Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2008/03/29 00:00

La guerra de los lápices

Pandillas con jóvenes estudiantes de estratos altos que se disputan territorios? al estilo de la mafia aterran a Cali.

La guerra de los lápices

Laura tiene 17 años, no ha terminado el bachillerato y ya es líder de una banda llamada Malebranches, que significa 'Lugar de los Demonios'. Con ella, otros 30 adolescentes gastan el tiempo entre largas jornadas de ocio y eternas rumbas electrónicas. Laura creó la pandilla hace unos meses, cuando Diana -otra chica también de estrato alto, que sale con su ex novio- la amenazó. Ella integra otra banda, Las Puppies, hermandad que se hizo famosa por su talante beligerante y camorrero. "La verdad, estamos en el grupo por seguridad y además, esto se convirtió en una moda, una manera fácil de lograr reconocimiento y respeto", argumentó la joven a SEMANA.

En efecto, a la sombra de la vida nocturna de Cali -la 'Sucursal del Cielo'-, se engendró un peligroso juego de adolescentes que tiene la ciudad dividida en feudos similares al de la cultura mafiosa; es decir, aplican justicia por su cuenta. Aunque dichos grupos son integrados por jóvenes de todas las condiciones sociales, se destacan los de estratos altos, cuyas edades oscilan entre 14 y 18 años. Su accionar ya trajo como resultado actos vandálicos e incluso muertos. Así ocurrió en el segundo semestre de 2007, cuando dos hermandades coincidieron en la discoteca Gioko y una chiva rumbera; el encuentro desató riñas que dejaron como saldo un muerto y dos heridos, entre ellos un policía. Ni hablar de la última gresca de ese mismo año; sucedió a la salida del concierto de Daddy Yankee, a comienzos de diciembre; allí por fortuna no hubo víctimas fatales, pero sí decenas de lesionados y dos bandos que se detestan a muerte.

El hecho bochornoso más reciente ocurrió en enero, en El Limonar, un lujoso barrio al sur de Cali, donde las autoridades debieron intervenir para evitar una pelea entre dos pandillas cuyos miembros estaban armados con bates de béisbol, navajas, cuchillos y hasta pistolas. Al final la Policía retuvo a 150 menores. "Basta una pequeña ofensa hacia algún miembro del grupo, para hacernos respetar peleando. La idea es no mostrar debilidad y cuidar nuestro territorio", confesó a SEMANA uno de los menores involucrados en la gresca.

Hace dos años los choques se presentaban a la salida de colegios o en respetables clubes sociales, ahora evolucionaron como pandillas que expanden su huella por toda la ciudad y visitan bares y discotecas a las que entran con contraseñas de cédulas falsas. Por esa causa, la Policía cerró 1.026 establecimientos públicos nocturnos el año pasado. Al respecto, empresarios de la vida nocturna que organizan rumbas electrónicas aceptan que tras esas bandas pueden existir mercaderes de drogas sintéticas, "su público son muchachos influenciables, adinerados, con sed de aventura y que fácilmente caen en sus redes", explicó un disc jockey que pidió reserva de su nombre.

El fenómeno es de tal magnitud, que hoy se calcula un centenar de pandillas como La Brigada, Los Amalios, La Nueva Amenaza, Los Kpos, La Firma, Alianza y La Cúpula, entre otros. Visten jean y camiseta, se movilizan en lujosas camionetas o automóviles y ya cuentan con líderes visibles por su popularidad y don de mando. Todo ese poder y esa fama se trasladaron a Internet, donde elaboran páginas virtuales diseñadas con lenguaje mafioso que estimula la violencia. A través de ellas publican fotos exhibiendo armas, ofrecen drogas, enganchan adeptos, declaran sitios vedados, censuran amigos y convocan peleas como las de El Limonar.

Esas pandillas tienen la ciudad dividida en dos grandes zonas: Los Gomelos del Sur y La Amenaza del Norte. Esas hermandades acostumbran pactar citas en puntos clave como el centro comercial Chipichape, al norte, y el exclusivo sector de Palmeto, en el sur, para saldar deudas pendientes a punta de patadas, puños, batazos y en el peor de los casos con puñales, machetes y armas de fuego. Las reglas del enfrentamiento son claras; no existen.

Los 'parches' juveniles se degradaron al punto de cometer actos delictivos como hurtos y homicidios. Prueba de ello es que actualmente la Unidad de Infancia y Adolescencia de la Fiscalía investiga a miembros de la pandilla Los Amalios, al parecer involucrados en el crimen de un adolescente.

Carlos Rojas, quien hasta diciembre pasado era el Consejero de Paz de la Alcaldía, reveló que sólo durante 2007 se presentaron 22 incidentes en el norte de Cali, con grupos integrados por jóvenes de estratos altos. "El análisis que hacemos a este fenómeno es que aún se mantiene en el imaginario de los adolescentes la forma como los traquetos resuelven sus problemas", dijo a SEMANA tras aclarar que pese a ello no se pueden catalogar como pandillas.

Otro hecho que sorprende a las propias autoridades caleñas es que en algunos casos esos grupos juveniles cuentan con armas de fuego que adquieren en el mercado negro de la ciudad. De allí que el año pasado la Policía Metropolitana retuvo a 275 menores con revólveres y pistolas. Como si fuera poco, ese mismo año capturaron por homicidio a 51 adolescentes.

Lo preocupante de toda esa situación es que mientras las autoridades identifican un problema aún invisible para las estadísticas, miles de jóvenes de todos los estratos caleños, en especial los altos, se pelean la ciudad y viven una realidad que enfrentan como mafiosos. En el día, son simples estudiantes con lápices, y en las noches, violentos pandilleros con armas.

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