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| 8/21/2013 12:00:00 AM

La guerra de la leche y la papa que paraliza a Boyacá

Campesinos de la región mantienen una tensa situación de orden público en las vías que conducen a Bogotá.

El tercer día del paro nacional tuvo un escenario indiscutible: Boyacá. Los manifestantes del departamento, una región relativamente cercana de Bogotá, han dejado sentir todo el peso de su protesta en las últimas horas y han logrado bloquear varias veces las vías que son necesarias para el tránsito de productos y pasajeros hacia la capital de la República.

Quienes protestan son principalmente papicultores y ganaderos dedicados al negocio de la leche, que han sentido los rigores de los altos precios de los insumos y del bajo precio que se paga por sus productos, por lo que lo que su enojo lo justifican con el argumento de que trabajan a pérdida.

Si bien la Policía logró en la noche del miércoles despejar las vías en el norte del departamento de Cundinamarca (hubo duras escaramuzas en Ubaté, Chocontá y Villapinzón), las cosas en territorio boyancense parecen ser a otro precio: la situación en el municipio de Ventaquemada y el sector de Tierra Negra ha llegado a ser crítica.

En esa zona se asientan la mayoría de pequeños cultivadores y lecheros que son los que más se han visto afectados con factores económicos tan disímiles como el precio de la gasolina, de los fertilizantes, de las políticas agrarias y hasta de los tratados de libre comercio, que -según dicen- ya les hacen la situación insostenible.

Allí la Policía ha tratado de desbloquear los puntos críticos de las vías y por momentos han logrado recobrar la movilidad, pero el movimiento campesino retorna al ataque y vuelve e incomunica la región. Pesados troncos, llantas quemadas y una estela de rocas de considerable tamaño son ahora el paisaje, que antes pertenecía a carros, autobuses y camiones, todo facilitado por los tramos de la vía Bogotá-Tunja cuya doble calzada no ha sido entregada tras más de una década de obra.


Autobuses de servicio público fueron víctimas de la furia de los manifestantes. Daniel Reina / SEMANA

Son precisamente los vehículos los que más se han visto afectados, no solo porque no han podido transitar –con el consecuente perjuicio económico-, sino porque también han sido víctimas del vandalismo. Decenas de buses han sido atacados esta semana con piedras, así como automóviles, cuyos cristales destrozados y llantas desinfladas dan testimonio de la rudeza de las protestas.

Pero las cosas tomaron otro cariz este miércoles con la quema de un camión y una tractomula en límites entre Cundinamarca y Boyacá. Tal es la situación que da para pensar que los líderes de las manifestaciones han perdido el control de la situación, lo que ha abierto las puertas a una situación casi que anárquica, que ha resultado en una mano más dura por parte de las autoridades.

Semana.com pudo comprobar que algunos miembros del Esmad dejaron su labor de desbloqueo de las vías para entrar en las casas de los campesinos. En ciertas ocasiones, se evidenció como un agente de este grupo antimotines golpeaba a un hombre, a su esposa y a una anciana, cosa que ocurrió en la vereda Montoya, de Ventaquemada.

El personero de este último municipio, Antonio Ruiz, aseguró para Semana.com que desde el inicio del paro agrario ha recibido alrededor de 50 denuncias sobre las agresiones de la Policía a los campesinos. Los manifestantes han anunciado que tienen suficientes alimentos para aguantar por tiempo indefinido la protesta y afirman que en Bogotá no pueden decir lo mismo. ¿Lograrán los bloqueos sitiar a la capital?


Manifestantes bloquearon intermitentemente la vía que comunica a Tunja con Bogotá. Daniel Reina / SEMANA





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