc bajará a la Avenida
Circunvalar de Bogotá, montará un retén militar y se llevará a decenas de bogotanos como lo hizo el ELN en
Cali. Desde que el rumor existe es posible transitar por la Circunvalarsin mayor complicación, hay menos
tráfico y los padres de familia recomiendan a sus hijos universitarios tomar la congestionada carrera séptima
y evitar el trayecto de montaña. Lo más curioso es que ninguna de las personas que transita con frecuencia
por ese sector, o que vive en sus alrededores, ha visto un solo guerrillero.Desde hace ya un tiempo largo el
terrorismo sicológico atacó otro blanco: el municipio de Anapoima. Como se trata de un lugar de veraneo de
los capitalinos, se dijo en algún momento que las Farc llevarían a cabo operaciones allí. El pasado fin de
semana el pueblo vivió su momento más dramático, pero no por ataque alguno de la guerrilla sino por el rumor
de que habría una ofensiva subversiva antes de comenzar las negociaciones con el gobierno. No sucedió
nada en todo el fin de semana y Anapoima, al igual que la Circunvalar, no han visto columnas guerrilleras
hasta ahora.Otros sitios cercanos a Bogotá han sufrido iguales traumatismos. La divulgación de un rumor que
resultó ser falso, sobre un incidente en el conocido restaurante de Chía, Andrés Carne de Res, no sólo ha
afectado al restaurante con un descenso en un 60 por ciento en sus ventas sino que ha tenido
consecuencias en otros establecimientos comerciales. Lo cierto es que no existe un informe oficial que
demuestre que las Farc operan en Chía, ni tampoco ha habido secuestros masivos de personas en este
municipio.El colmo del asunto se vivió la semana pasada cuando una autoridad cayó presa del mismo
pánico. En un acto inusitado, la Corporación Autónoma Regional (CAR), por decisión autónoma, cerró la
represa de El Neusa. La razón: un rumor sobre una posible incursión de las Farc. Aunque las autoridades
han confirmado la existencia de bandas de delincuentes comunes en la región, hasta el momento no se
conoce una operación de las Farc en este lugar.Los metodos de EscobarLas causas de este fenómeno son
variadas. El secuestro de feligreses en la iglesia de La María en Cali, en el Club de Pesca en
Barranquilla y de los pasajeros de un avión de Avianca, por parte del ELN, ha sido el motor del pánico. Es por
eso que los secuestros masivos son calificados como actos terroristas: producen pánico generalizado en la
población. Y aunque las Farc han evitado incursionar en las ciudades y llevar a cabo actos de terrorismo
indiscriminado, sus retenes de 'pesca milagrosa' las han igualado al ELN. Pero además han contribuido a
la sensación de zozobra que viven los ciudadanos. Por otra parte existen, a veces, hechos aislados en las
zonas que soportan la preocupación. Un secuestro en una finca determinada hace que toda la región se vea
afectada por la sensación de que la guerrilla opera allí de manera permanente. Y, por último, hay
quienes afirman que detrás de algunos de estos casos podrían esconderse actos de competencia desleal.
Si ello fuere así, la denominación desleal se podría reemplazar por la de criminal.Algo similar ha ocurrido ya
en el caso de los establecimientos bancarios. En muchas ocasiones distintas entidades y corporaciones
han sufrido el efecto de los rumores y en momentos en que el sistema financiero atraviesa una grave crisis,
las consecuencias de un runrún pueden resultar catastróficas. Hace poco, un rumor, difundido por
Internet, afectó durante dos días de manera notable a Davivienda, la más sólida de las Corporaciones de
Ahorro y Vivienda. Sin embargo en ese caso las autoridades salieron al paso y lo desmintieron. A su vez, la
extraordinaria solidez de la entidad permitió sobrevivir a una crisis que, quizás, se habría llevado por
delante a un buen número de entidades más pequeñas.Atrapados con salidaPero a diferencia de las
autoridades económicas, en los temas de orden público no se ha hecho lo propio. Frente a rumores
específicos, no ha habido una sola autoridad civil o de policía que los desmienta o le haga frente al
terrorismo sicológico. En parte, es cierto, porque no es fácil hacerlo en un país en guerra donde cualquier
afirmación puede resultar desmentida tiempo después al convertirse en un reto para alguna agrupación
guerrillera. Pero tampoco lo hacen porque no consideran que sea su obligación.En algunas ocasiones las
autoridades han contribuido incluso al efecto terrorista. En una rueda de prensa, tras el combate librado
por el Ejército en Gutiérrez, Cundinamarca, el general Jorge Enrique Mora, comandante del Ejército, dijo que
los soldados habían sacrificado sus vidas para evitar "una toma de Bogotá".Para cualquiera que conozca la
zona es evidente que una columna guerrillera en Gutiérrez tiene muy pocas posibilidades de marchar sobre
la capital de la República. Pero el daño quedó hecho. Los cables internacionales llevaron la noticia al
mundo y las aerolíneas han visto fuertes cancelaciones de reservas por parte de viajeros internacionales a
Bogotá.Hay que decir, sin embargo, que todo lo anunciado podría ocurrir: por eso el rumor es tan eficaz,
porque contiene un sustento de probabilidad real. De la misma manera como sucedió durante la guerra
contra el cartel de Medellín, cuando Pablo Escobar ordenaba volar centros comerciales, el terrorismo
ataca en cualquier lugar y en cualquier momento. Pero su mayor triunfo es que afecta la vida normal de los
ciudadanos corrientes y alimenta la percepción de una mayor fuerza por parte de los delincuentes.Si no fuera
porque el terrorismo produce el efecto contrario a lo que busca la guerra de guerrillas, como lo es el apoyo
masivo de los ciudadanos a una causa armada, sería un perfecto escenario para la subversión. A punta de
rumores, y a ciegas porque las autoridades no aportan luces sobre el asunto, los ciudadanos de la capital
sufren un sitio para el cual ni las Farc ni el ELN han tenido que usar un solo guerrillero.
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